Bill Ackman tiene una buena opinión de México. Lo que no tiene, al menos por ahora, es intención de buscar dónde invertir aquí. Durante una conversación en el Simposio Global de Inversionistas del Milken Institute, el fundador y CEO de Pershing Square Capital Management se dijo muy optimista sobre Estados Unidos y añadió que “México viene en el paquete”, arrastrado por el gasto en infraestructura y energía que exige la inteligencia artificial.
Sobre la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), Ackman fue todavía más generoso: “Creo que el mercado accionario mexicano está muy barato. Probablemente hay algunas joyas interesantes”. Incluso reveló que un día antes de su participación en el foro escuchó la propuesta de “una situación especial muy interesante en México” que su equipo revisará con detalle.
Pero la frase que mejor describe su relación con el mercado mexicano llegó después: “Como resultado, no dedicamos mucho tiempo a buscar aquí”. La explicación que dio detalla la escala de Pershing Square que, de acuerdo con el multimillonario inversionista, sigue una estrategia de pocas posiciones concentradas y suele colocar entre u$s 2,000 y 3,000 millones por empresa, un monto difícil de desplegar fuera de EU “por la liquidez”. A eso sumó un factor estructural: muchas de las grandes emisoras mexicanas están controladas por familias, lo que reduce el flotante disponible.
El contraste entre lo que Ackman declara y lo que hace con su dinero no es una contradicción personal, sino el retrato de un problema crónico de la BMV. El mercado es barato en buena medida por las mismas razones que lo vuelven inaccesible para un fondo de su tamaño: poca liquidez, flotante reducido y control familiar, dice Ackman. Los grandes inversionistas elogian la valuación y se quedan en la orilla. La “situación especial” que escuchó la víspera es, por ahora, la única ventana abierta, y sigue siendo solo eso: una propuesta en revisión.
Ackman, poseedor de una fortuna calculada en u$s 7,000 millones, fundó Pershing Square Capital Management en 2003 y el fondo empezó a operar en 2004. Desde entonces se volvió una de las firmas activistas más conocidas de Wall Street. Al cierre de 2025 administraba unos u$s 30,700 millones, de los cuales 20,700 millones comisiones, casi todos en vehículos de capital permanente.
La filosofía de Pershing, que Ackman compara cada vez más con la de Berkshire Hathaway, se basa en pocas apuestas grandes y de largo plazo en empresas de alta calidad, en las que con frecuencia busca influir desde el consejo; es decir, poco que hacer en empresas públicas mexicanas y menos en las controladas, como dice, por family offices. En su reporte de portafolio más reciente, al 30 de junio, muestra a Uber como su mayor posición, junto a nombres como Brookfield, Amazon, Microsoft, Meta y Restaurant Brands International, dueña de Burger King, Tim Hortons, and Popeyes, con bastante presencia en México. En el segundo trimestre sumó Netflix, Visa, Mastercard y S&P Global, recortó Amazon y salió de Alphabet.
La IA no es Pets.com
Para Ackman, la oportunidad más grande del momento es la caída en el costo de la IA. “Es el activo más valioso del mundo y se va a democratizar”, dijo, con efectos en productividad, emprendimiento y crecimiento para los países que forman parte de esa revolución. La infraestructura y la energía asociadas, agregó, serán grandes impulsores económicos.
También describió una competencia por financiamiento de escala soberana: según Ackman, si SpaceX cumple los objetivos de gigawatts en centros de datos que Elon Musk planteó en su más reciente llamada de resultados, podría necesitar pedir prestado hasta un billón de dólares. “Hay mucha demanda de capital y una oferta finita”, advirtió.
A quienes ven un paralelo con la burbuja punto-com, les respondió que la diferencia está en la viabilidad del negocio. Puso como ejemplo a Anthropic, que describió como una empresa rentable que crece al ritmo más rápido que ha visto a esa escala, y mencionó a Databricks y Cognition entre las compañías que pueden justificar su valuación. “Eso es distinto de Pets.com, que no tenía un modelo viable”.
Ganadores: Microsoft, Amazon… y Uber
Ackman considera que la IA fortalecerá a los grandes proveedores de nube. Citó el prospecto de Anthropic, que recomendó leer, para señalar que cerca de la mitad de sus ingresos llega a través de Microsoft, Amazon y otros hiperescaladores, que funcionan como la puerta de entrada de los laboratorios de frontera a las grandes corporaciones.
El caso más presente para Ackman es Uber, una de las posiciones de Pershing Square. Según sus cifras, la empresa crecerá sus utilidades alrededor de 35% el próximo año y 25% anual en los siguientes cinco, pero cotiza a unas 16 veces utilidades. El descuento, explicó, responde al temor de que el Cybercab de Tesla domine el mercado de vehículos autónomos.
Pero Ackman no lo ve así. Su apuesta es un mercado con una docena de empresas de conducción autónoma, en el que el consumidor elegirá el traslado más barato y rápido, y en el que Uber se beneficiará de un transporte de menor costo. “Hoy cada empresa es, en efecto, una empresa de IA”, dijo.
Herbalife: la peor apuesta
La estrategia concentrada tiene un costo: cuando un inversionista se equivoca, lo hace en público. Ackman lo admitió al hablar de su peor inversión, una posición en corto contra lo que llamó “un esquema piramidal global”, sin mencionar su nombre. La referencia es a Herbalife, contra la que apostó de 2012 a 2018 en una de las batallas más mediáticas de Wall Street.
El golpe, recordó, llegó cuando Carl Icahn compró una participación que Ackman situó en 30% de la empresa “solo para desquitarse” por un viejo conflicto entre ambos. El episodio quedó registrado en el documental Betting on Zero. Aun así, Ackman sostuvo que la prensa exagera sus tropiezos: “Siempre dicen que Bill tuvo tres éxitos y tres fracasos, pero hemos estado como 90% del lado bueno”.