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La siguiente frontera de la inteligencia artificial (IA) para las empresas no necesariamente está en las oficinas. Para Luis Larrea, director de ingeniería de soluciones de Samsara, está en las calles, las cabinas de los vehículos, los patios y los talleres: en el punto donde ocurren las operaciones físicas y donde una decisión puede significar evitar un accidente, reducir un robo o mejorar la productividad de una flota.

La compañía tecnológica, especializada en digitalizar operaciones de transporte, logística y trabajo en campo, está llevando su plataforma de operaciones conectadas hacia una nueva etapa en la que la IA no sólo identifica lo que está ocurriendo, sino que recomienda qué hacer e incluso puede ejecutar acciones de manera automática.

El futuro va hacia allá, hacia una vez que ya vimos, entendimos y sabemos qué es lo más crítico, cómo automatizo en primera instancia y después cómo anticipo”, explica Larrea, en entrevista con El Cronista, en el marco del evento Operaciones Inteligentes organizado por Samsara.

Luis Larrea, director de ingeniería de soluciones de Samsara en su presentación en el evento Operaciones Inteligentes en Ciudad de México | Cortesía
Luis Larrea, director de ingeniería de soluciones de Samsara en su presentación en el evento Operaciones Inteligentes en Ciudad de México | Cortesía

El cambio es relevante para una industria que mueve mercancías, personas y equipos en el mundo físico. Samsara procesa actualmente más de 25 billones de puntos de datos, ha digitalizado más de 340 millones de flujos de trabajo y, de acuerdo con sus estimaciones internas para su año fiscal 2026, la tecnología contribuyó a evitar más de 380,000 accidentes y a recorrer más de 100,000 millones de millas de manera más segura.

La escala también explica por qué los datos se han convertido en uno de los activos centrales de la compañía. Samsara cerró su primer trimestre fiscal de 2027 con ingresos de u$s 479 millones de dólares, un crecimiento anual de 31%, y un ARR cercano a los u$s 2,000 millones de dólares, 30% más que un año antes.

México como laboratorio de innovación

Uno de los elementos menos visibles de la estrategia de Samsara en México es que el país no sólo representa un mercado para sus soluciones: también se ha convertido en un espacio de desarrollo de productos.

La compañía cuenta con más de 600 empleados en México y, según Larrea, ha desarrollado soluciones específicas para las necesidades locales, entre ellas sistemas para monitoreo del motor, botón de pánico y detección de somnolencia.

El caso más ilustrativo es el Centro de Incidentes, una solución de seguridad patrimonial que nació a partir de una petición de clientes mexicanos.

La plataforma originalmente contaba con un “buzón de seguridad” para concentrar eventos relacionados con seguridad vial, distracciones o uso del teléfono móvil. Empresas mexicanas plantearon utilizar una lógica similar para incidentes de seguridad patrimonial.

Samsara trabajó entonces con entre 12 y 15 clientes, entre ellos Zonte, Trayecto y Estafeta Express, de acuerdo con Larrea, para identificar las alertas que realmente necesitaban en sus operaciones y convertirlas en una solución.

El resultado es una herramienta que puede detectar eventos como una interferencia de señal y, a partir de ello, disparar una inmovilización del vehículo o enviar comunicaciones a la cabina sin interacción humana.

Con esto lo que buscamos es darles visibilidad de dónde está el riesgo en cuanto a seguridad patrimonial, pero también permitirles actuar”, explica Larrea.

La innovación desarrollada en México ya comienza a cruzar fronteras. Larrea señala que algunas capacidades del Centro de Incidentes se utilizan en Estados Unidos y que la solución se implementará en Europa, particularmente para procesos como inspecciones visuales de vehículos.

Es decir, México está funcionando como un laboratorio para resolver problemas específicos de las operaciones locales que posteriormente pueden convertirse en productos para otros mercados.

El activo detrás de la IA: datos del mundo físico

El modelo de Samsara tiene una diferencia frente a muchas aplicaciones de inteligencia artificial: sus datos no provienen principalmente de internet o de documentos digitales, sino de lo que ocurre en vehículos, maquinaria y operaciones.

Ese volumen alimenta los modelos de IA y genera un efecto de red: mientras más operaciones y activos están conectados, mayor es la cantidad de información disponible para mejorar los modelos, siempre bajo procesos de anonimización, explica Larrea.

“Nuestros modelos se alimentan de esa información, de esos videos, la interpreta, va aprendiendo y ese modelo se va actualizando para todos los clientes, con toda la información anonimizada”, señala.

De copiloto a agente que actúa

La siguiente etapa que identifica Samsara es el uso de agentes de IA capaces de ejecutar flujos de trabajo.

Larrea asegura que inicialmente existía cierto escepticismo entre los clientes, pero que el interés ha aumentado conforme las empresas observan qué pueden hacer con los datos que ya generan sus operaciones.

Hemos visto un incremento bastante significativo y no esperamos que eso deje de crecer”, afirma.

En México, la compañía reporta un crecimiento anual de más de doble dígito porcentual en nuevos clientes y ventas, mientras que el propio evento de clientes de Samsara, Operaciones Inteligentes, ha crecido más del doble en tres años, según Larrea.

El potencial no se limita al transporte de carga. Samsara trabaja también con transporte de pasajeros, servicios de campo, construcción y maquinaria pesada, y puede atender desde flotas de cinco o seis vehículos hasta operaciones de 5,000 o 6,000 unidades.

En México, además, la compañía asegura trabajar con 11 de los 20 principales transportistas del país.

La apuesta, en última instancia, es que la IA deje de ser una herramienta que simplemente informa a los responsables de una operación y se convierta en una capa capaz de intervenir en ella.

Para Samsara, la innovación ya no consiste únicamente en conectar vehículos y activos a la nube. El siguiente negocio está en utilizar los datos que generan para anticipar riesgos, prescribir acciones y automatizar decisiones en el mundo físico, un terreno en el que la compañía busca convertir la información de millones de operaciones en una ventaja tecnológica cada vez más difícil de replicar.