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Debajo de la Plaza del Muro Occidental, en uno de los puntos más sensibles y simbólicos de Jerusalén, arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel, IAA, por sus siglas en inglés, realizaron un hallazgo que vuelve a conectar el presente con los últimos días del período del Segundo Templo.

Se trata de una mikve o baño ritual judío de purificación, excavada directamente en la roca, sellada desde el año 70 d. C., y conservada bajo una capa de destrucción que contiene cenizas quemadas, testimonio material de la caída del Templo de Jerusalén.

Jerusalén, una ciudad organizada en torno a la pureza ritual.Yoli Schwartz, Emil Aladjem, IAA

El descubrimiento, difundido oficialmente por la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Fundación del Patrimonio del Muro Occidental, refuerza la dimensión espiritual, histórica y cotidiana de una ciudad que, hace dos mil años, vivía marcada por las leyes de pureza ritual.

Un baño ritual sellado desde la destrucción del Templo

La mikve descubierta presenta una estructura rectangular, excavada en la roca madre y revestida con enlucido. Mide 3,05 metros de largo, 1,35 de ancho y 1,85 de alto, y cuenta con cuatro escalones tallados en su lado sur que conducen al interior del baño ritual.

El sitio fue hallado intacto, cubierto por una capa arqueológica datada en el año 70 d. C., en cuyo interior aparecieron numerosos recipientes de cerámica y vasijas de piedra, elementos característicos de la población judía que habitaba Jerusalén en vísperas de la destrucción romana.

Jerusalén, una ciudad organizada en torno a la pureza ritual.IAA
  • Cenizas quemadas que atestiguan la destrucción del Segundo Templo
  • Vasijas de piedra usadas por razones de pureza ritual
  • Cerámica doméstica del período del Segundo Templo
  • Ubicación estratégica cerca del acceso principal al Templo
  • Jerusalén, una ciudad organizada en torno a la pureza ritual

“Jerusalén debería ser recordada como una ciudad-templo”, explica Ari Levy, director de excavaciones de la Autoridad de Antigüedades de Israel. “Muchos aspectos de la vida cotidiana se adaptaron a esta realidad, lo que se refleja especialmente en la meticulosa observancia de las leyes de impureza y pureza rituales”.

Levy subraya que la presencia de mikvaot y vasijas de piedra no era casual: “Las razones para usar vasijas de piedra son halájicas, ya que la piedra, a diferencia de la cerámica o el metal, no contrae impureza ritual. Por eso podían reutilizarse durante largos períodos”.

El sitio se encuentra a pocos metros de lo que fue el acceso principal al Templo hace dos milenios: el Gran Puente al norte y el Arco de Robinson al sur, una zona donde otros hallazgos similares confirman la intensa actividad religiosa vinculada a la purificación.

Se trata de una mikve —baño ritual judío de purificación— excavada directamente en la roca, sellada desde el año 70 d. C.,Emil Aladjem
Cerámica doméstica del período del Segundo Templo.Emil Aladjem, Ari Levy, IAA

De la destrucción a la renovación: un símbolo que atraviesa el tiempo

Para el ministro de Patrimonio, el rabino Amichai Eliyahu, el hallazgo tiene un profundo significado espiritual e histórico. “Este descubrimiento refuerza nuestra comprensión de la profunda interrelación entre la vida religiosa y la vida cotidiana en Jerusalén durante la época del Templo”, afirmó.

El funcionario agregó que el hallazgo, realizado poco antes del ayuno del 10 de Tevet, “subraya la importancia de continuar las excavaciones arqueológicas y nuestra obligación de preservar esta memoria histórica para las generaciones futuras”.

Jerusalén, una ciudad organizada en torno a la pureza ritual.Emil Aladjem
El sitio fue hallado intacto, cubierto por una capa arqueológica datada en el año 70 d. C.,Emil Aladjem

En la misma línea, Mordechai (Suli) Eliav, director de la Fundación del Patrimonio del Muro Occidental, sostuvo: “El descubrimiento de un baño ritual con cenizas de la destrucción en su base da testimonio, como mil testigos, de la capacidad del pueblo de Israel para pasar de la impureza a la pureza, de la destrucción a la renovación”.

Un baño excavado en la roca, sellado por el fuego de la historia, vuelve hoy a emerger como un portal intacto hacia la Jerusalén de hace 2000 años, donde la fe no era solo creencia, sino parte inseparable de la vida cotidiana.