

Luego de las fuertes restricciones para el desarrollo militar que recibió Alemania tanto después de la Primera como la Segunda Guerra Mundial, hoy, Alemania se está rearmando a una velocidad sin precedentes. Todo esto en el marco de fuertes tensiones bélicas en todo el mundo.
Bajo el liderazgo del actual canciller Friedrich Merz, el país ha dejado atrás la era de la dependencia estratégica. La ruptura con Washington y la agresividad de Rusia han forzado a Berlín a tomar una decisión que hace apenas unos años parecía imposible: transformar su ejército en el más fuerte del continente europeo.
El fin de la “paz eterna” y la ruptura con Washington
Durante décadas, Alemania abrazó su falta de poder militar como un símbolo de expiación por el Tercer Reich. Sin embargo, la confianza en el “orden estadounidense” se ha desplomado. Las recientes tensiones con la administración en Washington y la incertidumbre sobre el compromiso de EE.UU. con la OTAN han dejado a los funcionarios alemanes en un estado de alerta máxima.
El Teniente General Christian Freuding, actual jefe del ejército, refleja esta preocupación. Según Freuding, la comunicación con sus homólogos estadounidenses, que antes era constante, se ha visto severamente afectada por los giros políticos en Norteamérica. “No solo tienes a un enemigo golpeando a la puerta (Rusia), sino que estás en proceso de perder a un verdadero aliado y amigo”, sentenció.

Esta realidad ha impulsado una inversión histórica. Alemania planea destinar más de 460,000 millones de euros (aproximadamente 538,000 millones de dólares) al Bundeswehr en los próximos cuatro años. El objetivo es claro: alcanzar la autonomía estratégica y garantizar que Europa pueda defenderse por sí misma ante un eventual ataque de Vladimir Putin.
Estas serán las armas de la próxima guerra mundial
El rearme no solo se trata de números, sino de tecnología de punta. En el corazón de Berlín, start-ups de defensa están revolucionando el campo de batalla con drones suicidas guiados por inteligencia artificial. Uno de los protagonistas es el dron Virtus, capaz de identificar objetivos de forma autónoma y destruir activos enemigos con una fracción del costo de un tanque convencional.
Además de la producción nacional, Alemania ha dado pasos históricos en sus alianzas internacionales:
- Arrow 3: Berlín ha concretado con Israel el mayor acuerdo de defensa en la historia del estado judío para adquirir este sistema de defensa antimisiles.
- Producción Masiva: Fábricas en ciudades como Görlitz, que antes producían vagones de tren, están siendo convertidas para ensamblar blindados Leopard 2 y vehículos Puma.
- Despliegue Internacional: Por primera vez desde 1945, Alemania establecerá una presencia militar permanente fuera de sus fronteras, específicamente la Panzerbrigade 45 en Lituania, para blindar el flanco este de la OTAN.

Este giro de 180 grados no está exento de tensiones sociales. Mientras el gobierno busca reclutar a 260,000 soldados para cumplir con los estándares internacionales, se enfrenta a una generación que creció en la paz y que ve al ejército con escepticismo.
Por otro lado, el ascenso de fuerzas políticas extremas como la Alternativa para Alemania (AfD) genera temores sobre el uso futuro de este nuevo poder militar. En el este del país, el sentimiento prorruso y el pacifismo radical chocan con la política de Berlín. Las consignas de “¡NUNCA MÁS LA GUERRA!” vuelven a aparecer en los muros de las fábricas de armamento, recordando que el trauma de la historia alemana sigue vivo.
La pregunta que queda en el aire, mientras los tanques vuelven a salir de las líneas de producción, es si Alemania podrá manejar su nuevo poder sin despertar los demonios del siglo pasado. Por ahora, la prioridad es la supervivencia en un mundo donde las reglas de la diplomacia han sido reemplazadas por la fuerza del acero.













