El correo electrónico filtrado que sacudió a Londres no fue un giro diplomático formal, pero bastó para revelar algo que Buenos Aires lleva décadas esperando: que Washington podría, algún día, abandonar su neutralidad en la disputa por la soberanía de las islas Malvinas.

El secretario de Estado, Marco Rubio, se apuró a bajarle el tono al asunto, calificándolo de “solo un correo electrónico” ante el diario británico The Telegraph.

“Solo era un correo electrónico. La gente se está emocionando demasiado por un simple correo electrónico. Era solo un correo electrónico con algunas ideas”, declaró el secretario de Estado, antes de la visita del rey.

Sin embargo, el daño —o el beneficio, según desde qué orilla del Atlántico Sur se mire— ya estaba hecho. El Reino Unido entró en modo de alarma: la RAF, la Real Fuerza Aérea Británica, declaró “alerta máxima”, el arco político británico cerró filas en torno a la autodeterminación de los isleños y los lobbies de defensa salieron a reclamar drones y rearme urgente para el archipiélago.

The Telegraph también consignó que no hay información oficial acerca de un intercambio sobre la soberanía de las islas entre el primer ministro británico Keir Starmer y Donald Trump. Sin embargo, especulan acerca de que esta filtración fue planteada taxativamente por la canciller Yvette Cooper en su reunión con Rubio del pasado miércoles en la Casa Blanca.