La historia de Strawberry Hill comenzó a cambiar en 1988, cuando el agricultor inglés Hugh White decidió abandonar la producción de trigo en una propiedad de 152 hectáreas. La decisión, vinculada al contexto de las políticas agrícolas de aquel momento, permitió que el terreno comenzara a evolucionar sin la intervención constante de las máquinas y los cultivos.
Con el paso de los años, aquella superficie agrícola experimentó una transformación profunda. Los pastizales, los arbustos y los árboles jóvenes fueron ocupando progresivamente el espacio, mientras diferentes especies de animales encontraron allí alimento y lugares donde refugiarse, hasta convertir el lugar en un importante enclave de biodiversidad.
La transformación de la antigua granja durante casi cuatro décadas
El cambio fue especialmente visible entre las aves que comenzaron a utilizar el terreno. Los registros realizados en la zona indican que alrededor de la mitad de los ruiseñores que se reproducen en Bedfordshire se encuentran en las tierras que pertenecieron a White, junto con tórtolas, currucas y otras especies.
La diversidad también alcanzó a otros grupos de animales. En Strawberry Hill fueron identificadas 11 especies de murciélagos, además de pequeños mamíferos, insectos y numerosas variedades de flores silvestres. Después de la muerte de White y su esposa, sus hijos decidieron conservar la propiedad sin volver a someterla a una explotación agrícola intensiva.
Una campaña millonaria permitió conservar Strawberry Hill
La conservación definitiva del terreno requirió una importante operación económica. El Wildlife Trust for Bedfordshire, Cambridgeshire and Northamptonshire asumió la gestión de Strawberry Hill y puso en marcha una campaña para reunir 1,5 millones de libras que permitieran adquirir y proteger las partes que todavía no estaban garantizadas.
El objetivo se alcanzó gracias a una combinación de aportes. Más de 3800 personas reunieron unas 500.000 libras mediante donaciones, mientras que organizaciones, fondos y una contribución privada completaron el dinero necesario para concretar la compra.
La recuperación del ecosistema fue posible porque, al desaparecer el arado y la siembra permanente, las plantas pudieron desarrollarse de manera espontánea. Primero aparecieron especies herbáceas y flores, seguidas por matorrales y árboles, creando nuevos ambientes para distintas formas de vida.
Con el transcurso de las décadas, esa sucesión natural permitió que aumentara la variedad de especies presentes en la propiedad. Lo que alguna vez fueron campos destinados principalmente al cultivo terminó convertido en una reserva natural de importancia para la fauna y la flora de la región.