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La histórica firma Lácteos Verónica se encuentra hoy en una encrucijada que mantiene en vilo a toda la industria. Lo que comenzó como un bache financiero en 2017 se transformó en una crisis estructural que hoy afecta de manera directa a 700 familias y a todo el ecosistema productivo de Santa Fe.

Los trabajadores denuncian que hace más de tres meses no perciben sus haberes de forma regular, un escenario que ya impacta en transportistas, tamberos y comercios locales.

Láctea Verónica: 103 años de historia y a un paso de la quiebra

En las últimas horas, la compañía logró un respiro clave en tribunales. Tras cancelar un pasivo de $23 millones con un acreedor, Verónica consiguió frenar un pedido de quiebra que amenazaba con el colapso inmediato. Sin embargo, desde el sector gremial advierten que este movimiento es apenas un “parche”.

Pese a desactivar la instancia judicial, la realidad en las plantas de Suardi, Clason y Lehmann es crítica: la producción está virtualmente paralizada. La brecha es alarmante si se comparan los números actuales con su pasado reciente. Durante la pandemia, la empresa llegó a procesar 1 millón de litros diarios, mientras que hoy apenas supera los 200.000 litros, operando apenas al 20% de su capacidad instalada.

El mapa de las ofertas: ¿quién se quedaría con Verónica?

El delicado estado de la firma reflotó los rumores de venta que circularon con fuerza el año pasado. En aquel entonces, el gigante francés Savencia (dueño de Milkaut e Ilolay) mantuvo reuniones con los Espiñeira, aunque la operación no prosperó.

En el radar también aparecieron otros jugadores de peso como la canadiense Saputo, aunque el escenario cambió recientemente tras la venta de gran parte de sus activos en el país a manos de Gloria Foods. Por ahora, el destino de la marca —que entre 2020 y 2025 exportó por más de u$s 100 millones, principalmente leche en polvo a Argelia— sigue siendo una incógnita.

Presión política para salvar los puestos de trabajo

La gravedad del conflicto llegó al recinto legislativo. En una reunión de urgencia en la Cámara de Senadores de Santa Fe, legisladores, funcionarios provinciales y representantes de ATILRA buscaron trazar una hoja de ruta para evitar el cierre definitivo.

El senador Felipe Michlig subrayó que el Gobierno provincial está agotando las instancias de gestión a través de distintos ministerios para sostener la fuente de trabajo. El objetivo es claro: evitar que una empresa con más de un siglo de trayectoria se convierta en un recuerdo, mientras la sombra de la quiebra sigue acechando en cada balance.