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Cuando la ducha empieza a perder presión o el agua sale en distintas direcciones, muchas personas creen que llegó el momento de cambiar el cabezal. Sin embargo, en la mayoría de los casos el problema tiene una solución simple y económica: limpiar los pequeños orificios que se obstruyen con sarro, minerales y sedimentos acumulados con el paso del tiempo.

La acumulación de estos depósitos reduce el flujo de agua y afecta el rendimiento de la ducha. Antes de pensar en reemplazar la flor de la ducha o realizar reparaciones más costosas, una limpieza profunda puede devolverle gran parte de su funcionamiento original.

Qué materiales se necesitan para limpiar la ducha

Para realizar este procedimiento sólo hacen falta algunos elementos que suelen estar disponibles en cualquier hogar: vinagre blanco, agua tibia, una bolsa plástica resistente, una banda elástica o precinto, un cepillo de dientes viejo, un paño suave y un escarbadientes de manera opcional.

La ventaja de este método es que no requiere desarmar la instalación ni utilizar productos químicos agresivos. El vinagre actúa sobre el sarro y ayuda a desprender los minerales que bloquean la salida del agua.

La ventaja de este método es que no requiere desarmar la instalación ni utilizar productos químicos agresivos.

Paso a paso para recuperar la presión del agua

El procedimiento consiste en llenar una bolsa con partes iguales de vinagre blanco y agua tibia. Luego, se debe colocar alrededor del cabezal de la ducha, asegurándose de que los orificios queden completamente sumergidos en la mezcla. La bolsa puede fijarse con una banda elástica o un precinto para evitar que se mueva.

Después de dejar actuar la solución entre 30 y 60 minutos, hay que retirar la bolsa y frotar suavemente los orificios con un cepillo de dientes. A continuación, se recomienda abrir el agua caliente durante algunos segundos para eliminar los restos desprendidos y finalizar secando la superficie con un paño suave.

Qué hacer si la ducha sigue teniendo poca presión

Si luego de la limpieza el flujo de agua continúa siendo débil, es posible que exista acumulación de sedimentos en el interior del cabezal. En ese caso, conviene desenroscarlo y revisar si cuenta con un filtro o una malla interna.

Estos componentes suelen limpiarse fácilmente con agua, cepillo y vinagre, siempre respetando las indicaciones del fabricante. En los modelos que poseen orificios de goma, muchas veces alcanza con frotarlos suavemente con los dedos o con un cepillo para desprender el sarro acumulado.

Cuándo hay que tener cuidado con el vinagre

Aunque es uno de los métodos más efectivos para eliminar depósitos minerales, el vinagre puede afectar algunas terminaciones delicadas si permanece demasiado tiempo en contacto con la superficie. Por ese motivo, en cabezales de bronce, níquel, dorado o con acabados especiales se recomienda probar primero en una pequeña zona o utilizar productos de limpieza sugeridos por el fabricante.

Los especialistas también desaconsejan el uso de lavandina para este tipo de tareas. Además de no ser necesaria para remover el sarro, puede deteriorar las terminaciones y reducir la vida útil del cabezal de la ducha.