Hace tiempo que Argentina sostiene una fuerte demanda de dólares estadounidenses. Las stablecoins se consolidan cada vez más como una alternativa para acceder, conservar y movilizar valor vinculado al dólar, especialmente en un contexto donde particulares y empresas sortean la inflación, la volatilidad del peso y los pagos transfronterizos.

Esta realidad distingue el caso argentino del de otros mercados donde los dólares digitales se desarrollan principalmente como otro método de pago. En Argentina, en cambio, las stablecoins responden en primer lugar a una necesidad conocida, la de acceder a valor denominado en dólares, y se integran cada vez más a la forma en que personas y empresas reciben y mueven dinero.

Según el Índice Global de Adopción de Criptomonedas 2025 de Chainalysis, Argentina ocupó el puesto 20 en el ranking de adopción a nivel global y el puesto 18 en valor recibido en servicios centralizados, tanto a nivel general como minorista. A lo largo de toda América Latina, la actividad cripto on-chain creció un 63% interanual, lo que ubica a la región entre los mercados cripto de mayor crecimiento.

Para las empresas que desarrollan capacidades vinculadas con activos digitales en la región, esto está generando una demanda que va más allá del simple acceso a las criptomonedas. Cregis, una empresa de infraestructura corporativa de activos digitales fundada en 2017, ha prestado servicios a más de 4.000 empresas en más de 50 países y su base de clientes en América Latina continúa en expansión.

De cobertura contra la inflación a dólar digital

Las stablecoins ganaron terreno en Argentina en parte porque abordan un problema local de larga data: cómo preservar y mover valor denominado en dólares en una economía afectada por la inflación, la depreciación del peso y las restricciones en torno al acceso a moneda extranjera.

El estudio regional de Chainalysis reveló que las stablecoins representaron el 61,8% del volumen de transacciones con criptomonedas en el país, frente al 59,8% registrado en Brasil o el 44,7% identificado a nivel global. Asimismo, este análisis constató que la actividad con stablecoins aumenta en el país durante períodos de depreciación del peso.

Para los usuarios, el atractivo es claro: las stablecoins permiten disponer de un saldo vinculado al dólar que se puede mantener o transferir sin necesidad de contar con una cuenta bancaria tradicional en dólares.

Ese caso de uso se extiende cada vez más a la economía real. El amplio sector de servicios digitales y profesionales independientes del país abarca a desarrolladores de software, diseñadores, consultores y otros profesionales que trabajan con clientes en el extranjero. Para ellos, las stablecoins pueden proporcionar una alternativa para cobrar ingresos vinculados al dólar y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de los canales bancarios transfronterizos tradicionales.

La misma lógica aplica a pequeñas empresas y exportadores digitales, quienes pueden recibir pagos de clientes en el exterior, abonar a contratistas o proveedores, o mantener parte de su capital de trabajo en activos vinculados al dólar.

En Argentina, las stablecoins tienen un punto de partida muy práctico, ya que responden a una demanda existente de valor denominado en dólares”, señaló Logan Xu, director para América Latina de Cregis. “Lo que está cambiando ahora es que esa demanda se está extendiendo a la actividad empresarial: desde la recepción de ingresos del exterior hasta la gestión de liquidez y la realización de pagos transfronterizos”.

De la tenencia a la operatoria con stablecoins

Una vez que las stablecoins se vuelven parte del flujo de fondos habitual de la empresa, el desafío pasa a ser otro. Una compañía que recibe pagos del exterior puede necesitar administrar fondos en múltiples billeteras, otorgar distintos niveles de acceso a diferentes empelados, establecer reglas de aprobación para transacciones de mayor valor, verificar las direcciones de destino y mantener un registro claro de los movimientos de los fondos.

Estos requisitos no son exclusivos del ecosistema cripto. Constituyen controles básicos que las empresas ya exigen en la gestión de fondos corporativos. La diferencia radica en que las transacciones en la blockchain se realizan a través de diferentes billeteras, redes y contrapartes que pueden quedar por fuera de los sistemas financieros existentes de la compañía.

Esto genera una brecha operativa entre mover activos digitales on-chain y gestionarlos como parte de las operaciones financieras de la compañía. Cregis está diseñada para proporcionar precisamente esa capa que falta.

Su infraestructura integra gestión de billeteras, controles transaccionales, flujos de pago y seguridad de activos digitales. A través de su modelo de Billetera como Servicio (Wallet-as-a-Service), las empresas pueden crear y gestionar billeteras multicadena mediante APIs, al mismo tiempo que su arquitectura basada en Computación Multipartita (MPC) distribuye el control de activos digitales entre múltiples partes.

En la práctica, esto le permite a las empresas estructurar billeteras en torno a diferentes funciones de negocio, definir quién puede iniciar o aprobar transacciones y administrar fondos sin depender de una única clave privada o de una billetera operada de forma manual.

El mismo principio rige para los pagos. El Motor de Pago de Cregis integra el cobro y la liquidación de stablecoins con la verificación de transacciones, el enrutamiento de pagos y las operaciones entre cadenas.

Para una empresa que recibe fondos de un cliente en el exterior, el flujo de trabajo puede implicar mucho más que recibir tokens: las transacciones pueden requerir monitoreo, enrutamiento a la billetera adecuada, procesamiento según los controles internos y conciliación entre distintos flujos de pago. Al integrar estos procesos en una única capa de infraestructura, Cregis ayuda a las empresas a gestionar los pagos con stablecoins con mayor consistencia y control, sin la necesidad de ensamblar herramientas aisladas a medida que su operatoria escala.

El valor radica en otorgar operatividad a los activos digitales dentro de los estándares operativos que las empresas ya tienen contemplados: acceso controlado, procesos transaccionales claros y visibilidad integral de la actividad financiera. A medida que se expande el uso de las stablecoins, esas capacidades cobran cada vez mayor importancia para las compañías que pasan de operaciones ocasionales a flujos operativos habituales.

La regulación eleva los estándares

Al mismo tiempo, el mercado avanza hacia una mayor formalización. En marzo de 2025, la Comisión Nacional de Valores de Argentina (CNV) emitió la Resolución General 1058, que establece un marco para los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (PSAV) que incluye requisitos en torno al registro, la operatoria y la gestión de riesgos.

A medida que evolucionan las expectativas regulatorias, las preguntas en torno a la custodia, los controles de billeteras, el monitoreo de operaciones y la protección de los activos de los clientes pasan a formar parte del debate sobre la infraestructura.

El próximo desafío no es simplemente acceder a dólares digitales”, afirmó Xu. “Para las empresas, se trata de contar con controles y visibilidad para operar esos activos como parte de su flujo financiero habitual a medida que el volumen crece”.

Esa puede ser precisamente la dirección que tome la próxima fase de adopción de stablecoins en Argentina. Las stablecoins no necesitan reemplazar a los bancos o sistemas de pago locales para resultar útiles, sino que su rol puede consistir, en cambio, en proporcionar una capa de dólares digitales para ingresos desde el exterior, liquidez corporativa y liquidación transfronteriza.

Para las empresas que exploran pagos con stablecoins, tesorería de activos digitales o cobros transfronterizos en el país, Cregis ofrece la infraestructura de billeteras, pagos y seguridad para desarrollar esas capacidades sin necesidad de desarrollar los sistemas subyacentes desde cero. La plataforma es auditada de forma independiente según los estándares reconocidos internacionalmente, incluidos SOC 2 Tipo I, SOC 2 Tipo II e ISO 27001. Junto con las oficinas regionales de Dubái, Singapur, Kuala Lumpur y San Pablo, Hong Kong actúa como el eje de la red global de la compañía, que presta servicios a clientes en Asia-Pacífico, Medio Oriente, América Latina y otros mercados internacionales.