

Más de tres décadas transcurrieron desde aquella noche de febrero en que la Argentina quedó conmocionada por uno de los crímenes que más impactaron al país: la masacre de Flores. Hoy, 32 años después, Matías Bagnato, el único sobreviviente del incendio intencional en el que murieron sus dos padres, sus hermanos y el amigo de uno de ellos, decide narrar otra cara de su historia.
La muerte del asesino el 30 de abril de 2023 marcó un punto de inflexión en su proceso de sanación. Esa transformación encontró su expresión en una serie documental de 3 capítulos que desembarca en HBO Max, con Juan José Campanella como productor ejecutivo.
Para el mayor de los Bagnato, reconstruir lo ocurrido implicaba hablar de todo lo que llegó después: de la vida que tuvo que volver a armar a sus 16 años, del vínculo con su abuela (uno de los pilares fundamentales de su resiliencia), y de una lucha judicial que se extendió durante décadas.

Encontrar la manera de construir un relato más allá del crimen y el morbo, con el trabajo en conjunto de Campanella, implicó poner en palabras e imágenes una narración que permitiera comprender las consecuencias de aquella tragedia.
Durante años, Bagnato contó públicamente cómo había logrado escapar de la casa en llamas y vio una y otra vez las imágenes del incendio. Ahora, ese vínculo con su propia historia empieza a cambiar, como se refleja en la docuserie producida por “100 bares”.
En una charla exclusiva con El Cronista, Bagnato cuenta cómo fue tomar la decisión de llevar ese otro lado de su historia a la pantalla, cuál fue la única condición que pidió cumplir y qué significa para él empezar a encontrar la forma de cerrar una etapa que, según sus propias palabras, le abre la posibilidad de escribir un nuevo capítulo de su vida.
Para empezar, quisiera saber si dudaste cuando te llamó Juan José Campanella para hacer la serie, si sabías que era con él y si, de haberte llamado otra persona, también lo hubieses hecho.
En realidad, fui yo el que lo llamó. Me llamaron de varios lados, pero para mí siempre fue el momento de hacerlo, cuando falleció “él” [Fructuoso Álvarez Gonzáles, el asesino de su familia], era el momento de hacer esto, de poder darle un cierre. Primero, al conocer a Juan hace muchos años, hablé con él porque me estaban llamando de muchos lugares para poder contar la historia. El primer contacto que tuvimos fue preguntarle: “Bueno, Juan, ¿con quién me aconsejás ir?”. Hasta que él me hizo la propuesta de contarla desde 100 Bares.
Te imaginarás que, más allá de lo que es Juan como profesional, yo lo conocía como ser humano. Sabía cómo iba a ser él, cómo me iba a cuidar. Entonces, nunca lo dudé, la verdad. Ni hablar de que después el círculo cerró perfecto cuando conocí a todo el equipo de HBO Max y vi también la calidad humana que tenían. Ahí fue cuando verdaderamente me quedé tranquilo de que esa parte iba a estar cubierta.

Al momento de encarar el rodaje, ¿hubo algunas cosas que preferiste no mostrar de lo que se va a ver en la serie o quisiste poner el foco en ciertas cuestiones que sí querías que se vieran?
No. Lo único que siempre les pedí es que no quería nada morboso. Obviamente, había que mostrar el crimen, porque era inevitable, pero siempre tuve claro —y fue lo primero que hablamos con Juan desde el minuto cero— que esta era una historia que no era solamente true crime ni un caso policial. Creo que lo más lindo que tenía para contar era justamente la historia de vida después del hecho policial.
Era contar cómo fue reconstruir el día a día con mi abuela, ese vínculo hermoso, lo que significaba quedarse sola. Una abuela que había enterrado a su hija y a sus nietos, que se había quedado sola con un adolescente en ropa interior. Un chico de 16 años que pierde a su familia en una noche. Entonces, estaba la diferencia de generación, el reconstruirnos y, ni hablar, todo lo que pasó después con esa lucha interminable con la Justicia.
¿Seguís creyendo o creés en la Justicia?
Me cuesta un montón. No es un dato menor que hoy estoy tranquilo, no por mérito de la Justicia, sino porque el destino quiso que él muriera. Con su muerte, mi vida cambió radicalmente. Si no, hoy viviría todavía con custodia, seguramente, o no sé si estaría acá.

En relación con la serie en sí, se titula La masacre de Flores. ¿Te hubiese gustado titularla otra manera?
Sí, pero también entendí qué es lo que identifica esta historia. Hay dos nombres que para mí son muy fuertes: uno es La masacre de Flores, ligado a mi familia, y el otro es el sobreviviente, porque todo el mundo me identifica como el sobreviviente de la masacre de Flores. Después lo entendí, vi que estaba bien y lo acepté.
Mencionaste algo recién que me interesa retomar: la etiqueta de “sobreviviente”. Después de casi 32 años, ¿cómo te llevás con ese concepto, tanto con el nombre de la masacre de Flores como con el de sobreviviente?
Recién ahora estoy haciendo carne las dos cosas. Es loco lo que te digo, pero son cosas con las que antes no me permitía conectar porque sabía que, si lo hacía, no lo hubiera podido tolerar.
La verdad es que tener que estar, como viví durante los últimos 15 años de mi vida, en un programa de televisión todo el tiempo contando cómo salí de la casa, viendo la casa quemada y cómo sacaban a mis viejos y a mis hermanos, fue algo constante en mi vida. Si no me ponía filtros para cuidarme, no había cuerpo que aguantara eso. Entonces, no conectaba con todo eso. Trataba de hacer como que vos lo decías, pero yo no te escuchaba. Era como si te pasara a vos y no a mí.
Ahora me está pasando todo lo contrario. Estoy en ese momento de sanar, como me dice mi psicóloga. A mí también me costó mucho entenderlo durante estos últimos dos años, cuando ella me hablaba de hacer un duelo sano y yo le decía: “Pero pasaron 30 años, ¿viste? Hay cosas que ya está”. Después me di cuenta, y me estoy dando cuenta, de que había un montón de cosas que no estaban resueltas. Para mantener ese personaje que tenía que hacer para poder estar fuerte, ahora tengo un trabajo que hacer.
¿Siempre hiciste terapia?
Hice mucha terapia al principio porque, obviamente, más allá de las pérdidas, las circunstancias y la manera en la que ocurrió todo fueron muy traumáticas.
Por darte un ejemplo, durante los primeros tiempos después del incendio no podía darme una ducha con la puerta cerrada. El vapor del baño ya me daba la sensación de que me asfixiaba, me hacía acordar al humo. Tampoco podía prender una hornalla: tenía que esperar a que alguien viniera y la prendiera, porque yo no podía hacerlo. Ahí me ayudó mucho la psicóloga que tuve en ese momento a superar todo lo que fue el trauma del fuego.
Ni hablar de que hoy soy comisario de abordo. Mi trabajo es estar arriba de un avión y mi rol es evacuarlo ante una emergencia. El tema del fuego es algo que está presente, es algo que estudiamos mucho los tripulantes, así que tuve que superar toda esa parte.
Después, creo que funcioné en automático durante todos estos años, estando fuerte para mi abuela y para combatir contra la Justicia. Ahora me di cuenta de que necesito ayuda, que tengo que sanar un montón de cosas, y por eso retomé la terapia.
¿El paso de los años ayuda a sanar esa herida o es algo con lo que uno va aprendiendo a convivir?
Mirá, hay una frase que muchos me repetían cuando era muy chiquito, después de que me pasó esto: “Bueno, vas a ver que el tiempo te va a ayudar, el tiempo cura”. Esa famosa frase de que el tiempo cura, no, es mentira. El tiempo lo único que hace es enseñarte a convivir con las ausencias, a convivir con ese dolor.

Y cuando digo convivir, me refiero a que uno se vuelve a reír, está logrando algo lindo en la vida y, adentro tuyo, siempre está esa parte de: “Uy, la pucha, me gustaría poder decirle a mi mamá: ‘Mami, mirá lo que logré’”. Siempre te acordás. Aprendés a convivir con eso.
Para cerrar, Matías, ¿esta serie fue una manera de sanar?
Sí.
Y, ligado a eso, ¿qué viene a partir de ahora para este Matías?
- Bueno, ahora estamos escribiendo ese nuevo capítulo, estamos descubriéndolo. Esto sí es un cierre, es esa manera, como te decía, de poder cerrar una etapa, contar todo lo que no podía contar y compartir desde ese lado. Ahora estamos en ese camino. Lo que más quiero en la vida es ser feliz.
La masacre de Flores: cuándo se estrena la serie y dónde verla
La serie documental La masacre de Flores se encuentra disponible en HBO Max desde este jueves 22 de octubre. El documental producido por 100 bares, la compañía vinculada a Juan José Campanella, tendrá 3 capítulos de 45 minutos cada uno.

La dirección está a cargo de Augusto Tejada y cuenta con Campanella como productor ejecutivo. Además, el cineasta tendrá presencia en pantalla a través de conversaciones con Bagnato, en las que reconstruirán los distintos momentos de la historia.
La “docuserie” combinará el relato del sobreviviente con material de archivo, testimonios y voces que estuvieron vinculadas al expediente judicial.















