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Videla, el oscuro personaje que la sociedad hoy desprecia

La diputada, hija de desaparecidos, traza el perfil del fallecido dictador que gobernó entre 1976 y 1981 y fue elegido en la encuesta de El Cronista como el argentino más nefasto de la historia. "Por nuestra lucha, murió en una democracia que le dio todas las garantías que él y sus camaradas les negaron a decenas de miles".

por  VICTORIA DONDA

Diputada nacional
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Videla_Jorge

Videla_Jorge

Jorge Rafael Videla. Fue un oscuro personaje que llevó adelante una obra de terror con tremendas consecuencias para nuestro país. Videla ocupó la Presidencia de la Nación entre 1976 y 1981, a partir de la dictadura cívico militar denominada Proceso de Reorganización Nacional. La síntesis más ajustada para definir este gobierno es que encabezó el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, sustituyendo a Isabel Martínez de Perón por una junta militar.

Videla, en representación del Ejército, el almirante Emilio Eduardo Massera por la Armada y el brigadier general Orlando Ramón Agosti por la Fuerza Aérea. El proceso disgregó a los partidos políticos, persiguió a los opositores, cerró las sesiones del Congreso, y por una disputa fronteriza con Chile estuvo a punto de provocar un conflicto armado.

Videla asumió esa Presidencia el 29 de marzo, y tuvo el período más largo que un militar haya ocupado como presidente de facto en la Argentina. Finalmente, debido a las tensiones entre las tres fuerzas armadas por el reparto del poder, Videla fue corrido y reemplazado por Roberto Viola.

Ahora bien, las aristas de su gobierno fueron muy complejas, abarcando todo tipo de áreas.

La dictadura estableció una estructura clandestina para la represión de los opositores, que incluía "grupos de tareas", secuestros y desapariciones forzadas, centros de detención y tortura clandestinos, mecanismos ilegales para asesinar personas y disponer de sus cadáveres y bienes, instalaciones médicas secretas para atender partos de detenidas-desaparecidas y suprimir las identidades de los niños nacidos en cautiverio, desinformación a través de los medios de comunicación, coordinación con las gerencias de recursos humanos de las grandes empresas para la delación de opositores, etc.

Por otro lado y como respuesta a las denuncias por violaciones de derechos humanos en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, la dictadura cívico-militar intentó justificar su accionar clandestino sosteniendo que era necesario vincular "el tema de los derechos humanos con la necesidad de reprimir el terrorismo y la subversión como medio para preservar la seguridad nacional".

El 6 de septiembre de 1979 llegó a la Argentina una delegación de la CIDH que durante dos semanas entrevistó personalidades de la política, la cultura nacional y miembros del gobierno. Paralelamente, recibieron numerosas denuncias por violaciones a los derechos humanos, realizadas por las familias de los desaparecidos que esperaron durante horas y días en la puerta de la entidad. Patricia Derian, secretaria de Derechos Humanos del gobierno del presidente norteamericano James Carter, increíblemente (o no) fue el gran móvil de esa Comisión. Mientras tanto algunos medios de comunicación publicaban cartas y editoriales reafirmando que Argentina era un país en paz.
Ante semejante presión, Videla, en 1979 en una conferencia de prensa contestó que "el desaparecido no tiene entidad. No está muerto ni vivo... Está desaparecido."

La verdadera transformación que esta dictadura quería entablar estaba en el plano socio-económico; por eso necesitaba tremenda demostración de fuerza, de poder, de destrucción a lo que se le opusiera. Tenía una sociedad enfrente muy consciente de sus derechos, que venía ganando muchas victorias en ese plano; y que encima quería ir por más, seguramente también alentada por otros procesos del mundo, de la región, que le decían que "más y mejor" aun era posible por eso estaba tan movilizada y organizada.

José Alfredo Martínez de Hoz condujo la economía durante toda la presidencia de Videla. Sus medidas económicas, basadas en la apertura de los mercados y la liberalización de la legislación laboral vigente, contribuyeron al desmantelamiento de los sindicatos y la polarización de las diferencias clasistas. Las actividades represivas del proceso tienen fuerte relación con ese modelo económico de la dictadura, pues las mismas fueron necesarias para contener el descontento popular debido a los resultados económicos que trajo.

El cambio social era parte de los objetivos de la dictadura que encabezaba Videla, pero no en un sentido de progreso y de inclusión, sino de subordinación, explotación y de embrutecimiento colectivo para la mayoría de la población. Un pueblo dócil, ignorante de sus derechos y posibilidades necesitaban para implantar tal salvaje plan económico.

En uno de los últimos juicios relativos a torturas y asesinatos llevado en cabo en 2010 en Córdoba, Videla negó que ese tipo de tribunal pudiera juzgarlo, reivindicó a su dictadura y se reconoció responsable por todos los crímenes cometidos, diciendo que asumía "en plenitud mis responsabilidades castrenses en todo lo actuado por el ejército argentino en esa guerra interna a la que he hecho referencia. Y esa responsabilidad la asumo con total 'prescindencia' de quienes fueron mis subordinados y se limitaron a cumplir mis órdenes". Allí el Tribunal Oral Federal 1 lo sentenció con prisión perpetua junto a Luciano Benjamín Menéndez, que debía cumplir en una cárcel común.

También el 5 de julio de 2012, se lo sentenció a 50 años de prisión luego de que el tribunal que lo juzgó lo encontrara culpable por el delito de secuestro y sustracción de identidad a menores de edad durante su gobierno.
 

Videla murió cumpliendo su condena en 2012 en el penal de Marcos Paz. No murió rodeado de parientes ni amigos. Por nuestra lucha, murió en una democracia que le dio todas las garantías que él y sus camaradas les negaron a decenas de miles de compañeros, muchos de los cuales hoy ya no están. Y las condenas no sólo fueron legalmente dictadas por la Justicia, sino también por el conjunto mayoritario de la sociedad que hoy lo recuerda con desprecio.

Quisiera citar palabra de Humberto Tumini, secretario General de Libres del Sur, víctima directa de la dictadura de Videla, quien en su declaración testimonial en el juicio de La Perla, en Córdoba explicó: "La responsabilidad principal la tienen las FF.AA., particularmente los que ejecutaron esa política como los miembros de las FF.AA que están sentados allí. Creo que es una responsabilidad de ellos decir qué pasó en este país, entre otras cosas, porque nunca va a cerrar la brecha entre la sociedad y las FF.AA en esta Nación, aún cuando no estén ellos y haya generaciones de militares nuevas, nunca se va a cerrar esa brecha si no se sabe la verdad de lo que pasó, pagando el precio político que se tenga que pagar por ello".

En este país y en esta democracia, no nos cansaremos nunca de ejercitar la Memoria, para la Verdad y la Justicia.