El análisis económico, teoría económica o ‘ciencia’ económica, no es un conjunto de recetas del tipo “si la temperatura corporal supera 38 grados centígrados, por cada grado que la exceda tome 2 cucharaditas de jarabe cada 6 horas, y eliminará la fiebre en 42 minutos, 30 segundos .

Si usted cree que alguno de los miles de libros escritos sobre la teoría de la inflación, o sobre la teoría del crecimiento o desarrollo, remata en un conjunto de recomendaciones de ese tipo, perdóneme que le haya destruido una fantasía. Es más, particularmente en el caso de la inflación, le puedo mostrar libros que dicen cosas muy diferentes sobre las implicancias prácticas del análisis desarrollado en cada obra. Claro que algunos pueden decir idioteces, pero la materia económica es tal que aún ignorando las idioteces queda amplio margen en el plano prudentemente opinable.

Lo cual no quiere decir que la teoría sea inútil. En manos profesionales aporta elementos de juicio relevantes para enfrentar una situación concreta. Porque de eso se trata, precisamente, cuando se trabaja en política económica.

Preocupado por el aumento sistemático del nivel general de precios, al ministro Lavagna no le interesa que le reciten cada una de las posibles hipótesis explicativas del problema que tiene entre manos, porque él tiene que encontrarle respuesta al siguiente interrogante: ¿A qué se debe esta inflación que hoy está experimentando nuestro país?

Nos encanta calificar las políticas económicas. Hoy en Argentina calificamos de ‘neoliberales’ a las que no nos gustan, y de ‘neokeynesianas’ a las que nos resultan más simpáticas. Hace una década ocurría básicamente lo contrario. Un esfuerzo y otro son inútiles a la hora de entender, más allá del impacto mediático (¿fue liberal la política económica de Krieger Vasena?).

En la práctica cualquier política económica es un subproducto de un conjunto de circunstancias internacionales y políticas, de la situación económica imperante en el momento en que fue lanzada, y de la constante ansiedad de los argentinos; además de la idoneidad de los miembros del equipo económico. Lo cual implica que se explica mucho más por el peso de la herencia y la presión de la urgencia, que por la conexión que tiene con nítidas ideologías o escuelas económicas.

La explicación básica de por qué no existe una relación única o mecánica entre teoría y política económica, reside el carácter de la teoría y la realidad a la que se refiere. La explicación básica de por qué no siempre es fácil conectar correctamente políticas económicas con resultados, reside en el corto período que se utiliza para el análisis.

Durante la presidencia de Illia el PIB real creció 9,7% anual, durante la de Frondizi 2,6% anual. ¿Alguien puede creer que en términos del ‘desarrollo económico de la Argentina’, la primera presidencia fue cuatro veces lo que fue la segunda? El ejemplo muestra que la evolución a corto plazo del PIB real es un pobre indicador de desarrollo.

Lo mismo ocurre con la relación entre la emisión monetaria y los precios. Si usted toma sin parar 5 litros de cerveza, al terminar de hacerlo podrá decir algunas palabras sensatas. Con el correr del tiempo, y sin que beba una sola gota más, durante algún tiempo sólo dirá barbaridades... O caerá dormido. Quien le preste atención a lo que usted dijo mientras tomaba cerveza, o a lo que afirmó inmediatamente después de tomar, puede llegar a la incorrecta conclusión de que no existe ninguna relación entre la ingesta de cerveza y la borrachera.

El punto es importante porque, tanto la demanda empresaria como la consulta periodística, nos obligan a los economistas a formular explicaciones causales referidas a períodos cortísimos. Si durante años se emite dinero, una vez completado el aumento de la demanda de dinero, los precios se enterarán. Pero empresarios y sobre todo periodistas nos preguntan por qué aumentaron los precios..., ayer, o qué va a pasar con el euro mañana, e indebidamente trasladamos al cortísimo plazo explicaciones causales que en el mejor de los casos sirven para períodos prolongados.

La conclusión correcta es que hay que ser cauteloso para pasar del plano de la teoría al de la política económica, o de éste al de los resultados. La implicancia incorrecta es que esta realidad se presta a fuerte abuso por parte de funcionarios, pseudoanalistas y politizados, para explicar el pasado como les parece, desestimar propuestas de política económica políticamente incorrectas “porque no han funcionado , etc.

Moraleja, hay que vivir alerta, para comprar la menor cantidad de buzones posible.

¡ nimo!