Puestas a prueba casi en un abrir y cerrar de ojos, las empresas argentinas están haciendo gala de sus rápidos reflejos a la hora de hacerle frente a la pandemia de la gripe A. Siempre con el foco orientado en preservar el capital humano, hasta ahora los resultados vienen siendo satisfactorios, merced a la veloz aplicación de medidas sanitarias, la flexibilización de jornadas de trabajo, la suspensión de encuentros masivos y la implementación de comités de crisis para la ocasión.

Pero claro que detrás del empleado está el negocio y allí no parece haber antiviral que surta efecto a la hora de contrarrestar algunas dolencias que emanan de las previsiones de los propios empresarios. Es que la influenza H1N1 podría tener un fuerte impacto negativo no sólo en lo que respeta a ventas, utilidades e ingresos, sino que podría generar otras consecuencias no deseadas como ser mermas en la productividad de los trabajadores, crecientes tasas de ausentismo que complican la cadena operativa y la pérdida de fuerza laboral en algunos rangos.El diagnóstico, entonces, no es demasiado alentador si de resultados operativos se habla. Y seguramente por todo esto, la gran mayoría de las firmas decidió involucrar a sus gerentes en la coordinación y liderazgo de las acciones vinculadas a enfrentar la pandemia, siempre con la anuencia del área de Recursos Humanos, que de un tiempo a esta parte no tiene otra preocupación que no sea la gripe porcina.

Sin embargo, en este cuadro de situación no deja de haber paradojas, ya que mas allá de la gran movilización que está despertando este problema, ni siquiera un cuarto de las empresas locales dispuso parte de su presupuesto para prepararse ante una eventual pandemia, con casi la mitad que reconoce directamente no haber destinado dinero a este problema. Pero lo concreto es que la súbita aparición de la maldita influenza ha generado alteraciones en las actividades de las compañías, que debieron revisar varios aspectos con el fin de garantizar su continuidad en el negocio.

Son éstas algunas de las conclusiones que surgen del reporte “¿Su organización está preparada ante una pandemia? , elaborado por la consultora Mercer en función de la repercusión que podría tener o está teniendo la gripe A en 120 empresas argentinas de diversos rubros y tamaños.

Aunque, de la encuesta también asoman otros datos de interés, si bien más esperables: la gran mayoría de las corporaciones desarrolló algún plan de contingencia, otro enorme porcentaje formó comités de crisis (con equipos gerenciales involucrados) para la resolución del problema, todas casi sin excepción pusieron el foco en establecer una comunicación eficaz con su plantilla y casi la totalidad de las firmas consultadas reconoció que no tendría problemas en adoptar las medidas del caso, si es que desde la órbita oficial se dispone de una “cuarentena , como ser flexibilizar horarios, intensificar el trabajo remoto o bien disponer de licencias voluntarias en los casos de empleados que así lo requieran.

Para Fernanda Scaduto, consultora del área de Salud y Beneficios de Mercer, la reflexión más saliente que le deja el informe tiene que ver con una revalorización del recurso humano. “La pandemia puso otra vez en primer lugar las cuestiones prioritarias de las compañías para el sostenimiento del negocio. Y precisamente es el recurso humano el principal motor, por lo que si en una situación de este tipo no contás con ese recurso, el negocio se cae. Entonces, observamos que hubo y hay mucho esfuerzo de las empresas en cuidar a sus empleados, en informarlos y prevenirlos , dice Scaduto.

El otro pico de relevancia, según la especialista de Mercer, fue que la porcina copó la parada y archivó abruptamente y hasta nuevo aviso otros focos de discusión y análisis en el seno dirigencial. “Si bien aún está latente, durante las semanas en las que el tema explotó se convirtió en algo prioritario, que dejó de lado todas las demás cuestiones. Fue el único tema que se comentó en las empresas y se minimizaron el resto de las tareas , recuerda Scaduto.

Expectativas en baja

Pero volviendo a los datos duros de la investigación, las preocupaciones de los empresarios saltaron a la vista apenas fueron consultados sobre las expectativas que tienen acerca del impacto de la enfermedad en el negocio. El 84% de los consultados afirmó que espera un impacto entre “alto y “moderado en lo referido a las tasas de ausentismo de los empleados, mientras que el 62% manifestó que espera un impacto similar en cuanto a la pérdida de productividad debido a la ansiedad de los empleados o bien a una baja en la moral de la plantilla (aunque un 32% aseguró que espera un bajo impacto en este sentido). “En caso de incrementarse demasiado la tasa de ausentismo, algunas empresas no tendrían personal para operar la línea de producción, lo que repercutiría en la realización y entrega de ciertos productos, sumado al impacto negativo de las demoras en las entregas , reza el informe.

A la hora de ver el balance, los pronósticos también son sombríos. Casi el 60% de las organizaciones aguarda cambios muy fuertes o moderados en sus ingresos (siempre en baja), un nivel que curiosamente contrasta en forma aguda con el restante 40% que no espera modificaciones. Mientras, casi el 65% también está a la espera de modificaciones negativas en sus utilidades, en tanto que el 55% opina que la variación será negativa si se habla de compras y demandas de sus clientes, con otro 45% que estima que la influenza hará estragos en el desempeño de la cadena de abastecimiento.

Dadas estas proyecciones, para el 88% de las compañías es importante o muy importante definir las actividades clave esenciales para la supervivencia del negocio, con otro 68% que tiene igual calificación para el entrenamiento cruzado y el desarrollo de habilidades. También, el 93% considera fundamental el monitoreo continuo durante el curso de la pandemia. De todos modos, sólo el 23% afirmó que su organización dispuso parte del presupuesto para prepararse ante una pandemia, con otro 43% que reconoció no haberlo hecho y un 34% que dijo “no estar seguro de haberlo hecho o no . Mientras, un 78% dijo que su empresa cuenta con un plan de contingencia.

“Los empresarios también destacaron la importancia que adquiere en este tipo de situaciones el tema de comunicación, que de todas maneras siempre es importante. Hubo mucho esfuerzo puesto allí, y en definitiva fue un baldazo a la creatividad, porque tuvieron que pensar muy rápidamente en desarrollar una estrategia efectiva y ser creativos para lograr los resultados esperados , cuenta Scaduto.

Curiosamente, si bien la gran mayoría (91%) desarrolló un plan comunicacional, el 4% afirmó no haberlo hecho, y el restante 5% dijo que está en proceso. Asimismo, un 88% está enviando comunicados sobre el tema con una frecuencia semanal, un 7% lo hace en forma quincenal y el 5% mensualmente. En tanto, uno de los atributos más importantes en la estrategia de comunicación pasa por “definir claramente la naturaleza de la amenaza (muy importante para el 63%), seguido por la comunicación de la capacidad de la empresa en el manejo de la cuestión a través de un plan de continuidad del negocio (importante o muy importante para el 86%).

Gerencias involucradas

Uno de los apartados más jugosos del informe gana la escena cuando se repara en los niveles jerárquicos que fueron involucrados en la elaboración de la estrategia contra la contingencia. Aquí queda aún más en evidencia que con la irrupción de la gripe A, el resto de los temas perdió preponderancia. El 74% de las compañías aseguró que integró un equipo gerencial para manejar el riesgo de la pandemia, y son precisamente las propias gerencias quienes están coordinando y liderando las acciones, si bien todas son a la vez monitoreadas por el área de RR.HH. Desde las firmas resaltaron que casi todos los gerentes se involucraron en la estrategia a seguir. Mientras, el 43% está trabajando localmente, un 26% lo está haciendo a escala global y el 22% está enfocando el tema en órbita regional.

Para el final, y en el horizonte de una eventual pandemia contagiosa, casi el 80% dijo que es muy probable o probable que su organización decida “comunicar alarmas de viaje y actualizacio nes específicas por región , con otro 68% que cree lo propio acerca de crear políticas de viaje específicas para cada localidad.

Distinta fue la reacción cuando los empresarios fueron consultados sobre la posibilidad de evacuar a los empleados expatriados o transferidos, con un 25% que lo cree dentro de las probabilidades, un nivel casi similar obtenido en función de la alternativa de evacuar a los expatriados que no estén comprometidos en las funciones críticas del negocio. Sí se mostraron más abiertos a que los empleados que regresen de localidades de alto riesgo sean invitados a trabajar desde sus casas, con un 29% que lo calificó como “muy probable y un 40% que lo consideró “probable .

Y he aquí una conexión directa al saldo positivo que está dejando la pandemia, relacionado con la apertura de muchas compañías hacia nuevos métodos de trabajo: es éste tal vez el aspecto más valioso que las firmas están sacando de la problemática. Es que no hay mal que por bien no venga y el 60% consideró que esta experiencia provocará cambios significativos en las prácticas de empleo, lo que supone cierta continuidad en los procesos de implementación del teletrabajo y la utilización al máximo posible de los métodos de prestación de servicios remota.

De hecho, muchas compañías que tenían en la cantera proyectos vinculados decidieron adelantar plazos y lanzarse de lleno a las modalidades virtuales, con resultados que en la mayoría de los casos son positivos y que pronostican un futuro crecimiento de la modalidad más allá de coyunturas. “Esto es algo bueno que les queda a las compañías, pero no lo único. Las firmas también debieron crear comités y pensar en acciones para el cuidado de la salud de su gente, y para la próxima ya saben cómo hacerlo. Y además quedaron algunas buenas costumbres, que van desde las políticas de higiene hasta estas nuevas formas de flexibilización, que se está demostrando son buenas para el negocio , concluye Scaduto.

La continuidad de algunas de estas prácticas viene entonces a equilibrar la balanza para las compañías, teniendo en cuenta el valor del recurso humano y el posible impacto de las prácticas de flexibilización en la atracción y retención de talentos y de personal calificado. Porque como dicen algunos especialistas, en definitiva el mayor activo que posee una corporación es el capital humano.