El primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, desafió hoy las presiones para renunciar después de que 150 personas resultaran heridas en unos disturbios antigubernamentales a los que calificó como “la noche más larga y más negra de la república .

“Pasé tres minutos el domingo por la noche pensando en si debería o no dimitir o si tenía o no razones para dimitir, y a la conclusión a la que llegué es absolutamente no , dijo Gyurcsany a Reuters en una entrevista.

Los peores incidentes de violencia en Hungría desde el fin del comunismo se produjeron tras la filtración el domingo de una cinta en la que Gyurcsany decía que él y su Partido Socialista habían mentido durante cuatro años sobre el presupuesto para ganar las elecciones generales de abril.

Miles de personas salieron a las calles de la capital Budapest ayer por la noche, atacando el edificio de la televisión estatal en enfrentamientos que dejaron 150 policías y manifestantes heridos.

Impuestos más altos e incrementos en las tarifas para atención sanitaria y matrículas universitarias habían desencadenado ya protestas antes de que la divulgación de la cinta provocara los violentos disturbios.

El martes, unos 500 manifestantes antigubernamentales empezaron una nueva protesta frente al Parlamento. La presencia policial parecía leve.

Las protestas se producen dos semanas antes de las elecciones locales del 1 de octubre y tras una caída en la popularidad del Partido Socialista al 25%, desde el 40% que tenía en las elecciones de abril.

La manifestación el lunes de unas 10.000 personas frente al Parlamento se volvió violenta cuando algunos de sus participantes apedrearon e incendiaron el edificio de la televisión estatal, ocuparon parte del mismo y lo saquearon.

El principal partido de la oposición, Fidesz, instó al primer ministro a irse en medio de lo que calificó como una “crisis moral mientras que Ibolya David, líder del Foro Democrático Húngaro, más pequeño, dijo que “el primer ministro debería abandonar la vida pública .

Sin embargo, Gyurcsany, que afronta su mayor desafío desde que asumió el poder hace dos años, recibió el respaldo de su Partido Socialista para quedarse y aplicar sus políticas económicas.

Las protestas se dispararon por una grabación en la que el primer ministro admitía que él y su partido habían “mentido por la mañana y por la noche a lo largo de los cuatro años de su mandato entre 2002-2006 y no habían logrado nada salvo ganar las elecciones de abril.