

La fragancia es personal; crea identidad y evoca recuerdos. Pero ¿qué sucedería si, un día, el perfume preferido o aquel que nos recuerda momentos importantes de nuestra vida de repente cambia?
Esta no es una pregunta teórica. Año tras año, la Asociación International de Fragancias (IFRA) limita los ingredientes y la cantidad de los componentes que pueden usar los perfumistas para sus esencias. Las regulaciones dictadas por IFRA en 2008, por ejemplo, restringen el uso de ingredientes que son fundamentales para la elaboración de muchas fragancias famosas. La medida se debe a que los considera alergenos. La utilización de musgo de roble, presente en la esencia Mitsouko de Guerlain, entre otras, ha sido restringido; también el jazmín, un componente de muchas fragancias finas como Chanel Nº 5; con el ylang ylang sucede lo mismo.
La IFRA fue fundada en 1973 por la industria del perfume para garantizar la seguridad de sus productos. “La salud de los consumidores es cada vez más importante. No hacemos las regulaciones por el placer de impedir que los creadores desarrollen sus esencias, sino porque queremos ser responsables.
Mientras tanto, los “artistas de los perfumes temen que las famosas fragancias desaparezcan. Pronto, señaló el experto en fragancias Roja Dove, “las creaciones realmente magníficas no existirán tal como eran, porque la ley no permitirá su elaboración. Es como si a un artista le dijeran que ya no puede usar el bermellón y que tiene que cambiar todas sus pinturas .
Christopher Sheldrake, director global de desarrollo de fragancias en Chanel, se encuentra entre los que temen que las normas de la IFRA alteren el alma de su arte.
Chanel reformuló algunas de sus fragancias en un intento por encontrar reemplazos para los ingredientes que ya no pueden utilizarse, contó Sheldrake.










