Una auténtica pena y un duro golpe significa la muerte de Fernando Peña. Más allá de las polémicas que le encantaba generar, Peña formaba parte hace muchos años de la cultura popular y de la vida cotidiana de los miles de personas que lo seguían a través de la radio. Porque el verdadero fuerte del artista era la radio. En ese medio era donde realmente se sentía cómodo y donde recreaba diariamente una serie de personajes que lo llevaron a convertirse en lo que fue: un artista popular y admirado. En la radio era bestial y podía armar el sólo con su voz y locura una charla entre varias personas completamente distintas y prácticamente hablando al mismo tiempo. Su debut en el medio fue a través de Milagritos López, una azafata de origen centroamericano que dio a conocer el conductor Lalo Mir en su programa Animal de radio de la Rock & Pop. Recuerdo perfectamente haberme sorprendido mucho cuando se reveló que Milagritos en realidad no sólo no era azafata, sino que tampoco era mujer, y que un desconocido Fernando Peña era su titiritero. Cuenta la leyenda que a Mir le pasó lo mismo, pero ¡arriba de un avión! Es que Peña era comisario de a bordo en una compañía de origen norteamericano y durante un viaje a Chile se le ocurrió interpretar ese papel. Mir pidió conocerlo, Peña le presentó varios de sus personajes y a partir de allí fue derecho a la radio, donde comenzó su carrera artística. Después vendría el desopilante Rafael Orestes Porelorti, un diputado/senador/ministro/puntero que nos hacía llorar de la risa con su perfecta interpretación un típico diputado/senador/ministro/puntero, y corría el año 1995. Sí, ya pasó tanto tiempo. Luego de un tiempo bajo el padrinazgo de Lalo y Elizabeth Vernaci, tuvo su primer ciclo radial y creó El Parquímetro con el que recaló en la radio Metro, donde este año cumplió 10 años con una maratón al aire de 24 horas con invitados especiales.
Por aquel entonces y ya instalado en los medios, se recuerda mucho su paso por el living de Susana Giménez, donde lanzó una de sus frases célebres: “No soy gay, soy un puto sufrido . En pleno gobierno de Fernando de la Rúa, el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) le levantó el programa por las malas palabras que decía, en un caso que fue denunciado como censura y que le generó un escándalo a la administración aliancista. En 2002, luego de sufrir una fuerte pulmonía, Peña dio a conocer que era portador de VIH y que debía ingerir constantemente los cócteles recetados por los médicos para combatir ese mal. Inmediatamente pasó al teatro donde realizó varias y polémicas obras por su crudeza y su humor fuerte como Esquizopeña, Intimidad Rioplatense; Esquizopeña, el Musical; Mugre; La burlona tragedia del corpiño; Ni la más puta, Sit Down Tragedy; y Gracias por volar conmigo, casi todos escritos por él. En TV, su primera aparición fue en la miniserie Sol negro. También participó en la miniserie Epitafios y condujo el programa La Isla flotante transmitido por Canal 7 en 2006. Su compulsiva necesidad de crear lo llevó a escribir en el año 2007 el libro Gracias por volar conmigo. En 2008 estrenó Diálogo de una prostituta con su cliente, que fue lo último que hizo sobre las tablas. Nacido en Montevideo, Uruguay, hace 46 años, Fernando Peña era hijo del recordado comentarista deportivo Pepe Peña –que trabajó con Dante Panzeri–, y de María José Malena Mendizábal.