Toda crisis, además de provocar grandes pérdidas entre los inversores, también genera oportunidades para quienes están pendientes de lo que ocurre, cuentan con el olfato afinado y el estómago preparado para poder aprovecharlas. La que se está desarrollando en estos tiempos no es una excepción.

Si bien en los últimos meses se produjeron grandes caídas en las bolsas de todo el mundo, hubo algunos especialistas del mercado que vieron con anticipación el tsunami que se avecinaba y buscaron sacar provecho de la situación.

Lo que hicieron fue muy simple: apostaron contra la corriente antes de que se desatara la crisis de la hipotecas subprime y se sentaron a esperar que ocurriera la catástrofe. Mientras millones de personas se quedaban sin hogares, varios bancos quebraban y otros tantos tambaleaban, ellos comenzaron a contar las suculentas ganancias que obtuvieron.

Si bien no siempre el mercado suele ver con buenos ojos a quienes se hacen millonarios a expensas de los desastres ajenos, la realidad es que lo realizado por Jeffrey Greene, John Paulson y Andrew Lahde en los últimos tiempos no es una novedad. George Soros ya lo había puesto en la práctica una década atrás cuando hizo tambalear a la libra esterlina y saltó a la fama mundial, algo que repetiría otra vez durante la crisis de los Tigres Asiáticos.

A pesar de que los nombres de Greene, Paulson y Lahde aún son desconocidos para la mayoría, se trata de los mayores ganadores de estos tiempos que serán recordados en el futuro como aquellos visionarios que vieron llegar la tormenta mucho antes de que comenzara a tronar y encontraron el refugio perfecto para su dinero.

El magnate del real estate

En el mundo de los negocios existen dos tipos de personajes: los que tienen grandes ideas y los que saben escuchar los consejos de otros y los ponen en la práctica. Los primeros no siempre llegan a buen puerto; en cambio, los otros son los que suelen cosechar las ganancias de las ocurrencias ajenas.

Existen numerosos casos de estos últimos, pero hay uno especialmente que sobresalió en esta crisis por utilizar las recomendaciones de un amigo: Jeffrey Greene. Este empresario del sector inmobiliario podría haber sido uno de los más perjudicados por la crisis, ya que impactó en el centro de su negocio; sin embargo, fue uno de los que más ganó.

Este californiano de 53 años, que ya contaba con una fortuna en su haber, decidió convocar “a todas las personas inteligentes que conocía para intentar encontrar un lugar donde poder invertir su dinero.

De esta forma, arregló una cena con John Paulson, un amigo suyo que administraba varios hedge funds (fondos de cobertura) en Nueva York, a principios de 2006, sin saber que allí hallaría la clave de su éxito.

Paulson le contó, entre plato y plato, que estaba buscando clientes para sus fondos para implementar una estrategia que estaba seguro que no podía fallar: comprar seguros contra el default (Credit Default Swaps o CDS) de hipotecas subprime. De esta forma, si el mercado de créditos de “baja calidad explotaba, se encontraría totalmente cubierto y obtendría millones, ya que el precio de estos instrumentos se dispararía hasta límites impensados. Cabe destacar que esta cena se llevó a cabo cuando aún faltaba un año para que comenzaran a aparecer los primeros indicios de la crisis en los Estados Unidos, cuando DR. Horton (una de las mayores constructoras del país) advirtió que sufriría grandes pérdidas por la caída del mercado hipotecas subprime.

A Greene le interesó la idea y le preguntó a su amigo si podía llevarla a cabo por su propia cuenta, a lo que Paulson le repondió: “nunca te lo van a aprobar . Lo que ocurre es que para poder adquirir estos instrumentos necesitaba que algún banco lo autorizara a hacerlo, ya que estas operaciones estaban destinadas sólo a los jugadores del mercado.

Sin embargo, el empresario no se dio por vencido ante estas palabras y comenzó a pedir el permiso para hacerlo. Varias entidades lo rechazaron pero, luego de diversos trámites burocráticos logró que Merrill Lynch y J.P. Morgan se lo permitieran.

Así, tomó u$s 30 millones de su fortuna personal y los destinó a la compra de los CDS en abril de 2006. Luego, reforzó la apuesta y sumó otros u$s 20 millones más a los mismos instrumentos.

A pesar de la confianza que tenía en las palabras que había escuchado de su amigo, los primeros indicios jugaron en su contra. Así, llegó a perder cerca de cinco millones de dólares en esta operación.

Pero estaba tan convencido de que estaba en el camino correcto que decidió mantenerse firme en su apuesta y mantuvo la posición. Su decisión fue la acertada. No sólo recuperó lo perdido sino que un año más tarde, contaba con u$s 800 millones en su cuenta bancaria, lo que significaba una ganancia del 1.500%, algo pocas veces visto en la historia en tan poco tiempo y en manos de un amateur.

De esta forma, pasó a ocupar el puesto 355 del ranking de la revista Forbes entre los 400 estadounidenses más ricos con una fortuna estimada en u$s 1.400 millones.

Más allá de este éxito irreprochable, Greene ya era millonario antes de apostar contra las subpime. Sin embargo, todo su dinero lo obtuvo desde la nada, ya que su madre era maestra y su padre había sufrido la quiebra de su empresa cuando él era chico.

Así, para poder cursar la universidad tuvo que trabajar de telemarketer. Pero sus habilidades salieron pronto a la luz y fue ascendido a supervisor de call center, gracias a lo que pudo ahorrar lo necesario para pagarse su MBA en Harvard.

Para 1977, realizó su primer negocio: compró una casa para tres familias con el pago de la primera cuota de un crédito y la alquiló. Dos años más tarde, ya contaba en su haber con 19 propiedades y, para 1991, tenía cerca de u$s 35 millones. Sin embargo, una crisis en el sector inmobiliario lo llevó a perder todo y a acumular una deuda de 15 millones de dólares por los créditos que aún le quedaban impagos para abonar las casas que había adquirido. Esto no lo detuvo. De esta forma, en 2006, tenía a su nombre 7.000 propiedades que alquilaba en el sur del estado de California y su fortuna estaba valuada en u$s 700 millones. Fue por ese entonces que consultó a su amigo y logró duplicarla en tan sólo 12 meses.

Consejero y visionario

Pocas veces un especialista suele revelar la fórmula del éxito públicamente y, menos aún, antes de implementarla. Sin embargo, existen excepciones. El caso de John Paulson es uno de ellos y como ya se vio, su amigo Jeffrey Greene supo aprovechar muy bien sus palabras. De cualquier forma, esto no redujo, en lo más mínimo, el alcance del éxito que obtuvo este administrador de fondos neoyorquino, ya que estaba más convencido que nadie de que su apuesta era correcta y que le generaría millones de dólares.

Paulson había seguido todos los caminos del típico operador de Wall Street: había obtenido un MBA en Harvard con honores y trabajado en el banco de inversión Bear Stearns, para terminar fundando su propia firma administradora de hedge funds, Paulson & Co. Desde allí, pudo poner en práctica su estrategia y comenzó a apostar contra la corriente, especialmente, en los activos vinculados con las hipotecas subprime en medio de la burbuja inmobiliaria.

Estaba convencido de que todos en el mercado estaban errados en pensar que los precios de las propiedades seguirían creciendo y que los bancos continuarían dando créditos sin restricciones a quien lo solicitara.

“La gente nos decía que los precios de las propiedades nunca habían bajado a nivel nacional, y que nunca había existido un caso de default de una hipoteca investment grade. Los expertos en hipotecas estaban demasiado metidos dentro del boom inmobiliario , afirma.

Por eso, a mediados de 2006, creó un hedge fund, el Paulson Credit Opportunities Fund, especialmente focalizado en esta estrategia y empezó a comprar seguros contra el default de hipotecas subprime que estaban baratos, ya que nadie creía que algo así podría llegar a ocurrir, al menos, en el mediano plazo. Con él, logró recaudar u$s 150 millones de clientes europeos que confiaban en su instinto.

Sin embargo, en un comienzo su apuesta resultó todo lo contrario a lo que pensaba y empezó a perder dinero. Los llamados de los inversores no tardaron en llegar. Las consultas estaban centradas en saber cómo haría para cortar la sangría. Su respuesta era la misma: “estamos aumentando la posición .

Finalmente, el tiempo le dio la razón y, para fines de 2006, comenzó a desplomarse el mercado real estate y los CDS que Paulson tenía en su cartera se dispararon y obtuvo una ganancia del 20%.

Tan convencido estaba de que iba en el camino correcto que a principios de 2007 redobló su apuesta y abrió un segundo hedge fund, el Paulson Advantage Fund, focalizado en la misma estrategia. Sólo faltaba restaba esperar los resultados, que no tardaron en llegar.

La caída de varias empresas vinculadas al negocio inmobiliario provocó una psicosis en los mercados que terminó por desplomar los precios de las propiedades y arrastrar a quienes habían pedido créditos para comprarlas. Así, los precios de los CDS terminaron por dispararse.

De esta forma, los fondos de Paulson obtuvieron ganancias millonarias: el Paulson Advantage Fund,creció un 159%, y el Credit Opportunities Fund el 352% en 2007, con lo que obtuvo beneficios por cerca de u$s 15.000 millones y lo convirtieron en el “rey de las subprimes .

De esta forma, su fortuna personal creció hasta alcanzar los u$s 4.500 millones, lo que lo ubica en el puesto 78 en el ranking de los 400 estadounidenses más ricos y en el 368 de la lista de mayores multimillonarios del mundo, realizados por la revista Forbes, con tan sólo 52 años.

Su éxito repentino le valió una invitación del magnate George Soros quien quería conocerlo y enterarse más acerca de su estrategia y otra del Senado de los Estados Unidos para que explicara sobre el rol que habían tenido los fondos de cobertura en la generación de la crisis.

En la actualidad, Paulson está buscando nuevas vetas para su negocio. Para esto, han lanzado un nuevo hedge fund que se centra en darle créditos a los bancos que necesitan efectivo debido a las pérdidas que sufrieron por la caída de las hipotecas subprime.

El hecho de haber conseguido su fortuna a costa de la quiebra de millones de personas lo llevó a que realizar una donación de u$s 15 millones al Centre for Responsible Lending, una entidad solidaria que brinda ayuda a las familias afectadas por la crisis. Incluso, suele decir en las entrevistas que le es difícil festejar sus resultados en medio de tantos inconvenientes económicos, aunque se reconoce satisfecho con el hecho de que sus fondos hayan ganado tanto dinero haciendo las inversiones adecuadas.

El inversor fantasma

El caso más interesante entre los grandes ganadores de la crisis en los Estados Unidos es el de Andrew Lahde, ya que no sólo era un desconocido en del mundo de las inversiones antes de que disparara el tsunami de los créditos hipotecarios sino que aún lo sigue siendo, por decisión pura y exclusivamente suya.

Este joven californiano de 37 años logró lo que tantas personas soñaron siempre: realizó un negocio exitoso y se retiró a disfrutar de los millones obtenidos. Jamás dio una entrevista, no existen fotos suyas en los medios y, en su propia empresa se niegan a dar cualquier información respecto de su vida, por lo que aún disfruta de caminar por las calles sin que nadie lo reconozca. Es algo así como el “fantasma de las subprimes .

Si bien su trayectoria es bastante corta, le permitió obtener su título en Finanzas en la Michigan State University y luego realizar un MBA en la University of California, todas entidades estatales, algo no tan común entre los grandes de los mercados de los Estados Unidos.

Sus primeros pasos en la industria financiera los dio en la administradora de hedge funds, Dalton Investments, donde pudo poner en práctica lo aprendido hasta entonces. Allí, permaneció hasta 2006 cuando decidió fundar su propia compañía en Santa Mónica, California: Lahde Capital Management.

Entre los productos que ofrecía, estaba el Residential Real Estate Hedge, un fondo que apostaba a que la burbuja hipotecaria de los Estados Unidos iba a explotar tarde o temprano.

Con este instrumento, obtuvo cerca de u$s 10 millones de clientes que confiaron en su instinto, una cifra reducida para lo que es industria financiera de su país. Sin embargo, los retornos fueron descomunales ya que se estima que ganó entre el 800% y el 1.000% en el último año.

Gracias a esto, también obtuvo cientos de millones de dólares fruto de las comisiones y operaciones que realizó. Y se conformó. Así, en septiembre de 2008 tomó una decisión inesperada: cerró su hedge fund valuado en u$s 80 millones, le devolvió el dinero a los inversores junto con los beneficios logrados y se retiró a disfrutar de su fortuna.

Pero a esta jugada maestra le faltaba un detalle para ser perfecta y Lahde supo llevarla a cabo. Al dejar su trabajo, escribió una carta de despedida que pronto circuló en Internet y llegó a los medios especializados de todo el mundo y provocó un cimbronazo entre los miembros de la industria financiera. En ella, criticó al sistema de valores capitalista y lo acusó de estar corrompido y sesgado hacia los intereses de una élite. A su vez, se lamentó por la crudeza con la que la crisis afecta a millones de personas.

También, atacó a la industria de administración de dinero, y aseguró que lo único que lo llevó a trabajar allí fue la posibilidad de ganar mucho dinero “fácil en base a los “idiotas de Wall Street.

“Yo estaba en este juego por dinero. La fruta que cuelga en las ramas bajas, es decir, idiotas cuyos padres pagan la preparación para la escuela, Yale y, a continuación, un MBA en Harvard, estaba allí para quitarles el dinero - señaló en la carta-. Estas personas que fueron (a menudo) realmente indignas de la educación que recibieron subieron a la cúpula de empresas como AIG, Bear Stearns y Lehman Brothers y está en todos los niveles de nuestro Gobierno. Todo este comportamiento de apoyo de la aristocracia sólo terminó haciendo más fácil para mí encontrar gente lo suficientemente estúpida como para llevar el otro lado de mi negocio. Dios bendiga a América .

Finalmente, anunció su retiro y se mofó de quienes están en el mercado y aún continúan trabajando siete días a la semana, pegados a un teléfono celular y creyendo que son dueños de un poder único.

“Tengo suficiente riqueza propia para gestionar -afirma en la carta-. Voy a dejar que otros traten de acumular ganancias netas de nueve, diez u once cifras. Mientras tanto, sus vidas apestan. Citas continuadas, llenos de reservas para los próximos tres meses, y que esperan con interés sus dos semanas de vacaciones para enero, durante las cuales probablemente se las pasarán pegados a sus Blackberrys u otros dispositivos. ¿Dónde está la gracia? .

Y así lo hizo y desapareció del escenario financiero mundial. Quién sabe, quizás cuando se aburra vuelva a las andanzas para intentar emular los aciertos que consiguió durante esta crisis.