Hernán López Bernabó conoce la industria farmacéutica desde hace 30 años. Su vocación es casi un legado familiar: su abuelo materno era accionista del laboratorio Bernabó, al que ingresó a trabajar cuando apenas tenía 17 años y en el que se formó en todas las áreas. Ya en el cargo de director fue el artífice de la fusión de la empresa con Microsules, lo que generó un jugador que, en los últimos años, se ubicó en el puesto número 20 del ranking de la auditora IMS.
Pero en 2003, el empresario decidió romper con el vínculo ancestral para lanzarse en un proyecto propio. Tenía claro que lo haría dentro de la industria pero que debía adaptarlo al complicado escenario del sector. Precisamente, el proceso de desinversión que se viene registrando desde la devaluación entre los laboratorios extranjeros, a través de la venta de sus centros productivos, encendió la idea de su nuevo modelo de negocios: la manufactura de medicamentos para multinacionales que ya no cuenten con plantas propias en el país. Así, tras una negociación de casi seis meses, López Bernabó se quedó en mayo con el establecimiento de la francesa Aventis, ubicada en San Isidro, a cambio de 7,8 millones de dólares.
No es todo. En los próximos tres años, la nueva compañía, bautizada HLB Pharma, invertirá cerca de u$s 3 millones en un plan de mejoras de la planta que le permita calificar para exportar a Europa y Estados Unidos.
“Nuestro negocio se basa en calidad y servicio. Está orientado a colaborar con firmas extranjeras en todo lo que necesiten, desde producción a oficinas o depósitos explica López Bernabó, que hasta mayo de 2003, y por nueve años, fue titular de Cilfa, la cámara que agrupa a los laboratorios nacionales.
HLB Pharma busca además tomar licencias de productos o administrar diferentes líneas farmacéuticas de sus clientes. “Pretendemos ser un aliado estratégico. No un tercerista o licenciatario , agrega.
La firma ya tiene su primer contrato. La operación de traspaso de la fábrica incluyó un acuerdo de largo plazo con Aventis –ahora fusionada con Sanofi– para seguir produciéndole sus medicamentos.
La planta –que elabora sólidos, líquidos, y cremas– tiene una capacidad de producción de 30 millones de unidades anuales, pero sólo está ocupada en un 35% por Sanofi - Aventis.
“Creemos que en un año trabajará a un 80% de su capacidad , agrega Bernabó. Y explica que existen conversaciones avanzadas con varias firmas que están pensando en vender sus establecimientos o derivar parte de su producción.
Más ventas
Según Bernabó, el proceso de reingeniería que iniciaron las multinacionales que vendieron sus fábricas para optimizar sus costos continuará este año. La primera fue la suiza Novartis, que, en diciembre de 2002, cedió su centro productivo al laboratorio local Phoenix. Un año después, la estadounidense Wyeth se desprendió de su predio de Quilmes, adquirido por Fada Pharma. Y en julio pasado, Richmond compró la planta de la holandesa Organon.
En el caso de Aventis, Bernabó señala que la intención fue concentrar sus inversiones en investigación y desarrollo. Y que la estructura de la planta quedó grande para la producción actual. “Fue una negociación conveniente para ambas partes , dice tras destacar que absorbió al 80% de los empleados de la operación industrial.