Qué tienen en común François Mitterrand, Bill Clinton y Fidel Castro? A simple vista, nada. Pero, si se observa bien, un rasgo nítido los emparenta: los tres, en sus distintas carreras, aplicaron principios de liderazgo y gestión aprendidos durante su infancia en escuelas y colegios jesuitas. Y los tres, cada uno a su modo, triunfaron.

Quien también llevó a la práctica estos valores es Chris Lowney, un ex seminarista jesuita que de un día para el otro interrumpió su vocación religiosa para asumir un cargo de importancia en la financiera JP Morgan. Allí, como director administrativo y durante 17 años, adoptó varios de los principio y métodos de la Compañía de Jesús, que resultaron eficientes a la hora de ejercer un liderazgo exitoso y plasmar ingeniosas oportunidades de negocios. “¿Qué saben los jesuitas que no sepa el resto? , fue la pregunta obligada que se hicieron muchos gurúes y expertos en management. El propio Lowney aceptó dilucidar el misterio en su libro “El liderazgo al estilo de los jesuitas: las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el mundo . Y compartió parte de este secreto en una entrevista via mail con El Cronista.

“Vivimos en una época que desborda de información sobre management, marketing o recursos humanos , diagnostica Lowney. Sin embargo, en su libro aparecen testimonios de especialistas que ubican el deficit de liderazgo actual en torno al 400 por ciento. ¿Por qué? El problema no estaría tanto en la cantidad de información reunida, sino en los enfoques con que se la aborda.

Los cuatro mandamientos

“Una de mis críticas a los libros de liderazgo es que suelen presentarse como poseedores de grandes ideas o soluciones. Nos hacen sentir que podemos comprar un libro en el aeropuerto de Buenos Aires, leer un par de claves y llegar a Córdoba como mejores líderes , critica Lowney, revelando su conocimiento de la Argentina, a donde viajó durante su trabajo en JP Morgan. Y argumenta: “El buen liderazgo es un proceso que dura toda la vida . Según Lowney, sería positivo dejar de insistir con fórmulas de directores deportivos o ex militares, que tanto gustan a los ejecutivos para, en su lugar, probar con los cuatro valores del modelo jesuita de liderazgo: autoconocimiento, heroísmo, ingenio y amor. Su fundamento es sencillo. “Los principios jesuitas funcionan porque muestran un cierto conocimiento sobre la persona humana , resume

El autoconocimiento, por ejemplo, no sólo le sirve al líder para reflexionar sobre quién es, qué quiere y para qué está en el mundo, sino también para poner la lupa sobre cuestiones más cotidianas. “Muchos ejecutivos están tan absortos por el día a día que llegan al final de la jornada, sin si quiera haberse puesto a pensar en la prioridad principal , señala Lowney y sugiere la técnica jesuita de detenerse 3 o 5 minutos por día para replantearse las acciones tomadas hasta el momento.

En cuanto al heroísmo, el ex director de JP Morgan explica en su libro que el líder no alcanza ese estatus por la escala de oportunidad a la que se vea expuesto, sino “por la calidad de respuesta que éste pueda conseguir . Postura que conlleva al siguiente principio, el ingenio. Para Lowney, un líder ingenioso es aquel que “introduce enfoques novedosos y no teme abandonar, si el contexto lo pide, una estrategia exitosa. Como describe el ex seminarista en su libro, esto se debe a que a diferencia de otras congregaciones católicas, en general más conservadoras en cuanto a gestión, “la Compañía de Jesús debió enfrontar distintas persecuciones a lo largo de sus 450 años de historia, incluso de parte de la propia Iglesia, lo que los llevó a desarrollar un importante desapego a fórmulas ya probadas como exitosas .

Un historial de éxitos

Otra clave para los jesuitas es el papel del amor en la conducción de un líder. Lowney remarca que mientras las teorías clásicas postulan “modelos maquiavélicos o darwinistas en los que priman el temor o la cruda competencia, los jesuitas se mueven con la idea de que “todas las personas tienen potencial de liderazgo y que “los verdaderos líderes son aquellos que saben abrir ese potencial en los demás . Si el ex presidente estadounidense Harry Truman afirmaba que el liderazgo “es el arte de persuadir a la gente para que haga lo que ya debería haber hecho , para los hombres conducidos por San Ignacio de Loyola lo importante no era que los novicios obedecieran anticipadamente, sino que adquirieran nociones propias de acción movidos por una actitud positiva y de amor. “Mi experiencia en JP Morgan me enseñó que los mejores grupos de trabajo que integré fueron aquellos en los que procurábamos apoyarnos mutuamente, evitar hablar mal a nuestras espaldas y sacar lo mejor de cada compañero , rememora.

“Yo trabajaba en un banco de inversiones, una de las industrias más duras del mundo, por lo que sé que la palabra amor puede sonar extraña en un contexto de negocios , reconoce Lowney. Pero destaca que a los jesuitas los respalda una estadística favorable de emprendimientos exitosos que incluye desde la fundación de San Pablo y la negociación de la frontera ruso-china hasta la invención del calendario vietnamita y, por supuesto, la educación bajo los principios jesuitas de millones de personas en todo el mundo. “Invito a la gente a considerar mi libro no porque los jesuitas fueran buena gente o religiosos, sino porque presentan un modelo de manejo de una compañía exitosa, que también posee principios , explica.

La revaloración de los éxitos de gestión de los jesuitas va a la par de la irrupción de las llamadas aptitudes blandas introducidas por autores como Daniel Goleman y su promocionada inteligencia emocional. Según Lowney, no son casuales varias similitudes entre el planteo jesuita y el de Goleman: “Veinte años atrás, creíamos que las aptitudes blandas eran útiles pero no esenciales. Ahora sabemos que son tan esenciales como las aptitudes técnicas , observa.

Lo interesante es que estos principios blandos que siguen los jesuitas siempre tuvieron una correspondencia tangible con el funcionamiento de sus compañías. Contar con personal multifuncional, ejercer gerenciamientos trasnacionales y lograr una circulación de las mejores prácticas, apunta el ex director de JP Morgan, son justamente algunos de los atributos de las organizaciones jesuitas que las empresas de hoy buscan incorporar. Esto sucede porque, según Lowney, existen varias analogías, entre la época en que la Compañía de Jesús se fundó y la actual.

Si en el siglo XVI Ignacio de Loyola y los suyos debieron afrontar la incorporación de un nuevo continente, la invención de la imprenta y la asunción de nuevos paradigmas como el protestantismo, hoy los ejecutivos deben adaptarse a la emergencia del mercado global, la creación de internet y al surgimiento de concepciones novedosas como el posmodernismo y la liberalización de las relaciones sociales. “Estoy seguro de que el mismo tipo de principios generales que sirvió a ellos, puede servirnos a nosotros en estos ambientes turbulentos y altamente cambiantes , concluye.

Juan Strassburger