La economía ha iniciado un proceso de recuperación, trans-

formado posteriormente en crecimiento, luego de la salida

del régimen de convertibilidad, mientras la tendencia de creación de empleo ha impactado favorablemente sobre los niveles de desocupación. La sustitución de importaciones ha sido uno de los resortes básicos del repunte. Pero el actual modelo, si es que la actual política económica merece ese calificativo, está lejos de lo que el país conoció en el pasado como una “industrialización sustitutiva de importaciones .

El Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda) sostiene este punto de vista, y arriba a la conclusión de que las condiciones laborales heredadas de 30 años de desindustrialización, no serán revertidas en lo sustancial por la presente política del gobierno.

El último informe trimestral del Centro, bajo el título El trabajo en la Argentina, condiciones y perspectivas, destaca la desaceleración que registra la creación de empleo: frente a una tasa interanual de 8,3% en el primer trimestre de 2004, en igual período de este año la variación fue de sólo 2,3%, en medio de una tendencia claramente declinante. La elasticidad empleo-producto sigue una curva similar. Es cierto que en comparación con los años 90’, la relación es mucho más alta: en el período 1991-1994, por cada punto que crecía la economía el empleo aumentaba sólo 0,16%. En cambio en el 2003 esa proporción aumentó a 0,78. Sin embargo durante el año siguiente bajó a menos de medio punto, 0,46 más precisamente.

Tampoco el salario se recuperó plenamente. A pesar del impacto favorable del proceso de reactivación económica, el nivel del salario real se ubica todavía 25% por debajo de los registros de octubre de 2001.

¿Hasta qué punto puede hablarse de un proceso de reindustrialización sustitutivo, en los términos del conocido en el período que va de mediados de los ’30 hasta la primera mitad de los ’70, y en especial en los años que median entre 1950 y 1975?

El estudio del Cenda señala que en los períodos 1950-1973 y 1964-1973 la industria era el sector más dinámico de la economía, con crecimientos anuales de 5,4% y 8,1% respectivamente. En esos años la producción fabril equivalía a un tercio del producto total. Luego de casi tres décadas de desindustrialización, la producción fabril alcanzó a 14,% del PIB en 2004, y la relación empleo industrial/empleo total fue en ese año de 14,8%, en comparación con 26,4% alcanzado en 1950-1973.

En materia de nivel de empleo las diferencias son también evidentes. Descontados los planes asistenciales, el nivel de desocupación ronda el 16%. En cambio, en el período 1964-1973 las tasas siguieron una curva declinante, oscilando entre 7,8% y 4,5%. Otro tanto ocurre con los salarios, y con los niveles de pobreza e indigencia.

En el comercio exterior la situación no cambió decididamente. El peso de las exportaciones primarias y agroindustriales con bajo valor agregado sigue siendo decisivo, mientras que la economía depende de las importaciones de bienes de capital, en ausencia de una red de proveedores locales, destruida a lo largo de casi tres décadas.

Ante este cuadro, el trabajo del Cenda señala la ausencia de políticas que orienten el desarrollo industrial. Esta ausencia “ha provocado que el proceso de crecimiento empiece a mostrar signos de desaceleración. De esta manera, parece difícil que se vuelva a presenciar condiciones laborales similares a las de la ISI (industrialización sustitutiva de importaciones), concluye el estudio.