

Por alguna razón, en los últimos tiempos volvió la pasión por los compartimientos secretos. La tendencia abarca desde los muebles con pequeños cajones escondidos a los anillos que se abren y los medallones que guardan fotos o mechones de pelo. Propios de épocas más románticas o más peligrosas –los anillos que se abren se llaman en inglés poison ring, para recordar el uso que se le daba en la época de Lucrecia Borgia–, estos objetos tienen reencarnaciones inesperadas. Algunos anillos vienen provistos de una diminuta espiga de metal para insertar un algodón impregnado en aceite esencial. Y hay quien los usa para llevar aspirina o edulcorante. Boucheron, por ejemplo, además de ofrecer estos anillos, diseñó un colgante que se desenrosca para ocultar mensajes y se vende con un mini-anotador.
También han vuelto los alhajeros con doble fondo disimulado y los escritorios con cajones secretos, como los que diseña David Linley, el famoso diseñador de muebles y marquetería británico. Para él, esta es una forma de incorporar humor al diseño. “Evidentemente, hoy en día hay mejores maneras de esconder algo , agregó Linley.










