

Lo bueno de la semana
Vale la pena dividir entre lo político y lo económico. En lo político, hubo un buen saldo respecto de la presencia oficial en el plano internacional-diplomático, por el desempeño del Gobierno en la asunción del Papa (aspectos de prolijidad que tranquilizan a una parte de la población), incluyendo la visita espontánea del Presidente a la tumba de Wojtyla. Aunque parezca un dato menor ayuda a un buen humor social. En lo político más profundo, estuvo bien el bautismo de inicio de campaña del oficialismo. La manifestación y la presencia de Cristina Kirchner destraba y despeja de conjeturas y tiende a descomprimir (a pesar de no haberse declarado como candidata). En lo económico, lo referente al acercamiento entre Gobierno y sectores. La noticia sobre el mejoramiento de las intenciones de invertir por parte de capitales extranjeros.
Lo malo de la semana
Lo referente a los conflictos y reclamos de todo tipo y los que se relacionan con la alteración de necesidades básicas como los hospitales, son aún peor. Genera una sensación de vulnerabilidad alta, percepción de descontrol y de avance de intereses netamente sectoriales por sobre una salida en conjunto. Desde lo político, lo malo es la visualización que se hace de la estrategia del oficialismo para estas próximas elecciones dejando a la oposición en una posición debilitada.
Lo urgente
La solución del tema energético, necesita aportes o palabra oficial en el corto plazo. Se requiere una explicación. Ya que es un tema de por sí de peso, si se maneja sin mensajes claros aunque la solución no esté genera incertidumbre y tiende a magnificarse.
Lo que hay que seguir con atención
Los movimientos de capitales e inversiones que comenzaron a producirse la semana anterior y continúan en esta. Algunos con menos riesgos que otros, pero que pueden provocar diferencias de posicionamiento. Edenor, la partida de los franceses y la posible adquisición por capitales no tradicionales en el rubro. El interés y gestos de gobiernos como el de Santa Fe por hacerse cargo de una empresa privatizada como la de aguas, a raíz de su partida. La redistribución de empresas tradicionales como Loma Negra y el Ingenio Concepción.










