

Desde los principales puntos de la Costa Atlántica hasta las aguas esteñas, un pantallazo de la mejor gastronomía de la temporada.
A la hora de las vacaciones, además de disfrutar al máximo del sol y la playa, el paladar se vuelve más exigente. Por eso, la ambientación de los restaurantes pesa tanto como la calidad de sus recetas.
Por el lado de la geografía esteña, como es costumbre todos los veranos, resurgen, mutan o se agrandan los restós, bares y boliches del otro lado del puente de La Barra.
En las playas de José Ignacio, el reconocido restó Los Negros del chef Francis Mallmann se multiplica porque abre las puertas de un nuevo local en Pueblo Garzón que se presenta como la sorpresa para la temporada 2005.
El nombre de Los Negros se debe a que sus anteriores dueños eran negros y en la puerta habían colocado una chapa con la figura de dos de ellos que aún conservan. El tipo de comida que ofrecen es de autor y más bien internacional. En cuanto a los precios, los mismos varían entre los u$s 25 y u$s 40.
El multiespacio 121, que resultó la revelación en 2004, es el lugar elegido para los que prefieren la comida mediterránea. Entre su menú, los platos especiales son las tapas y el sushi. Está ubicado en Los Teros y Zorzales, en José Ignacio y el valor por persona ronda entre los u$s 11 y u$s 30.
Para almorzar con la vista a la playa, el Parador La Huella de José Ignacio amplía su carta de sabores. Al clásico menú de pescados, cordero, colita de cuadril y matambrito de cerdo a la parrilla, se suma un sushi bar.
El otro clásico de La Barra es Arretxe, un restó y bar ideado por Margarita Blaquier, que supo convocar a famosos el verano pasado. Se trata de un espacio con ambientación artística, colmada de cuadros del pintor francés Patrick D‘Esperies.
Más hacia La Barra, la sorpresa estará a cargo de Coyote Ugly que competirá este verano en la noche con mozas cordobesas y el clásico neoyorquino Novecento que hace varias temporadas desembarcó en tierra uruguaya y que también cuenta con sucursales en Las Cañitas y Martínez.
El restaurante de autor Bistró de Mar, de Hernán Taiana, ubicado en la Parada 49, a la altura de La Barra, tiene capacidad para 50 comensales. El valor del tenedor oscila entre los u$s 15 a los u$s 20.
Otros lugares para tener en cuenta son Mandarina, un restó de comida italiana ubicado en La Barra, donde se puede comer por u$s 10, y el infaltable Cactus y Pescados, especializado en mariscos.
En la península, las propuestas son más tradicionales. Está Blue Cheese, que tiene una carta internacional, y cobra entre u$s 10 y u$s 20 por persona.
En la costa argentina
Pinamar, Cariló y Mar del Plata también pisarán fuerte en materia culinaria.
En Pinamar, uno de los recomendados es El Viejo Lobo, donde se pueden probar unas rabas por $14 o una cazuela de mariscos por $35. De todos modos, la carta también contempla minutas como milanesas con fritas ($10), el clásico bife de chorizo ($14) y hamburguesas. Su valor agregado es su estratégica ubicación, en Avenida del Mar y Bunge.
Una novedad de este año es Jalisco, de comida mexicana, que también cuenta con una sucursal en Cariló. Está ubicado casi en la rotonda de Bunge y Libertador, punto clave del encuentro nocturno. Allí habrá presentaciones de mariachis.
Para una noche oriental, Sensei Sushi se ubica sobre la Costanera frente al mar. Tras la unión de los restaurantes Bokoto, de Las Cañitas, y Cloe, de Belgrano, nació esta propuesta con centro en el sushi, aunque también es posible comer pastas y lomo.
El parador Posta Sur, en Av. del Mar y Tritones, funciona como balneario de día y como restaurante nocturno, con especialidad en la comida mediterránea.
El verano también se presta para una parrillada. En Pampa Grill, sobre Bunge, se puede comer una parillada completa, acompañada por una ensalada como guarnición y postre para dos personas a $ 45. Il Garda, en Shaw, le dará el toque italiano al verano. El precio de los capellettis o ravioles a la bolognesa es de 13 pesos.
Para los más informales, en el bar Quetzal la especialidad es la tabla criolla con variedad de salames, quesos y calentitos para dos personas($ 22) y la cerveza artesanal en chop ($ 4,50) con el toque musical de la noches con shows de tango y jazz.
Siguiendo la ruta hacia Cariló, la novedad es Camelia Sensi, un restó especializado en fondues. El lomo a la piedra para dos personas vale $ 66, la fondue bourguignonne de aceite y carne o dos quesos cuesta $ 49 para dos personas.
La comida española se destaca en el Paseo del Bosque. En el bar de tapas, ofrece bondiola serrana con batatas a un precio de $ 16.
Rancho Aparte es una parrilla en la Galería Las Alondras sobre la calle Divisadero, que pertenece al mismo dueño de La Gamba en Pinamar y la casa de té Tante.
En la calle Avellano, muy cerca del centro comercial, se encuentra De mi Campo, con carnes a la parrilla, minutas y pastas imperdibles.
Para las comidas con base en harina, Salvatore Pizza elabora productos a la vista en la feria del Bosque. Hay empanadas, calzones y cervezas importadas. La especialidad es la pizza a la pala en horno a leño que, para tres personas, cuesta $ 16.
En Mar del Plata, la heterogeneidad de la oferta es inmensa. Lelé de Troya es una mansión colonial española de principios de siglo ubicada en Cabo Corrientes a cien metros del mar. La tendencia culinaria es mediterránea artesanal con una influencia de Medio Oriente. Por último, también se destacan Trenque Lauquen, de la Costa ubicado sobre el Boulevard marítimo, y las tradicionales pizzerías Los Inmortales y Valentino, que ofrecen 60 variedades.










