Esto termina mal , “del otro lado no hay opciones , “antes fundieron al país y ahora nos dan clases , o el devastador: “en este país no hay memoria , son frases frecuentes en cualquier charla que nos muestran a muchos como émulos de Leonard, el personaje principal del film Memento.

Recordemos algunos trazos de la película: Leonard sufre un trauma cerebral que le provoca amnesia anterógrada. Es incapaz de acumular nuevos recuerdos, pero posee memoria sensorial y recuerda cómo realizar acciones cotidianas. Para acordarse de los sucesos de su vida y tener un registro de la gente con quien se relaciona crea un método: usa fotos instantáneas, toma apuntes, se tatúa pistas.

Lo antedicho permite una rápida asociación con personajes, conductas y situaciones diferentes. Kirchner, Duhalde, Macri, Carrió y otros, completarían un excel de “conducta Memento con sólo ver los documentales que resumen fallidos o afirmaciones inmediatamente desmentidas. Pero hay otra mirada -parcial, introspectiva y breve- de algunos de nuestros comportamientos que podríamos llamar “nuestro lado Memento .

Que no suene a indignación, pero ¿en qué momento, la opinión medianamente trabajada y crítica ha sido sustituida por un tipo de comentario superficial y prejuicioso que tiene como toda riqueza dos versiones: el fervor de una ilusión verticalista que celebra decisiones como si fuesen goles y un pesimismo agorero, quejoso e impotente? Así, los análisis de lo que nos pasa como sociedad se vuelven slogans, se repiten y en minutos reposan en las mesas de los bares como verdades únicas pero efímeras. En nuestro modo de comentar o vivir los sucesos de la historia, parecería que las palabras son ya puro adjetivo, apasionamientos de signos opuestos siempre en estado puro, pobres de sentido.

El origen de esas frases reafirma que el modo en que procesamos “lo que pasa es un modo cultural. Hace menos de 60 años la intención política era alfabetizadora, imponía formar un público lector, hoy pareciera que para entender/saber lo que sucede alcanza con “horas culo frente a la tv. Y una de sus resultantes es que la mediatización es la primacía en la que un personaje puede ser delineado, inventado, configurado y lanzado al ruedo; donde importan los ademanes y los barnices publicitarios. En ese espacio podemos votar, incluso, contra los intereses materiales o los derechos conquistados. Casi, como si no tuviera efectos. Así, más temprano que tarde, sabiéndonos mortales (memento mori), terminamos frente a un espejo mirándonos -como Leonard -los tatuajes. Pero los reinterpretamos y les damos la traducción que en ese momento necesitamos para luego quejarnos con la compartida muletilla de: “esto no cambia más .