La decisión del presidente Néstor Kirchner de suspender las exportaciones de carne por 180 días puede tener otras lecturas, pero resulta inevitable concluir que desde el punto de vista estrictamente económico, es negativa para la Argentina en el largo plazo.
La prohibición de exportar aparentemente alcanza a más del 80% de las ventas al exterior, que en el año pasado totalizaron 1.400 millones de dólares, y que este año seguramente iban a superar ese nivel, aprovechando las buenas condiciones del mercado mundial. No es despreciable un monto que representa más del 15% del superávit esperado para este año.
Consecuentemente, la medida va
a generar quebrantos en muchos sectores que no tienen ninguna responsabilidad directa en lo sucedido en el Mercado de Liniers en estos días. Hay muchos frigoríficos que no exportan fundamentalmente cuota Hilton (que fue exceptuada de la prohibición), y que tienen embarques comprometidos para las próximas semanas, de carne que ya han comprado. Hay mercados recientemente recuperados o conquistados, que al ser abandonados agrava nuestra mala fama de “proveedores no confiables . Todos estos frigoríficos han generado más de 15.000 empleos en estos años, que representan una suma igual de familias que desde anteayer tienen la angustia de no saber si mantendrán sus trabajos.
También es un golpe a las expectativas de los miles de productores ganaderos, que estaban volviendo a creer en esta actividad tan poco rentable en las últimas décadas, y a la que ahora nuevamente apostaban reteniendo vientres, e invirtiendo en sanidad y pasturas, para cumplir las exigencias de los mercados externos. Los ciclos ganaderos son muy lentos, y si viene nuevamente un período de liquidación de vientres, estamos condenándonos a una menor oferta de carne por muchos años más, a cambio de una efímera mayor faena en este otoño/invierno.
¿Se benefician los consumidores? Obviamente los precios serán más bajos en los próximos meses, y los índices de inflación reflejarán esa circunstancia. Pero, ¿quienes se benefician más, los de altos ingresos que compraban los bifes y los lomos, o los pobres que estaban empezando a consumir nuevamente asado y milanesas? Decididamente los primeros, ya que los cortes de exportación son mayoritariamente, aunque no exclusivamente, los de mayor valor. Seguramente va a bajar más el precio del lomo que el del asado. Y si lo que se proponía es mantener estable el precio de los cortes populares, había medidas más específicas que se podrían haber tomado (ver artículos en El Cronista del 13 de febrero, y de La Nación del 8 de febrero de este año), que no implicaban un costo de mediano plazo tan importante a una industria que esta generando empleo, divisas e ingresos fiscales, que son las tres cosas que han posibilitado el éxito de esta política económica desde el 2002.
Seguramente hay razones políticas en la decisión del Presidente, que pueden estar referidas a la representatividad del Mercado de Liniers. Ojalá sea así, porque en ese caso hay una posibilidad que la medida sea reconsiderada, si los diferentes sectores de la industria y la producción, son capaces de proponer un plan que permita reconciliar los objetivos de corto plazo –que no suban los cortes populares– con lo que el país necesita: lograr que la Argentina sea una potencia ganadera.
Economista. Miembro del Consejo Editorial de El Cronista