En la UCA, durante la primera mitad de la década de 1960, estudiábamos a fondo el conflicto entre eficiencia y distribución del ingreso. No en abstracto, sino a propósito del caso de la carne vacuna, producto de exportación que en ese momento insumía 15% del gasto total de los asalariados. La “materia prima para el debate la proporcionaron las fuertes devaluaciones de Arturo Frondizi de fines de 1958, y de José María Guido en abril de 1962. Carlos F. Díaz Alejandro, Marcelo Diamand, Aldo Ferrer, etc., eran las lecturas obligatorias de entonces.

Con el tiempo, el debate se clarificó utilizando un gráfico, en cuyo eje horizontal se miden las cantidades y en el vertical los precios. Aparecen las demandas interna e internacional del producto en cuestión, así como la oferta local. Es fácil mostrar como, en el caso de un producto que tanto se demanda local como internacionalmente, una devaluación real y/o un aumento del precio internacional, eleva el nivel de producción, reduce el de demanda interna, y por consiguiente aumenta el volumen de exportación por las 2 razones mencionadas. También es fácil mostrar como una retención a la exportación, al reducir el precio neto que percibe el productor, no alienta a aprovechar la mejora en la rentabilidad (ineficiencia) pero tampoco deteriora la demanda interna (distribución del ingreso). Tampoco es difícil demostrar que un impuesto de suma fija, como el impuesto a la tierra, permite “superar el conflicto entre eficiencia y distribución, porque aumenta la producción, baja el consumo interno del producto más deseable internacionalmente, pero redistribuye el beneficio de la mayor producción, por ejemplo, entre los contribuyentes impositivos, vía reducción de alguna otra alícuota; superación clara “en los papeles , de difícil implementación.

El conflicto entre eficiencia y distribución del ingreso, centrado en la carne vacuna, nos acompañó durante un buen tiempo. Lo cual explica las retenciones a las exportaciones durante la gestión de Adalbert Krieger Vasena, las vedas de carne vacuna, etcétera.

No más. No sé si cambiamos la dieta, dejamos de exportar carne vacuna, o las 2 cosas a la vez. Lo cierto es que luego de la maxidevaluación de 2002, ningún funcionario salió corriendo a “hacer algo para que el precio de la carne vacuna no destruyera el poder adquisitivo del asalariado.

El conflicto tampoco se planteó en el caso de la soja, porque el consumo local del producto es muy reducido. De manera que en este caso la retención a la exportación, obedeció exclusivamente a razones fiscales.

Pues bien, la tensión entre eficiencia y distribución del ingreso ha vuelto a plantearse, pero esta vez no a propósito de un bien alimenticio, sino referido al caso de los combustibles. De donde surge una conclusión importante: la clave del conflicto está en la simultánea demanda local e internacional de un bien, a la luz de fuertes devaluaciones y/o modificaciones en el precio internacional, y no en la naturaleza del producto en cuestión.

Argentina exporta petróleo y derivados, y también los consume localmente. El tipo de cambio real hace bastantes meses que no se modifica, pero el precio internacional del petróleo subió algo así como 50% en lo que va de 2004. En ausencia de medidas de política económica, las empresas petroleras exportarían más, porque producirían más, y porque el consumo local de combustibles bajaría, como consecuencia del aumento del precio. Este resultado “eficiente fue considerado inapropiado por las autoridades, quienes privilegiaron la “distribución del ingreso . El precio neto del barril de petróleo, para las empresas petroleras, se ubica entre u$s 24 y u$s 25, independientemente del precio internacional. Es una decisión política, como también lo sería la contraria. Y pedirle al gobierno que grave con un impuesto de suma fija, la ganancia de capital de las empresas petroleras, deje que el precio interno de los combustibles refleje el precio internacional, y con la mayor recaudación disminuya la alícuota de algún impuesto, es pedir demasiado.

Una del par de tradicionales empresas petroleras privadas que operan en Argentina, estaría por dejar nuestro país, vendiéndole sus activos a la petrolera venezolana y Enarsa, la nueva empresa pública argentina. Más allá de lo que cada uno piense sobre el funcionamiento futuro de dichas instalaciones (¡menos mal que no son las únicas destiladoras y expendedoras de combustibles!), debe puntualizarse que se trata de un subproducto de las retenciones a la exportación. Porque; ¿a qué precio compra petróleo, una empresa que “sólo destila y expende el producto? A precio internacional, se funde, porque el precio local de los combustibles no refleja dicho precio internacional de la materia prima; y a precio internacional, neto de retenciones, me pregunto qué incentivo tienen las otras empresas, que sí hacen exploración y explotación, para venderle (no es lo mismo dejar un campo en barbecho, que reducir el ritmo de exploración y explotación petroleras).

Ayer, carne vacuna; hoy, combustibles. El conflicto entre eficiencia y distribución del ingreso está en la esencia de buena parte de la política económica.

¡Animo!