La situación de desequilibrio que sufre Europa, en particular Grecia, está relacionada al marco organizativo de esas economías en lo monetario, regulatorio y fiscal. La política monetaria al tener una moneda común, ha dejado de ser un instrumento de cada país, y en consecuencia, la gestión de la política fiscal y los mecanismos regulatorios tienen que tener en cuenta que no va a ser el tipo de cambio el que va a realizar la corrección ante la eventualidad de desequilibrios, sea debido a la inconsistencia de políticas o a un shock de naturaleza externa que altere las condiciones económicas que enfrenta cada uno de los países.
Cuando no existe moneda propia o es inmodificable la paridad, la corrección de los desequilibrios tienen que acomodarse por la política fiscal y la flexibilidad de los mercados de bienes y servicios. Si no existe esa flexibilidad, sea producto de no haber ahorrado en los momentos de auge para poder amortiguar los momentos de receso, como no tener una capacidad de acomodar el ciclo económico en las políticas de ingreso, la adaptación de los desequilibrios se verifica no por precios sino por cantidades.
Así ocurrió en nuestro país a comienzos de este siglo. La acumulación de deuda por los defasajes fiscales de los 90 y el shock externo, forzaron un fuerte ajuste en cantidades. El problema que enfrentan los países del sur de Europa es similar. Hay tres temas centrales: Cómo corregir este desequilibrio, cómo financiar, si existe un desequilibrio preexistente, su adaptación en el tiempo y cómo darle flexibilidad al sistema de manera que las correcciones no ocurran en cantidades y en sub ocupación de recursos, sino que sea de corrección de precios relativos.
¿Qué pasa cuando los hechos ya ocurrieron? Por ejemplo, como le pasó a la Argentina en el 2000, y como le pasa a Grecia y en menor medida a España y Portugal. Cuando se ha acumulado una enorme deuda fiscal, ¿qué hacer con eso?
Existe un gran debate en la Comunidad Europea sobre si se va a tener confianza para dar tiempo para que las política rectoras cumplan su rol, si va haber financiamiento para que ese proceso no se haga en el momento más recesivo sino que se haga en el momento de la recuperación, y como prevenir para que este episodio no vuelva a ocurrir.
En una economía como la nuestra, los mecanismos tenían que ver con la arquitectura financiera mundial, en este caso el único organismo con capacidad de hacer préstamos no mercantiles es el Fondo Monetario Internacional, y a este se recurriría inevitablemente para financiar ese desequilibrio, para abaratar la carga de intereses, y para mejorar la previsibilidad y la sustentabilidad del proceso de corrección.
La segunda cuestión, es que la magnitud de los recursos. En el programa del año 2000, el apoyo financiero a nuestro país fue insuficiente para facilitar esa corrección en un tiempo prolongado. Este tema es crucial en los países del sur de Europa, porque los desequilibrios son muchísimo más complicados que en el caso de Argentina.
Se podría decir que la corrección planeada en Grecia es 16 veces en término del producto, la corrección propuesta por nuestro equipo económico en marzo del 2001, que era 0,6% del producto. Y alrededor de 5 veces la corrección estructural que era de 2 puntos del producto. Para resumir, en Grecia hubo una reducción de 10 puntos del producto en gastos primarios. En general, la clave de este proceso es hacer sostenible la deuda. Por ello no es tan importante, y ese es el error de las políticas que se proponen, concentrar correcciones en el corto plazo.
En el corto plazo hay que financiar el proceso para no agravar la recesión. La clave es que la consolidación sea muy significativa en el largo plazo, y eso tiene que ver con los regímenes de previsión, de salud y de responsabilidad del gasto primario que han asumido los estados, respecto a lo que es viable financieramente, y respecto a lo que sus países vecinos han hecho.
La clave es que el riesgo en estos casos es el contagio. Una crisis en estos países va a tener un impacto muy serio en el sistema financiero, y como aprendimos con el caso de Lehman Brothers, una vez que esto empieza es difícil detenerlo.
Por lo tanto, es deseable que exista la coordinación, la decisión y la voluntad de evitar que la crisis de confianza alcance una dimensión que obligue a correcciones de una magnitud mayor.
En el caso de nuestro país, desgraciadamente no se pudo obtener ni el respaldo de la opinión pública ni el de la coalición de gobierno de aquél entonces, ni tampoco el financiamiento necesario, y la salida traumática le generó a la Argentina un costo inmenso, en términos que no ha podido finalizar, en las condiciones excepcionalmente favorables del mundo, los contenciosos jurídicos que vienen de los años 90. Este impacto y la resolución de la crisis europea, va a ser muy ilustrativo sobre la alternativa que nosotros seguimos y los costos que eso nos impuso.