Un hombre viejo pasa sus días en silencio sentado en el banco de una plaza. Nada lo perturba; no emite sonido ni palabra, pero escucha. Tiene una amiga, Sofía, que trabaja en un bar. Ella le acerca comida. De repente, un día el viejo desaparece de la plaza. Y no vuelve más. Justamente esa ausencia desencadena la trama de "La pieza del fondo" (edhasa), la última novela de Eugenia Almeida que también fue publicada en Francia.
¿Cuánto estamos dispuestos a hacer por los otros?, ¿Podemos salvar a alguien de su dolor? Estas son las dos preguntas que se cuelan en el entramado del relato, un texto que transita desde la libertad que supone una plaza hasta las instituciones de encierro, como una comisaría y un neuropsiquiátrico, en plena época menemista.
En díalogo con cronista.com, Almeida, licenciada en Comunicación y periodista, además de escritora, habla de su novela y de la necesidad imperiosa de acercarse a los otros.
-En "La pieza del fondo", el viejo de la plaza, el personaje principal, no habla, no se mueve y de repente desaparece. ¿Qué relación ve usted entre él y Sofía?
-La relación entre ambos es un encuentro que admite la diferencia. Es un encuentro verdadero que no exige la palabra como condición indispensable. Parece que se aceptan tal cual son: ni ella pide que hable, ni él le pide que se calle.
-Ella siempre quiere ayudarlo, insistentemente.
-No todos los movimientos que hacemos para acercarnos a los otros tienen un resultado. Pero es imperioso no dejar de hacerlos. Definitivamente no se puede salvar a nadie de su dolor. Pero se puede acompañar, sostener, apoyar. No es poco. Es lo que transforma un infierno en un lugar habitable.
-Tanto "El colectivo", su anterior novela, como "La pieza del fondo", están narradas con un lenguaje cinematográfico muy descriptivo. Parece que construye una escena tras otra.
-Quizás usted encuentre algo cinematográfico porque, inicialmente, mi trabajo de escritura se trata de describir imágenes. Todo lo que aparece en mis libros tiene que ver con una imagen. Nunca una idea con algo abstracto. Siempre que hay algo del orden de lo abstracto está encarnado en algo muy concreto. Algo como una cicatriz, un gesto, un mueble
-¿Le gustaría que sus libros se transformen en películas?
- Si, me encantaría. Ver como ese germen se transforma en algo distinto, algo nuevo, algo hecho renacer por otra persona.
-Su obra se edita en varios países europeos y vivió un tiempo en la residencia de escritores “Marguerite Yourcenar en París, ¿Me puede contar esa experiencia?
-Si, claro. La "Villa Marguerite Yourcenar" convoca todos los años a escritores que hayan publicado en Europa. Entonces uno envía un proyecto de escritura que esté cerca de concluir, hay un jurado que elige y los escritores viven allí dos meses. Además, se realizan encuentros con colegios, periodistas, universidades, editores, libreros. Fue una experiencia extraordinaria.