Texto: Mariano Ülm
Pudo haber sido un muchacho más que recorría las calles de su Devoto natal con las inquietudes y los sueños de triunfo de todo adolescente. Sin embargo, el precoz y talentoso pianista Horacio Lavandera decidió ir por más. Tras conquistar, con apenas 16 años, el III Concurso Internacional de Piano Humberto Michelle, en el Teatro alla Scala de Milán y también recibir un galardón especial de la Orquesta Filarmónica de la magna sala lírica italiana como mejor intérprete de piano y orquesta, su foja de servicios sólo supo de logros. En 2003 fue becado por la Fundación Carolina y Juventudes Musicales de Madrid para realizar un curso de posgrado en la Universidad de Alcalá dictado por el maestro Josep Colom, bajo cuya tutela continúa, y en el marco del Festival Lucerna 2004 fue seleccionado como alumno activo en las master class del maestro Maurizio Pollini. Instalado en la capital española, este año comenzó sus estudios de dirección orquestral con Jorge Rotter en la Universidad Mozarteum de Salzburgo. Muy lejos de la concepción clásica del artista que es bendecido por los caprichosos efluvios de alguna divinidad, Lavandera reconoce que atributos mucho más terrenales, como la entrega y la disciplina, son la clave de su éxito: “En esta actividad no hay secretos: para alcanzar la excelencia es importante desarrollar la concentración a la hora de interpretar y la humildad para asimilar los consejos de los grandes maestros .
En abril pasado se presentó en el Teatro Maipo, donde brindó un ciclo de conciertos con un repertorio que rescató la evolución de la música argentina en los últimos cien años como un modo de homenajear a la sala identificada con los espectáculos de variedades que este año celebra un siglo de telones arriba. Una demostración de hasta qué punto Horacio Lavandera está dispuesto a quebrar prejuicios y borrar fronteras cuando de promover la música se trata.
Su reciente presentación en Buenos Aires trazó un panorama de la música argentina de Alberto Ginastera a Gabriel Senanes. ¿Cuál diría que es la identidad de la música nacional?
No me gusta mucho la idea de que un solo tipo de música remite a nuestra identidad. Creo que, en este siglo, hay que ser muy plural. Por lo tanto, no considero que la identidad argentina se exprese en un estilo particular. Algunos compositores argentinos contemporáneos retoman algunos elementos de músicas populares tradicionales pero generan un nuevo sonido, una nueva visión de lo que para ellos es la identidad, con matices criollos y porteños sacados de la cotidianeidad barrial incluso y del espíritu ecléctico que tiene este país, con tantos orígenes diferentes. Desde el punto de vista estrictamente sonoro, no puede hablarse de un carácter diferencial. Yo prefiero hablar de miradas sobre lo argentino.
¿Cómo ve el futuro de la música en nuestro país?
Poderoso, porque hay una gran cantidad de buena música clásica no explorada y nuevos creadores con un excelentísimo nivel, comparable al de los países más avanzados. Sumado este talento a los destacados profesionales de las distintas áreas, sin duda no podemos más que tener muchas esperanzas en que nuestro país avance en esta dirección y empiece a ver la rentabilidad que la música clásica argentina podría generar.
¿Cómo describiría su esencia artística?
Diría que lo que más me define es la fidelidad a los principios que rigen el rumbo de mi carrera.
¿Qué es lo que lo diferencia de otros intérpretes?
Pienso que todos somos diferentes, que cada uno lleva un sello propio que lo caracteriza. Cada quien toca su instrumento y, como en cualquier otra área de la vida, tiene que estar seguro de estar dando lo mejor de sí, con mucha honradez y respeto por quien lo recibe, intentando a cada momento innovar, mejorar, crecer.
¿Eso explica el hecho de que, en los últimos años, haya abordado los lenguajes electrónicos?
La música electrónica es un mundo ilimitado. Yo me aboco a explorar cada día nuevos universos sonoros porque eso me brinda herramientas para expandir mi horizonte expresivo, lo que me resulta ampliamente satisfactorio.
¿Cuáles son los elementos que nutren su manera de interpretar?
Pienso que para lograr un óptimo resultado en cualquier actividad se necesita de una gran reflexión. Por supuesto, luego, práctica. En mi manera de interpretar influye en gran parte el análisis de la obra y de mi reflexión acerca del significado que tiene la música como medio de manifestación cultural. Trato de contar con la mayor cantidad de información posible para poder comprender el contexto de cada una de las obras que interpreto. Empiezo por analizar los elementos técnicos presentes en la estructura musical. Paralelamente, busco información sobre el autor y sus intenciones expresivas, su tiempo histórico, el movimiento artístico en el que se insertaba, su producción completa, su evolución como compositor. Algunos autores han intentando expresar su presente o su pasado a través de su música. Pero muchas otras veces se han adelantado en el tiempo.
Comparada con otras expresiones artísticas, ¿cree que la música es un lenguaje para pocos?
¡De ninguna manera! Al contrario: la música es una manifestación artística y todos, desde pequeños, tenemos una capacidad innata para relacionarnos con los sonidos. Todos los chicos cantan, bailan, les gusta escuchar música. Y es muy bueno cultivar ese aspecto en ellos desde, incluso, antes de nacer. Por otra parte, es necesario generar una conciencia acerca de la riqueza y la belleza de la música clásica o de arte, que debe estar en el colectivo de la gente. Creo que tener acceso a ver u oír una obra de arte es hasta imprescindible para mejorar la calidad de vida de las personas. Y estoy convencido de que es absolutamente posible llevar arte a una gran cantidad de gente sin resignar calidad.
¿Qué es lo que puede comunicar esta experiencia?
La música de arte puede abrir el pensamiento, puede llevar a comprender mundos diferentes, a desarrollar tanto lo intelectual como a incrementar el bagaje cultural. Por otra parte, se trata de disfrutar una manifestación estética que nos han legado los genios de la música a la que todos tenemos derecho sin distinción de edades, razas, religiones, etnias. Cada cultura, a su vez, tiene su manera de manifestarse musicalmente con sus sonidos, sus cantos, sus ritmos. La música es un arte universal, democrático, que todos llevamos dentro. Es, ante todo, un modo de manifestación sociocultural y no se debe dar por sobreentendido que cierta gente no entenderá algún tipo de música. Para poder disfrutarla sólo hace falta estar abiertos, expectantes, dispuestos a recibir la música como una obra de arte universal en la que han intervenido diferentes artistas entregando todo su potencial.
¿Cuál ha sido, hasta ahora, la mayor emoción de su exitosa carrera?
Por suerte he tenido muchísimas satisfacciones. Sólo por destacar algunos hechos sobresalientes, rescato el haber conocido y recibido los consejos de Martha Argerich y Daniel Barenboim cuando tenía 15 años, ganar a los 16 el premio en Scala de Milán, haber compartido muchísimos momentos junto al gran compositor Karlheinz Stockhausen y contar con su amistad tras recibir su premio por mi interpretación de su obra. La invitación del maestro Luciano Berio para tocar en Roma junto a la Orquesta de la Academia Nazionale de Santa Cecilia fue uno de los puntos culminantes de mi corta carrera. Por otra parte, el auspicio de la Comunidad de Madrid para la grabación de un CD –Compositores españoles: generación del ‘51– que saldrá este mes, es el logro más reciente y movilizante.
¿Cuál es el precio que paga por hacer lo que le gusta?
Ningún costo es alto cuando uno hace lo que le produce un enorme placer.
En una época tan convulsionada como la que vivimos, ¿piensa que el arte es capaz de modificar el mundo?
Sí, por supuesto. La música no tiene fronteras. Y con eso quiero decir que une. Al tratarse de una manifestación sociocultural que cualquier persona tiene en su interior, pienso que aprender a relacionarse con otros a través de este lenguaje universal puede generar una cierta armonía entre los pueblos, una interacción signada por este arte. La música puede operar como catalizadora de algunos conflictos: enseña a escucharse, a esperar, a darse tiempo, a respetar los silencios, a conversar, a aportar cada uno en armonía con el resto. Por otra parte, se puede decir que ésta, para su renovación y revitalización constante, echa mano de multiplicidad de sonidos diferentes y para ello no hace distinción ni de pueblo, ni de jerarquía, ni de sexo, ni de religión. Además, cuando se ven todos los efectos positivos y revitalizantes que tiene el arte en cualquiera que se acerca a él no se puede evitar pensar qué maravilla sería si todo el dinero y la energía invertidos en enfrentamientos se destinara a acercar la cultura a todos. Por ahora, humildemente, intento llegar con mi música a la mayor cantidad de personas, darles la posibilidad de que conozcan nuevos mundos sonoros. Espero aportar mi granito de arena y poder elevar culturalmente a los que asisten a mis conciertos.
Con todo, creo que debe existir una voluntad política para que el mundo cambie. Pero el arte, en sí mismo, es una manifestación dinámica y permanente en todos nosotros, nos hace productivos, creativos y nos ayuda a mejorar nuestras vidas y calibrar nuestras visiones. El arte debería ser una cuestión primordial de Estado.