

Texto: Laura Mafud
Fotos: Antonio Pinta
“En cierto sentido, el misterio de la encarnación se repite en cada mujer; todo niño que nace es un dios que se hace hombre. Simone De Beauvoir
Sus oficinas, dentro de un galpón reciclado en un coqueto rincón palermitano, son amplias, luminosas y están llenas de sutiles colores que invaden el espacio como sin pedir permiso y convierten al área laboral en un verdadero centro de arte. Es como una paleta enérgica de tonos vivos que parecen colarse entre la blancura minimalista que poco esfuerzo hace por conservar su dominio. En eso, la puerta se abre y María aparece. Resplandece. Tan pulcra. Como sacra. Hado o fortuna, algo envuelve a esta joven mujer que, a los 36 años, parece haber conquistado el mundo. El suyo, al menos. Y no es poco. Ingresa a la sala a toda fuerza, pide disculpas por la demora, acomoda su tupida melena y despliega esa sonrisa colosal que no abandonará durante el tiempo que demore la entrevista.
María Cherñajovsky, emprendedora y madre, tiene tela para cortar: su casi homónima firma de indumentaria, María Cher, está por inaugurar un nuevo local, esta vez en el Tortugas Open Mall, en una operación que demandó el desembolso de u$s 250 mil, en tanto que la diseñadora ya proyecta su desembarco en el mercado latinoamericano. Además, tras la asociación con la marca A.Y. Not Dead –en julio de 2009, cuyo monto de operación no fue revelado–, la compañía espera cerrar 2010 con un crecimiento del 22 %. Asimismo, Cherñajovsky continúa alimentando la idea de que la moda puede ir de la mano de la conciencia social. Concluido la segunda edición del encuentro Mujeres que inspiran, comienza a planificar el próximo capítulo, al tiempo que mantiene encendida su luz solidaria desde la Fundación Paz por la No Violencia y desde la red mundial Vital Voices, de la que es miembro.
María hace un alto en el hilado verbal de los acontecimientos. Recuerda haber salido a cara lavada y no quiere perder coquetería para la producción fotográfica. Abre la cartera, revuelve entre su necessaire y elige tonos naturales. Explica, no exenta de cierta ternura, que a Alma, su hija de dos años y medio, le gusta arreglarse, jugar con su maquillaje y cambiarle las cosas de lugar. Luego, en un instante, clava la mirada en el generoso perchero del que asoman prendas claras con géneros nobles. “Trabajo con ropa antigua que traigo en valijas, para inspirarme. Estoy terminando la temporada de invierno y ya estoy empezando el verano 2012 . Cherñajovsky, no hay duda, busca estar un paso adelante.
Raíces de mi tierra
Las hojas marchitas que cubren la acera las tardes de otoño. Los verdes intensos de las primaveras frondosas. Así, entre Palermo y San Isidro, sendos hogares de su madre y de su padre, Cherñajovsky pasó la infancia. Nació en Martínez, en 1974. Y, desde pequeña, como cuando por primera vez se topó con la obra de Andy Warhol en la Gran Manzana, se vio atraída por las diferentes expresiones artísticas. “Me formé como actriz, trabajé en publicidad y tuve una breve incursión en Economía , comenta. Pero, finalmente, los aires de vanguardia y las ansias de eclecticismo la arrastraron, a los 25 años, al otro lado del Atlántico. En Londres, halló refugio en el coqueto barrio de Notting Hill y asistió a la escuela de moda Central Saint Martin, donde se formó. “Me di cuenta de que la moda era una manera interesante de comunicar , comparte. En 2001, de regreso a la Argentina, estaba lista para volver a sus raíces y tomar el timón. El 13 de septiembre, a dos días del ataque al World Trade Center neoyorquino, Cherñajovksy cortaba las cintas de una pequeña boutique en Palermo Viejo. “Fue un año duro, había saqueos y éramos dos personas haciendo todo: yo diseñaba, iba al banco, vendía , recuerda. Los comienzos no fueron sencillos. Y, a su pesar, debió reconocer que la ubicación del local no la favorecía. “Estaba muy escondido, por Uriarte y Cabrera, y preferí mudarme, a pesar de perder mucho dinero. Apareció la posibilidad de abrir un local más grande, pegado al que tengo hoy en El Salvador y Armenia. Ahí empezó a hacerse más conocida la brand .
Hoy, la compañía, que emplea a unas 170 personas y produce unas 400 prendas anuales, tiene diez locales con presencia en shoppings como Patio Bullrich, Alto Palermo y Dot Baires. “Además, distribuimos por otros canales: tenemos más de 100 cuentas en tiendas multimarca , agrega esta mujer que encuentra en personalidades como Frida Kahlo un referente y que, como íntimo deseo, se plantea el desafío de vestir algún día a mujeres de culturas tan disímiles como la india y la africana.
¿Cuál es el ADN de María Cher?
Es una marca moderna, ecléctica y atrevida para mujeres con carácter. Soy una persona que combina prendas clásicas con otras zarpadas. Esa mezcla es lo que tiene de distinto María Cher. Es como lo clásico y lo rockero. Lo femenino y lo masculino. Es parte de lo que soy: medio judía, medio católica, con padre empresario, con madre asistente social, un sábado en San Isidro en un family day, otro sábado en un asado popular en San Telmo. Esa es mi vida. Algo de glamour y algo de austeridad. Es esa mezcla.
Tras la asociación a A.Y. Not Dead, ¿cómo gerencia ambas marcas respetando el estilo de cada una?
El equipo de diseño y de dirección creativa es otro. Compartimos cosas que tienen que ver con la logística, como compras y producción, que es lo que hace a la mejoría de la rentabilidad de las empresas para poder fusionarse y gastar menos en toda la estructura.
¿Cómo fue la decisión estratégica de expandir la compañía?
Es una mezcla de cuando te lo piden desde afuera, cuando uno tiene la necesidad de hacerlo para mejorar la rentabilidad y cuando la caja te lo permite. Mi expansión fue, si bien grossa, normal. No sucedió de un día al otro. Fui abriendo, vendiendo, abriendo. En algún momento me expuse más y abrí más. En otro, esperé.
Su marido, Gabriel Brener, se sumó a la compañía. ¿Cómo les resulta trabajar juntos?
Tenemos tareas distintas. Yo manejo lo que es diseño y lo que tiene que ver con la imagen de la marca y él, la estrategia general de la empresa. A Gabriel lo conocí antes de abrir María Cher y no teníamos la idea de laburar juntos. Hasta que tuve a mis hijos, empezamos a probar con gerentes generales pero no era lo mismo. Al fin de cuentas, Gabi siempre estaba ahí, al costado, ayudándonos, hasta que decidimos que se sumara formalmente. Hace dos años que trabajamos juntos y es el mejor socio de mi vida. Y bueno, también trabajamos mucho para que esto no resulte negativo para la pareja.
¿Cuál fue el principal aprendizaje de formarse en Londres?
Lo estético. Estaba muy conectada con lo estético porque estudiaba en Saint Martins y estaba todo el día metiéndome en marcas súper top. Eso lo incorporé a mi trabajo. Soy una persona que sabe mirar prendas de calidad. Tiene que ver con eso de haber tenido la posibilidad de viajar y de haber estado afuera mirando tantas marcas geniales. Después, también, adquirí una manera de volar. Es algo más personal porque, antes de irme a Londres, laburaba en actuación, escribía y pintaba. Siempre tuve una conexión con distintas disciplinas del arte y la sigo teniendo. Hago teatro como parte de mi vida.
¿Por qué apostar a la Argentina cuando muchos sólo querían irse?
Tuve la suerte de vivir varias veces afuera: dos veces en Londres, y también en Nueva York, cuando era más chica. Creo que ya me había sacado las ganas, en ese sentido. Siempre quise volver. Para mí, la historia es muy importante. Y vivir en el lugar donde tengo historia –por sus calles, los espacios, la gente– es relevante y me hace muchísimo más feliz. Me hace feliz compartir un código con amigos o con gente que recién conozco porque tiene que ver con mi historia, con quienes puedo hablar lo mismo, con quienes nos entendemos rápidamente. Yo me iba afuera y lo único que esperaba era encontrarme con un argentino. Creo que hay algo muy nacionalista en mí.
¿Sigue exportado a Japón?
Exportamos algo chiquito, insignificante. No tenemos el foco puesto en la exportación en este momento sino en la Argentina. También estamos pensando en América latina, pero como un negocio más grande, viendo cómo se puede armar. La idea es abrir locales, pero con socios. Tenemos especial interés en México y Chile.
Madre María
Inquieta. Ecléctica. Potente. María Cherñajovsky es energía pura. Será, quizá, por esa mezcla ancestral que corre por sus venas y que condensa un pasado italiano, español, indígena y ruso. Ahora, madre de dos hijos –Fausto, de cuatro años, y Alma– está más intensa que nunca. Lista para seguir adelante.
¿Qué cambió con la maternidad?
Te potencia mucho y te limita, también. Los chicos dan fuerza. También dan, de algún modo, estabilidad a gente como yo, que tengo cierta inestabilidad porque soy una persona tensa, sensible, muy esponja de lo que pasa en la calle. Los chicos hacen que tengas que seguir: no podés quedarte colgada con lo que pasó afuera hace dos minutos ni engancharte con lo que te contaron porque los tenés que bañar, dar de comer, llevar al colegio, jugar con ellos, ocuparte de verlos, de sentir si están bien o mal. Estás siempre a full, hay poco tiempo de pereza mental. Eso está bueno porque te conecta con lo más importante. Por otro lado, tenés mucho menos tiempo para algunas cosas que te hacen bien, como ir al cine. Yo adoro laburar y a veces no puedo hacerlo la cantidad de horas que quisiera porque tengo más ganas de estar con mis hijos. Te da un amor que creo que no se siente por nada del mundo. Es único y alucinante. Te hace bien, es saludable.
¿Cuáles son los momentos más movilizadores?
Con Fausto tengo unas charlas muy profundas porque él es súper sensible. Muchas veces vamos hablando en el auto y me pregunta cosas: “¿Papá viene hoy a la noche? ¿Me podrías despertar así lo veo? . Esa frescura y esa alegría son alucinantes. Alma es un personaje, bailamos juntas, nos miramos a los ojos profundamente y nos reímos, es un juego que tenemos. No sé cómo explicarlo. No hay palabras. Los momentos más sencillos, los de una austeridad total, son los más geniales. Donde es ella y yo, él y yo.
¿Se reconoce en ellos?
Sí. Fausto es muy parecido a mí. Alma no, es diferente. También me alucina, me produce mucha admiración.
Pero María también es hija. Y, junto a su madre, creó, en 2006, la Fundación Paz por la No Violencia, desde donde desarrolla el programa Cosiendo redes, un espacio de capacitación para mujeres y hombres, creado con el objetivo de facilitar su inserción en el ámbito textil.
¿Cómo surgió el proyecto?
Mi mamá es asistente social y queríamos darle una herramienta a la gente para insertarse en el sistema. Coincide con la etapa de necesidad de oficios. En la indumentaria, por ejemplo, no hay mano de obra. Y ahí empezamos a engendrar la fundación. La que la lleva a cabo, día a día, es mi madre. Yo me sumo para pensar estratégicamente cómo ayudarla. En este momento, la fundación, que se sustenta a partir de ayudas y subsidios y que está en Tigre, le brinda cursos de costura, estampa y similares a 500 personas. Ya un 30 % de ellas están trabajando. Es maravilloso, porque es gente que por ahí nunca había trabajado.
Somos muy rigurosos en cómo tienen que responsabilizarse para luego poder insertarse: les damos un viático y tienen un premio por asistencia. Los incentivamos porque, lamentablemente, la cultura del laburo se fue perdiendo y hay que trabajar en eso. Una de las cosas más importantes de las que nos ocupamos es la autoestima, concientizar sobre lo importante que es trabajar. Me parece que el éxito depende de trabajar con el individuo sin victimizarlo.
¿Cuál fue el origen de Mujeres que inspiran?
Empezó con una campaña que mostrase a la mujer atravesando distintas emociones y donde la moda fuera parte de esa experiencia. Pensaba: “Si tengo un espacio de publicidad, ¿por qué sólo voy a mostrar ropa? . Quería trabajar sobre problemáticas como la anorexia, el abuso, el aborto y el cáncer de mama. Para darle un marco más formal, llamé a la Dirección de la Mujer y pedí agregar el 0800-Mujer a las imágenes de campaña junto a una leyenda que decía: “Hay mujeres con cáncer de mamas, hay mujeres que abortan, hay mujeres abusadas, hay mujeres anoréxicas. Hay ayuda . Llegamos al transporte público y creció un 20 % la cantidad de llamados. Pero, al hacer un focus group, dio que a la gente no le interesaba ir a mis locales y ver esas problemáticas. Entonces, seguí con campañas que tienen que ver con mujeres más reales, de distintas edades, anónimas. Pero también pasó desapercibida. Ahí comencé a pensar en mujeres que se comprometiesen con la vida desde sus distintos trabajos. Armé distintos perfiles y reuní a una epidemióloga, a la periodista Mónica Gutiérrez, a la actriz Leticia Brédice y a la cantante Mariana Carrizo. Tampoco funcionó. “No es fashion , me dijeron. Entonces, mi marido me alentó a hacer algo en forma paralela. Así nació el primer encuentro de Mujeres que inspiran que, de alguna manera, propone: “Inspiremos, empoderemos, demos la posibilidad de contar la experiencia a muchas mujeres, que esto les de fuerzas . Eso es lo más importante. No lo que uno hace sino lo que lleva a hacer un proyecto de muchos.
¿Lo fashion no va con lo social?
Así es la moda en todo el mundo. Yo trato de estar más cerca y por eso elijo actrices y no modelos para mis campañas. Pero, como sociedad, consumimos eso: gusta que sea un poco irreal. Funciona así. Y los que tratan de proponer a veces cosas nuevas, no entran. Prima lo estético por encima del concepto. Y, para mí, siempre prima el concepto. En la vida, en todo. Entonces, a veces, me es complejo.
¿Y qué mujeres la inspiran?
Personas, hombres o mujeres, que van a fondo con lo que quieren, que son genuinas, que trabajan al servicio de los otros. Eso me parece muy único. Creo que hay gente que tiene el deseo y la pasión de hacer un país mejor. Gente que trabaja en la ciencia y en las ONGs me produce mucha admiración. Algunos artistas también, pero lo hacen desde el talento, que es distinto, salvo que ese arte esté revolucionando algo con un fin político-social. Con sus cosas buenas y malas, admiro a Cristina Fernández de Kirchner. También a Eva Perón y Juana de Arco, mujeres que pusieron el pecho. Por eso, a pesar de que trabajo con la imagen, lo que me mueve es lo de adentro.









