El dólar viene con tendencia bajista y el mayorista cerró en $ 1384 para la venta (-0,25%) este jueves en tanto que el minorista Banco Nación cayó a los $ 1405. El Gobierno un dilema en ese sentido: mantener el dólar bajo ayuda a anclar expectativas e inflación en el corto plazo, pero al mismo tiempo tensiona sectores clave de la economía y puede desalentar la oferta futura de divisas. ¿Por qué cae el dólar y cómo deberá administrar esa tendencia Luis Caputo hacia adelante?
“La Argentina atraviesa un proceso muy fuerte de inversión en el sector energético y eso genera una sobreoferta de dólares que mantiene al tipo de cambio pisado por acción del sector privado”, señaló a El Cronista el economista Federico Machado.
Y advirtió que esto puede ser problemático porque “una sobre apreciación del peso que no tiene como contrapartida reducción de costos para las empresas argentinas podría reducir las capacidades productivas del país a largo plazo”.
Las razones del dólar calmo
En el mismo sentido, Eric Paniagua, economista de Epyca Consultores, dijo que “el dólar no está subiendo porque el esquema del Gobierno combina tres cosas: pocos pesos en la economía, tasas reales positivas (o neutras) y cierta oferta de dólares (exportaciones, blanqueo, intervención)”. Eso, dijo, ordena el corto plazo y ayuda a desacelerar la inflación, que da más aire al carry trade.
El problema es que, si se sostiene mucho tiempo esta tendencia, puede generar un encarecimiento de la economía en dólares (atraso). “Es decir que el dólar queda barato en términos reales y eso empieza a afectar la competitividad” agregó.
En palabras de Leo Anzalone, director de CEPEC, “el dólar bajo hoy se explica por una combinación de oferta y política económica: por un lado, hay un flujo importante de divisas y, por otro, el esquema monetario es contractivo, con tasas reales positivas que sostienen la demanda de pesos y desincentivan la dolarización en el corto plazo”.
Esa combinación, favorecida por las liquidaciones del agro que empiezan a tomar ritmo, exportaciones energéticas que aprovechan los precios internacionales y el ingreso de dólares por endeudamiento corporativo mantiene al tipo de cambio contenido.
El desafío del dólar
El viceministro de Economía, José Luis Daza, desestimó las quejas sobre el atraso cambiario en una reciente participación en un evento del IAEF. “El tipo de cambio real no es algo que controla el gobierno; va a ir a ciertos niveles y nosotros tenemos que trabajar para que las empresas y las personas puedan ser eficientes con el tipo de cambio donde lo lleva el mercado”, explicó. Y dijo que no hay que apostar a que un tipo de cambio más débil solucione los problemas.
Sin embargo, el mercado tiene sus argumentos para hacer esta advertencia. “El problema es que esta dinámica puede volverse inconsistente en el tiempo. Con una inflación que se mueve en torno al 3% mensual y un tipo de cambio que no acompaña, se empieza a generar un atraso cambiario”, dijo Machado.
Eso mejora el corto plazo, porque ayuda a anclar expectativas, pero deteriora la competitividad y puede complicar la acumulación de reservas más adelante, cuando los flujos actuales se moderen.
Así, el fuerte desafío para el ministro Caputo es mantener la desinflación sin que el tipo de cambio quede demasiado atrasado al ministro Caputo.
“La gestión del tipo de cambio es delicada: si acelera la suba del dólar, puede impactar en precios y, si lo sigue retrasando, aumenta el riesgo de una corrección más brusca después”, indicó Paniagua.
Machado consideró que el Gobierno debería aprovechar el contexto para relajar lo que falta de los controles cambiarios, de forma que toda la demanda de divisas se canalice mediante el MULC, además de seguir con la compra de dólares al ritmo que lo vienen haciendo.
El economista señaló que no necesita un salto discreto, pero sí evitar que el tipo de cambio quede demasiado rezagado. “Eso implica probablemente permitir una corrección más gradual, coordinada con la inflación y sin perder el control del frente monetario”, barajó.
Y advirtió que el margen existe mientras haya oferta de dólares. “La clave va a ser anticiparse antes de que el mercado empiece a corregir por sí solo” anticipó.
Ahí aparece el desafío de fondo. Un dólar que no sube ayuda a consolidar la desinflación en el corto plazo, pero puede transformarse en problema si erosiona los incentivos a exportar o acumular reservas más allá de la coyuntura.
En ese contexto, la gestión de Luis Caputo entra en una zona más fina: administrar el precio sin atrasarlo, seguir comprando dólares sin perderlos y, sobre todo, sostener la credibilidad de un programa que necesita que el dólar deje de ser un ancla transitoria para convertirse en una variable consistente en el tiempo.