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Los Cedears se consolidaron como uno de los instrumentos preferidos de los inversores argentinos. Según un informe de BYMA publicado en julio, más de 12,3 millones de personas ya cuentan con una cuenta comitente abierta en el mercado de capitales y más de un millón ya mantienen posiciones en estos certificados que permiten invertir en compañías del exterior desde Argentina.
Sin embargo, elegir un Cedear para mantener a largo plazo va mucho más allá de seguir tendencias o apostar por una empresa de moda.
“Tiene que contar con una ventaja competitiva difícil de replicar, una demanda que pueda sostenerse en distintos ciclos económicos y capacidad para generar caja de manera consistente”, explica Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma, en diálogo con El Cronista.
Qué mirar en una empresa antes de invertir en acciones
A la hora de seleccionar compañías para una estrategia de largo plazo, Parreira sostiene que la calidad del negocio es el principal filtro.
“Para pensar una inversión a diez años, no alcanza con elegir una empresa que esté creciendo hoy”, explica Parreira. Según el especialista, el primer punto es identificar una ventaja competitiva difícil de replicar, acompañada por una demanda que pueda mantenerse durante diferentes ciclos económicos y por una capacidad consistente para generar caja.

También resulta clave observar la situación financiera de la compañía. Parreira prioriza empresas con balances sólidos, niveles razonables de endeudamiento y una administración capaz de reinvertir las ganancias sin destruir valor.
Otro aspecto clave es la diversificación de sus fuentes de ingresos. “Es importante que no dependan exclusivamente de un producto, un cliente o una regulación determinada”, señala.
Sin embargo, incluso una empresa de alta calidad puede convertirse en una mala inversión si se compra a un precio excesivamente elevado. “Por eso, aun con un horizonte de diez años, considero más prudente construir las posiciones de manera gradual”, afirma.
Los 5 Cedears para comprar hoy y mantener a largo plazo
Pensando en una cartera diseñada para atravesar diferentes escenarios económicos durante la próxima década, Parreira destaca cinco nombres que, a su criterio, deberían conformar el núcleo de una estrategia de largo plazo.
Microsoft (MSFT)
La tecnológica aparece como una de las favoritas por su combinación de negocios consolidados y nuevas oportunidades de crecimiento.
“Microsoft combina ingresos recurrentes, software empresarial, servicios en la nube e inteligencia artificial”, explica Parreira.
La compañía mantiene posiciones de liderazgo en segmentos estratégicos como productividad corporativa, computación en la nube y desarrollo de herramientas vinculadas a inteligencia artificial, lo que le permite diversificar sus fuentes de ingresos y reducir riesgos.

Uno de los principales motores es Azure. Según los datos citados por Parreira, el negocio cloud mantuvo un crecimiento interanual del 40% en el tercer trimestre fiscal de 2026. Sin embargo, advierte que el fuerte nivel de inversión en infraestructura de IA obliga a seguir la evolución de sus márgenes.
Alphabet (GOOGL)
La matriz de Google continúa siendo una de las referencias globales del sector tecnológico.
Para el especialista, la fortaleza de sus negocios tradicionales, como el buscador, la publicidad digital y YouTube, se complementa con el crecimiento que viene mostrando en inteligencia artificial y servicios de nube.
Durante 2025, la compañía superó por primera vez los u$s 400.000 millones de ingresos, mientras que Google Cloud registró un crecimiento interanual del 48% en el último trimestre del año, según los datos mencionados por Parreira.
La apuesta por inteligencia artificial es uno de los principales focos hacia adelante. El desafío, de acuerdo con el especialista, será demostrar que las grandes inversiones que está realizando la compañía pueden traducirse en retornos elevados.
Amazon (AMZN)
Amazon ofrece exposición a tres negocios diferentes: comercio electrónico, publicidad digital y servicios de computación en la nube a través de Amazon Web Services (AWS).

Durante 2025, las ventas de AWS crecieron 20% y el segmento generó u$s 45.606 millones de resultado operativo, de acuerdo con los datos aportados por Parreira.
“Es una compañía que históricamente reinvirtió mucho y que todavía tiene capacidad para ampliar sus negocios”, sostiene.
Visa (V)
Visa representa una alternativa dentro de la cartera con menor dependencia directa del ciclo de las grandes compañías tecnológicas.
Su principal ventaja competitiva está en la escala de su red y en la expansión estructural de los pagos digitales. En 2025, procesó 329.000 millones de transacciones y alcanzó casi 5.000 millones de credenciales de pago, según los datos citados por Parreira.
Berkshire Hathaway (BRK.B)
Berkshire Hathaway aporta un perfil diferente al resto de las compañías. Su negocio está diversificado entre seguros, energía, ferrocarriles, industria y una importante cartera de inversiones.
Para Parreira, esa diversidad le permite cumplir una función más defensiva dentro de una cartera de largo plazo.

“Cerró 2025 con aproximadamente u$s 369.000 millones entre efectivo, equivalentes y letras del Tesoro, aunque la transición de liderazgo exige monitorear cómo evoluciona la asignación de capital”, indicó el especialista.
Nvidia, una alternativa con mayor riesgo
Aunque no forma parte del núcleo principal de la estrategia, el especialista también considera atractivo incluir a Nvidia con una participación menor.
La empresa es una de las grandes beneficiarias del desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial, aunque presenta mayor sensibilidad a la valuación, la concentración de clientes, las restricciones comerciales y los cambios tecnológicos.
Qué sectores tienen mayor potencial de crecimiento
Más allá de las compañías puntuales, Parreira identifica varias áreas que podrían tener un papel importante en el crecimiento de la próxima década.
“Veo un potencial importante en toda la infraestructura vinculada con inteligencia artificial: semiconductores, servicios de nube, centros de datos, software empresarial, ciberseguridad y generación y distribución de energía”, explica.
Según señala, la expansión de la IA requiere una enorme infraestructura física detrás de los algoritmos, desde chips y centros de datos hasta una creciente disponibilidad energética.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos más que se duplicará hacia 2030. La IA aparece como uno de los principales motores de ese crecimiento.

Además, también destaca oportunidades en los pagos digitales y la infraestructura financiera, impulsados por la digitalización de las transacciones a nivel global.
Otro segmento que considera atractivo es el de la salud, biotecnología y tecnología médica. “El envejecimiento de la población continuará aumentando la necesidad de tratamientos, diagnóstico, prevención y servicios de salud”, sostiene.
Más que descartar sectores completos, el especialista recomienda evitar empresas con niveles elevados de deuda, baja capacidad de diferenciación o modelos de negocio que demanden grandes inversiones sin generar retornos adecuados.
Cuándo vender un Cedear antes de los diez años
Mantener una inversión durante una década no significa ignorarla. Para Parreira, existen determinadas señales que pueden justificar una salida antes de que se cumpla el horizonte original.
El primer riesgo es haber pagado demasiado por la compañía. Una empresa puede seguir creciendo y, aun así, ofrecer malos resultados para el accionista durante varios años si la cotización inicial ya incorporaba expectativas demasiado optimistas.
También hay que monitorear cambios tecnológicos, regulatorios y geopolíticos. En las empresas vinculadas con inteligencia artificial y semiconductores, esto incluye la competencia, las restricciones comerciales, la concentración de clientes, la disponibilidad de energía y la velocidad con la que pueden quedar obsoletas determinadas tecnologías.
Además, recuerda que en el caso de los Cedears los inversores argentinos también están expuestos a las variaciones del tipo de cambio y al ratio de conversión de cada certificado.
Por eso, Parreira considera que la decisión de vender debería estar vinculada principalmente con un cambio en los fundamentos de la compañía y no con una caída temporal de la cotización.
“Vendería antes de los diez años cuando cambia el fundamento de la inversión: pérdida sostenida de la ventaja competitiva, deterioro estructural de los márgenes o del flujo de caja, incremento injustificado de la deuda, errores reiterados en la asignación de capital o problemas de gobierno corporativo”, explicó.
En cambio, una baja de precio de algunos meses no sería suficiente por sí sola. “No vendería únicamente porque el precio cae durante algunos meses. La volatilidad forma parte de una estrategia de renta variable”, señaló.
La clave, en definitiva, está en revisar si la razón por la que se compró la compañía continúa vigente. “Cuando cambia el negocio y deja de cumplirse la razón por la cual se compró, el plazo original deja de ser relevante”, concluyó.




