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El calendario de vencimientos en moneda dura entre 2026 y 2029 ascienden a u$s 70.862 millones, pero 2027 concentra u$s 22.615 millones, el monto más alto de todo el tramo analizado y muy por encima del resto de los años.
En 2026, los vencimientos en moneda dura ascienden a u$s 8814 millones, con una composición relativamente equilibrada entre pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI), deuda soberana en manos privadas y otros instrumentos. Una vez superado el pago a los bonistas de enero, se trata del año de menor carga del período, que no implica, por sí solo, una presión significativa sobre el esquema financiero.
La mirada del mercado ahora se dirige a 2027
El año próximo coinciden vencimientos por u$s 5981 millones con el FMI, u$s 8586 millones correspondientes a bonos soberanos en manos privadas y u$s 8048 millones vinculados a Bopreales y repos, que, según los datos de GMA Capital, amortizan íntegramente al vencimiento.
Esta combinación explica el pico del perfil y la mayor necesidad de financiamiento o refinanciamiento.
Para el mercado, el elevado nivel de deuda deja al Gobierno en una posición financiera ajustada. El escenario base para 2026 contempla una etapa de consolidación macroeconómica y crecimiento, clave para sostener la estabilidad y dar continuidad al programa económico.
En ese marco, 2027 se perfila como un año bisagra, no solo por el calendario electoral (elecciones presidenciales), sino principalmente por la concentración de vencimientos en moneda dura, que superan los u$s 22.000 millones.
Este perfil de vencimientos vuelve central la acumulación de reservas durante 2026. El objetivo, dice Piedad Ortiz, economista y MBA en Finanzas, a El Cronista es generar un colchón que permita atravesar 2027 sin tensionar el desempeño macro del año previo.
En el corto plazo, aseguró la experta, el desafío es relevante: “Los vencimientos en dólares de 2026 representan cerca del 50% de las reservas brutas (en torno a u$s 19.000 millones). Para cumplir con una meta de acumulación de u$s 10.000 millones, el Banco Central debería comprar aproximadamente u$s 40 millones diarios”, anticipó.
En paralelo, resulta determinante el avance de las reformas estructurales en el Congreso, en particular aquellas orientadas a mejorar el crecimiento potencial y ordenar las finanzas públicas.
Para Ortiz, su aprobación es un factor clave para reducir el riesgo país y habilitar un acceso al financiamiento a tasas más bajas. “De concretarse ese escenario, la reducción del peso de la deuda y una administración más eficiente del perfil de vencimientos se vuelven viables”, planteó.
Ya en 2028, los compromisos se reducen a u$s 18.583 millones. La baja se explica principalmente por la menor participación de instrumentos extraordinarios, mientras que los pagos a acreedores privados y al FMI se mantienen elevados. La estructura se vuelve más “tradicional”, con predominio de deuda soberana y organismos.
En 2029, los vencimientos vuelven a aumentar hasta u$s 20.850 millones. En este caso, el principal componente es el FMI, con pagos netos por u$s 9774 millones, el valor más alto del período, seguido por u$s 11.077 millones en deuda soberana privada. A diferencia de 2027, no hay una participación significativa de instrumentos transitorios, pero el volumen total vuelve a ser elevado.
Reservas, riesgo país y, ¿canje voluntario? los escenarios que baraja el mercado
Para Ortiz, la estrategia del oficialismo está basada en austeridad fiscal, acumulación de reservas y acceso gradual a los mercados, con el objetivo de operar con un riesgo país cercano a los 400 puntos básicos. A esto se suma la búsqueda de financiamiento alternativo, tanto a través de entidades financieras internacionales como de organismos multilaterales.
El sendero, sin embargo, aún presenta condicionantes, señaló la experta. “Para concretar una emisión internacional exitosa es necesario cumplir una serie de requisitos macro y financieros”, aseveró.
Entre los principales, mencionó la mejora en la cobertura de reservas, con reservas netas positivas y una mayor generación de divisas vía exportaciones e inversión; una baja sostenida del riesgo país, respaldada por un ancla fiscal creíble y dos a tres años consecutivos de superávit primario; un esquema claro de normalización cambiaria, que reduzca el riesgo de eventuales controles; y una desinflación consistente”, remarcó.
Pilar Tavella, Directora de Research Macro & Estrategia en Balanz Capital, espera que el Gobierno “gradualmente” obtenga mayor acceso al mercado para enfrentar los vencimientos de este año y el próximo.
“De todas formas, hasta ahora y con acceso limitado, el gobierno ha podido cancelar vencimientos con financiamiento de multilaterales, de bancos y compras de dólares”, destacó Tavella.
Y agregó que, en la medida en que se consolida el programa económico, y con un objetivo explícito de compra de dólares por parte del Banco Central, es de esperar una compresión adicional del riesgo país, que mejoraría las condiciones para que el Tesoro eventualmente estire los vencimientos de la deuda de más corto plazo, “potencialmente con un canje voluntario en el mercado”.
Cómo financiar los vencimientos
Según Austin Maquieyra, gerente comercial de Sailing Inversiones, la estrategia financiera del equipo económico no dependería de una única fuente de financiamiento, sino de una combinación de alternativas.
Una parte relevante podría provenir de la compra de dólares en el MULC, ya sea de forma gradual o mediante operaciones en bloque, complementada con operaciones de repo destinadas a administrar los picos de vencimientos.
“A este esquema se sumarían desembolsos de organismos internacionales, excluido el FMI, y, en la medida en que continúe la mejora de las variables macroeconómicas y fiscales, un rol creciente del mercado, tanto local como internacional, como fuente de refinanciamiento parcial”, anticipó Maquieyra.
Bajo este enfoque, el estratega consideró que el calendario de vencimientos de 2027 no constituye, por sí solo, un obstáculo para una mayor compresión del riesgo país.
Por el contrario, opinó que, si el programa económico mantiene consistencia y credibilidad, y se consolida el acceso a múltiples vías de financiamiento, el mercado debería descontará una reducción adicional del riesgo soberano.
“Esa compresión sería la condición necesaria para que la Argentina recupere de manera más fluida el acceso al mercado internacional y pueda suavizar el desafío que plantean los vencimientos más concentrados hacia la segunda mitad de la década”, concluyó Maquieyra.
Año electoral y u$s 22.615 millones
Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, señala que, si bien los vencimientos en moneda dura entre 2026 y 2029 son elevados, 2027 es se erige como el año más relevante, no solo por el volumen sino también porque coincide con un año electoral, lo que incrementa la complejidad de su administración.
“Ese nivel de compromisos representa un desafío significativo para el Gobierno”, advirtió el experto.
Una alternativa para aliviar esa carga, plantea Lazzati, sería avanzar en un canje de deuda soberana, que podría instrumentarse mediante un Decreto de Necesidad de Urgencia (DNU), sin necesidad de pasar por el Congreso.
El canje, dice Lazzati, estaría focalizado en los bonos que concentran las mayores amortizaciones y pagos de cupones en 2027, migrándolos hacia instrumentos con estructura bullet, como el bonar 2029 (AN29), que amortiza íntegramente al vencimiento y solo paga cupones durante la vida del bono.
De concretarse, advirtió Lazzati, esta operación permitiría reducir los vencimientos concentrados en 2027 y mejorar el perfil de la deuda, sin necesidad de recurrir de forma inmediata al mercado internacional.
Según Lazzati, el momento óptimo para implementar el canje sería con un riesgo país por debajo de los 400 puntos básicos, ya que ese nivel permitiría al Gobierno obtener mejores precios relativos con la relación de canje entre los bonos actuales y el AN29, especialmente en los tramos más largos de la curva.
Así, si se mantiene la continuidad de políticas y se cumple el esquema de acumulación de divisas, el riesgo país podría seguir a la baja, lo que abriría la puerta a una mejora en la calificación crediticia e incluso a una eventual reclasificación desde “standalone” hacia mercado de frontera. Ese cambio ampliaría el universo de inversores habilitados para tomar deuda argentina y daría mayor profundidad al mercado.
No obstante, el riesgo político propio de un año electoral y el contexto internacional son factores a monitorear, pero un 2026 de consolidación macro y reformas legislativas permitirían, en principio, transitar un 2027 con mayor margen financiero.