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El riesgo país cerró este martes en 525 puntos básicos, consolidando la tendencia bajista de las últimas ruedas y retorna así a mínimos de febrero. En el día, la compresión fue de tres puntos básicos, pero lo más relevante pasó la medición diaria: el indicador llegó a perforar el nivel de 520 y tocó un piso de 517 puntos, un umbral que no se veía desde el segundo mes del año. En la medición semanal acumula una caída de 85 puntos básicos y en el mes ya recorta 59.

Detrás de este movimiento aparece, en primer lugar, un contexto global más favorable. La descompresión del riesgo geopolítico en Medio Oriente alivia la presión sobre tasas y reactiva el apetito por activos de riesgo.

A nivel local, el mercado comienza a validar una mejora en el frente financiero. La acumulación de reservas por parte del Banco Central y una dinámica cambiaria más estable en el corto plazo reducen parcialmente la percepción de riesgo.

Los bonos soberanos argentinos en dólares cerraron este martes con subas generalizadas a lo largo de toda la curva. En los globales, los avances se ubicaron en su mayoría entre 0,3% y 0,7%, con mejor desempeño en el tramo medio y largo. Títulos como GD35, GD38 y GD41 volvieron a destacarse.

Las paridades continúan recuperando terreno y las yields ya operan en torno al 7,3% – 9,5%, niveles que no se veían casi que desde principios de año.

En la curva ley local, el movimiento fue incluso más firme. Los bonares mostraron subas de hasta 0,9%, lideradas por el AL35 y AL38.

En comparación con la deuda emergente, el movimiento local fue más agresivo. Bonos de países como Ecuador, Egipto o Turquía también cerraron en positivo, pero con subas más moderadas en general.

Sin embargo, hay que destacar que la Argentina rinde muy por encima de sus pares. Mientras países como Brasil operan en la zona de 5,8%, Turquía en torno al 6%-7% y otros high yield emergentes entre 7% y 9%, la deuda argentina todavía se mueve en niveles cercanos al 9%-10% en varios tramos largos.

Al respecto, Eric Ritondale economista, jefe de PUENTE, dijo a El Cronista que la compresión del riesgo país hacia los niveles actuales se explica por un combo claro:

  • acumulación de reservas y estabilidad cambiaria, con un tipo de cambio oficial en mínimos desde octubre.
  • Hacia adelante, el recorrido adicional depende de tres drivers en marcha:
  • Ingreso de la cosecha y mejores precios de commodities, que deberían acelerar la oferta de dólares;
  • Menos ruido externo y legal (geopolítica + caso YPF), que mejora la percepción relativa frente a emergentes;
  • Reapertura del mercado internacional, clave para financiarse y habilitar un cambio de régimen monetario.

“Si se sostienen disciplina fiscal y acumulación de reservas, hay margen para seguir comprimiendo spreads y avanzar en la normalización de la deuda”, concluyó el experto.

Por su parte, desde Criteria señalaron que: “Durante la segunda semana de abril, se consolidó un cuadro de estabilización financiera de corto plazo, apoyado en una combinación de: apreciación cambiaria, fuerte participación del BCRA en el mercado de cambios y una compresión generalizada de tasas y spreads”.

También y como consigna el documento que elaboraron, Comité de Inversión, “el frente monetario muestra exceso de liquidez y caída de tasas en mínimos, mientras que la desinflación avanza más lentamente que lo esperado, generando tensiones en tasas reales implícitas y ajuste al alza en expectativas de inflación”.

Por último, desde la Alyc concluyeron que: “En el plano real, la actividad evidencia debilidad en industria y construcción, junto con un deterioro en las condiciones financieras de los hogares y aumento de la mora, reflejando tensiones en los balances privados pese a la mejora en activos financieros”.

Mariano Sardans, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, pone el foco en lo concreto: la compresión del riesgo país no responde a narrativa ni “optimismo Milei”, sino a la mejora efectiva en los flujos de dólares y la posición financiera.

En su visión, el mercado mira una sola cosa: la capacidad del Banco Central de sostener compras netas de divisas en el tiempo, sin que ese proceso se revierta.

Sardans explica que ese driver se apoya hoy en tres pilares bien definidos. El primero, y más relevante, es un BCRA que volvió a ser comprador neto de dólares: “En 2026 ya acumula más de u$s 4000 millones en el MULC, con reservas brutas en torno a los u$s 45.000 millones y una mejora significativa en las netas, aunque todavía en terreno negativo”.

La clave, agrega, no es el nivel puntual, sino la consistencia: “Una racha de más de 60 ruedas compradoras que el mercado premia con compresión de spreads”.

El segundo factor es la cosecha gruesa, que actúa como catalizador en el corto plazo. Si bien el volumen total proyectado de divisas para el año no implica un salto respecto a 2025, sí se concentra entre abril y junio, cuando se liquida la mayor parte de soja y maíz.

Y advierte que ese flujo previsible, que históricamente explica hasta el 70% de los agro-dólares, “es lo que le permite al Central seguir comprando con agresividad”.

El tercer eje pasa por el financiamiento del Tesoro, que consigue en las últimas licitaciones rollover elevado y colocaciones en dólares y pesos que reducen la presión sobre las reservas. “En la práctica, esto implica menos necesidad de asistencia del BCRA y, en algunos casos, ingreso de divisas frescas”, analizó el experto.

Con este esquema, Sardans ve margen para que la compresión continúe en el corto plazo. “Si se sostienen estos flujos, el riesgo país podría acercarse a la zona de 400-450 puntos básicos en los próximos meses, en línea con una eventual normalización de las reservas netas hacia terreno neutral”, anticipó.

Sin embargo, también marca un límite claro: “Mientras las reservas sigan siendo negativas, el piso de compresión será difícil de perforar de forma sostenida”.

Hacia adelante, el mercado ya descuenta buena parte de estos factores. Por eso, más que un rally explosivo, lo que se espera es una baja gradual, sensible a cualquier cambio en el flujo de dólares o en las necesidades de financiamiento del Tesoro.

Renta variable argentina

Los ADR en Wall Street cerraron con saldo negativo y marcada dispersión, en una rueda que dejó en evidencia una clara rotación sectorial y toma de ganancias en los papeles que venían liderando.

Del lado positivo, el avance fue acotado y concentrado en pocos nombres. Telecom Argentina lideró con una suba de 1,6%, seguida por Bioceres e IRSA (ambas 1,4%). Los bancos también lograron sostenerse en terreno positivo, aunque con subas moderadas: Galicia (0,6%) y Macro (0,4%). MercadoLibre, por su parte, cerró con un avance más leve (0,5%).

Sin embargo, el grueso del panel terminó en rojo. El sector energético encabezó las caídas tras el rally reciente: Pampa Energía cayó 4,1%, Central Puerto 4,6%, Edenor 4,7% y Transportadora de Gas del Sur lideró las bajas con un retroceso de 4,9%. YPF también se sumó a la corrección con una caída de 3,2%.

En Buenos Aires, el S&P Merval en dólares cedió con fuerza, pero no perdió los a u$s 2000. Fue una sesión más roja que verde para las acciones del Panel Líder. Las subas fueron para Banco de Valores, BYMA y Banco Macro.

Por el lado negativo se destacaron: Transportadora de Gas del Sur, Central Puerto y Edenor.

El mercado compra paz

El Nasdaq subió un 2%, mientras que el S&P 500 avanzó un 1% y quedó cerca de su máximo histórico de cierre, impulsado por un mayor optimismo sobre una posible resolución en Medio Oriente. Al mismo tiempo, los inversores evaluaron una nueva tanda de resultados bancarios y los últimos datos de inflación en Estados Unidos.

Las negociaciones para poner fin a la guerra con Irán podrían reanudarse en Pakistán en los próximos dos días, según declaró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al New York Post el martes, luego de que el fracaso de las conversaciones del fin de semana llevara a Washington a imponer un bloqueo sobre los puertos iraníes.

En paralelo, el Departamento de Estado estadounidense informó que Israel y Líbano acordaron iniciar negociaciones directas en un momento y lugar a definir, tras una reunión celebrada en Washington. Sin embargo, no está claro si ya existe un marco concreto hacia la paz.

A esto se suma un dato de inflación mayorista que resultó mejor de lo esperado en marzo, con los costos de servicios sin cambios, y un sólido arranque de la temporada de balances en Estados Unidos, factores que también impulsaron al mercado, según Anthony Saglimbene, estratega jefe de Ameriprise.

En cuanto a los índices, el S&P 500 subió 81,14 puntos (1,2%) y cerró en 6.967,38, muy cerca de su récord de 6.978,60 alcanzado el 27 de enero. El lunes ya había superado el nivel de cierre del 27 de febrero, último día antes del inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El Nasdaq Composite ganó 455,35 puntos (2%) hasta los 23.639,08, encadenando su décima suba consecutiva. En tanto, el Dow Jones avanzó 317,74 puntos (0,7%) y cerró en 48.535,99, su nivel más alto desde comienzos de marzo.

A nivel sectorial, solo tres de los once sectores del S&P 500 cerraron en baja. Energía lideró las caídas con un retroceso del 2,2%, en línea con la baja del petróleo.

En tecnología, el segmento de software subió 1,6% por segundo día consecutivo, mientras que el índice de semiconductores de Filadelfia (SOX) avanzó un 2% y marcó su quinto cierre récord consecutivo.