Li Yujun fue liberado de la prisión Nº 2 de Beijing el mes pasado. Este ex vendedor callejero pasó en la cárcel más de la mitad de sus 45 años de vida por su participación en los disturbios que condujeron a la masacre en la capital china el 4 de junio de 1989. Fue acusado de encender fuego un camión con nafta esa noche para evitar que los soldados del Ejército de Liberación del Pueblo entrara al centro de Beijing y aplastara a los manifestantes desarmados que pedían democracia. Las estimaciones de muertes van desde cientos a miles.
Liberado por buena conducta el mes pasado, Li tiene prohibido dar entrevistas y será seguido de cerca por los servicios de seguridad chinos por al menos los próximos ocho años.
Esta magra demostración de clemencia, y una serie de otras leves señales de cambio, generaron esperanzas entre algunos activistas y defensores de derechos humanos de que los líderes de China quizás quieran por primera vez rever públicamente lo sucedido en 1989.
Pero otros sostienen que es poco probable que el Partido Comunista reabra el capítulo más doloroso de su historia reciente, y que cualquier iniciativa de ese tipo podría surgir sólo como parte de una revisión general del autoritario sistema político del país en el futuro.
Mucha gente está buscando señales de que el gobierno podría anular su veredicto sobre los acontecimiento del 4 de junio, comentó Wang Songlian, coordinador de investigación de Defensores de Derechos Humanos Chinos, un grupo de Hong Kong. Pero especialmente cuando uno ve que el maltrato del gobierno hacia los activistas se está intensificando justamente ahora, es difícil imaginar un cambio grande.
El veredicto oficial del partido sobre lo ocurrido en 1989 establece que las acciones de los líderes y ejército de China fueron totalmente justificados y necesarios para sofocar la rebelión contrarrevolucionaria, tal como llamó a las demostraciones pacíficas de la Plaza Tiananmen en el centro de Beijing.
Desde entonces, el partido borró de la memoria del pueblo casi todo rastro y mención del incidente dentro de China. No obstante, sigue siendo una enorme mancha para los gobernantes de China.
La masacre de la Plaza Tiananmen es algo que el mundo, dentro y fuera de China, se niega a olvidar y, en algún punto en el futuro, las autoridades anularán su fallo, señaló Andrew Nathan, profesor de la Universidad de Columbia, Nueva York, y uno de los editores de Tiananmen Papers, una colección de documentos secretos que se han filtrado y detallan las reuniones y decisiones de los líderes de china durante las protestas y represalias de 1989.
Ese momento llegará como parte de una revisión del régimen. Cuando el partido esté verdaderamente complicado debido a una caída económica o lucha entre facciones, y llegue a la conclusión de que necesita democratizar, entonces la revisión de los acontecimientos de Tiananmen será parte de eso.
La reciente expulsión de Bo Xilai, uno de los altos líderes de China, expuso la más severa lucha interna desde 1989 y provocó, dentro del partido, pedidos de reformas políticas y constitucionales, incluyendo la introducción de la democracia.
