Ninguna idea dejó una marca más profunda en las conversaciones públicas sobre los mercados y la economía en los últimos años que la de la “economía en forma de K”, un concepto acuñado a fines de 2020. La idea es que, desde el cierre por la pandemia, la economía en su conjunto se recuperó con fuerza, pero eso oculta una profunda grieta. El brazo superior de la K (el 10% de las familias más ricas, digamos) prospera enormemente. Mientras tanto, la mitad inferior de la distribución languidece, castigada por la inflación y sin participar del boom de los activos financieros como sí lo hicieron los ricos.

Esta idea se usó para explicar de todo: desde la resiliencia del gasto de los consumidores y las sorpresas en las ganancias corporativas (buenas y malas) hasta nuestra conflictiva vida política. Pero no hay muchos datos actualizados sobre la distribución del ingreso y la riqueza. Por eso, las explicaciones basadas en la K (o su rechazo) fueron más un reflejo de los preconceptos de quien explica que un aporte significativo a nuestra comprensión.

Sin embargo, la semana pasada llegaron nuevos datos: la edición 2025 de la Encuesta de Finanzas del Consumidor (SCF), que la Reserva Federal publica cada tres años. La SCF ofrece una mirada multidimensional de los hogares estadounidenses por cohorte de ingresos y riqueza, así como por nivel educativo, edad, raza, etc. Una conclusión crucial: si bien EE.UU. sigue siendo un lugar muy desigual, no se volvió mucho más desigual. Según la mayoría de los indicadores, la desigualdad apenas aumentó desde la pandemia, y según algunos, disminuyó.

Empecemos por los ingresos. Durante buena parte de los últimos 30 años, el ingreso del 10% que más gana creció más rápido que el del resto de la distribución. Su ingreso mediano actual, de u$s 400.000, quintuplica el de las familias del medio de la distribución. En 1989, cuando comenzó el estudio, el múltiplo era de cuatro. Los ingresos medios (una medida más influida por los más ricos de todos) siguen un patrón similar pero más extremo: el segmento superior gana ocho veces lo que gana el del medio. Pero ya sea que se miren las medianas o las medias, desde 2019 el crecimiento del ingreso fue igual o más lento en la cima que en la base. Y los autores señalan que en los últimos tres años: “Las familias en los extremos inferiores de las distribuciones de ingreso y patrimonio neto registraron aumentos modestos en el ingreso mediano y medio, mientras que las familias en los extremos superiores registraron caídas”.

La riqueza, medida por el patrimonio neto, es un indicador más importante, y aquí la encuesta cuenta una historia sutil pero no menos sorprendente. Desde 1989 hasta 2013, el décimo más rico hizo crecer su patrimonio neto real mucho más rápido que todos los demás. Sin embargo, en los últimos 12 años, la brecha de crecimiento con la mayoría de las demás cohortes se achicó o desapareció, según cómo se recorten los datos. Y en los últimos tres años, escriben los autores del estudio, “la desigualdad de la riqueza parece haber cambiado poco”.

Sí, los más ricos de todos siguen acumulando muchos más dólares de ingresos y riqueza que el resto, porque crecen a partir de una base mucho mayor. Pero en términos de tasa de crecimiento, la franja media se está acercando a la cima o incluso la supera. En ese sentido, la recuperación tiene más forma de una E un poco inclinada hacia atrás.

La encuesta también suma un nuevo e importante análisis de datos: una distribución del gasto de los consumidores por cohorte de riqueza. Concluye que el 10% de la población con mayores ingresos representa alrededor del 28% de todo el gasto. Es mucho, pero estimaciones recientes habían ubicado esa proporción en el 50%. Una cifra así de alta permitía descartar (erróneamente) todas las noticias alentadoras sobre el crecimiento del consumo como un efecto de la desigualdad.

Si bien EE.UU. sigue siendo un lugar muy desigual, no se volvió mucho más desigual.Magnific

Cabe señalar tres puntos que funcionan como contrapeso. El más importante: el 25% inferior del espectro de riqueza tiene un patrimonio neto promedio de aproximadamente cero desde que comenzó la encuesta. En parte, esto se debe a hogares jóvenes que todavía no acumularon ahorros. Pero buena parte del país vive al filo de la navaja, en particular las personas con menor nivel educativo y las minorías. Esto es terrible, pero no es nuevo.

En segundo lugar, hay que prestar atención al origen de la riqueza. En la mitad superior del espectro, los aumentos recientes estuvieron impulsados por las carteras de inversión; más abajo, el principal activo que se valoriza es la vivienda. Las viviendas vienen valorizándose de manera constante desde hace unos 15 años. Si tasas de interés más altas le ponen fin a esa tendencia, la brecha de riqueza podría volver a ampliarse. Por último, la suba de las tasas de interés representa otra amenaza para los estadounidenses más pobres. Si bien el apalancamiento de los hogares (las deudas en relación con los activos) está cayendo, los costos de la deuda están subiendo, y esto se refleja en una creciente morosidad.

Los datos de encuestas son imperfectos, pero la SCF es un estudio de alta calidad y la tendencia es clara. Aunque la desigualdad sigue siendo muy alta, las familias estadounidenses de buena parte del espectro de riqueza e ingresos obtuvieron ganancias reales en la última década. Ojalá que dure y que se extienda a los estadounidenses que más dificultades atraviesan.