

Comprar una vivienda para destinarla al alquiler ya no resulta tan atractivo como hace apenas unos años. En un mercado marcado por la presión regulatoria, el encarecimiento de los precios y una rentabilidad cada vez más ajustada, los inversores comienzan a dar un paso atrás.
Un estudio reciente del portal inmobiliario Fotocasa confirma esta tendencia y muestra un descenso significativo en el número de compradores que adquieren una vivienda con fines exclusivamente inversores. El informe apunta a un repliegue progresivo que afecta tanto al alquiler de larga duración como a los arrendamientos de corta estancia.

Menos inversores y menor peso del alquiler como destino final
Según el estudio, el porcentaje de personas que compran una vivienda para alquilar ha caído siete puntos porcentuales en 2025, pasando del 84% al 77% en solo un año. Aunque sigue siendo una mayoría, el retroceso marca un punto de inflexión en un mercado que durante la última década había consolidado el alquiler como uno de los principales motores de la inversión inmobiliaria.
El alquiler de larga duración continúa siendo la opción predominante entre quienes mantienen esta estrategia, pero también pierde peso. Representa actualmente el 61% de los casos, frente al 64% registrado en 2024, lo que indica una menor confianza incluso en el segmento tradicionalmente más estable del mercado.
La caída es aún más visible en los arrendamientos de corta duración o vacacionales, que han pasado del 20% al 16% en solo doce meses. Este ajuste coincide con un endurecimiento de las normativas autonómicas y municipales sobre pisos turísticos, así como con un mayor control fiscal y administrativo.
La rentabilidad sigue siendo clave, pero ya no convence tanto
La rentabilidad continúa siendo el principal incentivo para comprar una vivienda y ponerla en alquiler, pero también aquí se observa un desgaste. En 2025, el 68% de los inversores señala este motivo como el principal, cuatro puntos menos que el año anterior.
Otros factores ganan peso relativo. Un 37% de los propietarios alquila su vivienda para poder afrontar con mayor facilidad el pago de la hipoteca, mientras que un 7% mantiene el inmueble en alquiler de forma transitoria, a la espera de que el contexto mejore para venderlo y obtener una plusvalía.
Estos datos reflejan un cambio en el perfil del inversor, cada vez más defensivo. La compra de vivienda deja de percibirse como una apuesta clara a largo plazo y pasa a ser, en muchos casos, una estrategia de contención ante un entorno incierto.
La vivienda pierde fuerza como inversión a largo plazo
El estudio también muestra un descenso en la percepción de la vivienda como activo refugio. Solo el 58% de los demandantes con fines inversores considera ahora que comprar para alquilar es una inversión a largo plazo, frente al 63% de 2024.
Aunque un 55% sigue viendo la vivienda como una forma de generar patrimonio y un 42% la percibe como un seguro de cara al futuro, ambos indicadores también se sitúan por debajo de los niveles de años anteriores. La combinación de precios altos, costes crecientes y márgenes más estrechos erosiona la confianza incluso entre perfiles tradicionalmente favorables al ladrillo.
Desde Fotocasa, su directora de Estudios y portavoz, María Matos, apunta directamente al marco regulatorio. La actualización anual de las rentas está sujeta al Índice de Referencia de Arrendamientos de Vivienda (IRAV), que fija topes máximos a las subidas. A su juicio, esta limitación “desincentiva a una parte de los propietarios a mantener sus viviendas en el mercado del alquiler”.
Menos viviendas en alquiler y un mercado más tensionado
El impacto va más allá de la decisión individual de compra. Según advierte Matos, la caída de la rentabilidad no solo frena la incorporación de nuevas viviendas al mercado del alquiler, sino que también acelera la salida de las ya existentes. Propietarios que antes apostaban por el arrendamiento optan ahora por vender o retirar el inmueble, ante la percepción de un riesgo creciente.

Este movimiento contribuye a un efecto paradójico. Mientras disminuye el número de inversores, la oferta de alquiler se reduce, lo que mantiene la presión sobre los precios en muchas ciudades y dificulta el acceso a la vivienda para los inquilinos.
El estudio de Fotocasa dibuja así un escenario de transición. La vivienda sigue siendo un activo relevante, pero ya no funciona como un valor seguro automático. En un mercado más regulado y con menor margen de beneficio, cada vez más compradores se preguntan si alquilar sigue siendo, realmente, la mejor inversión posible.














