Hay relaciones que terminan, pero siguen ocupando espacio. Un mensaje inesperado, una respuesta impulsiva o una quedada que parecía inofensiva pueden reabrir una herida que todavía no se había cerrado. En esos momentos, el alivio suele llegar rápido, aunque no siempre dure.
A través de su cuenta de Instagram, la psicóloga Silvia Severino lo planteó con una imagen directa: “escribirle, responder algún mensaje o incluso verte con tu ex o con una persona con la que tienes un vínculo emocional intermitente que aparece y desaparece es como emborracharse para calmar el dolor emocional”.
La frase vincula esta dinámica con la pérdida de confianza en uno mismo cuando se mantiene contacto con personas que aparecen y desaparecen.
Verte con tu ex puede reabrir el dolor emocional que parecía cerrado
El punto de Severino no está en demonizar a una expareja, sino en mirar las consecuencias. En su vídeo, la psicóloga explica que ese contacto inicial puede provocar “euforia”, “alivio”, “cercanía” y “la ilusión de que todo está bajo control”. La sensación funciona como una pausa breve en medio del malestar.
El problema llega después. Severino habla de una “resaca” emocional que no se va en un día y que aparece cuando la persona siente que volvió a ponerse “en el lugar del rechazo”, fue contra sus valores o perdió control sobre su vida afectiva. El vínculo emocional intermitente se presenta como una relación que alterna presencia y ausencia, generando confusión y desgaste.
La comparación con el alcohol es eficaz porque describe una secuencia reconocible. Primero aparece el alivio. Luego, el coste. En términos emocionales, volver a hablar con alguien que no ofreció estabilidad puede reforzar el enganche, alimentar expectativas y retrasar el proceso de separación.
Por qué los vínculos intermitentes enganchan tanto después de una ruptura
Las rupturas amorosas pueden producir un malestar intenso. La American Psychological Association recoge investigaciones que muestran cómo ciertas estrategias, como escribir sobre la experiencia, pueden ayudar a procesar el final de una relación romántica. El dato importa porque señala una diferencia clave: elaborar lo ocurrido no es lo mismo que volver al contacto que sostiene la herida.
La literatura científica también ha estudiado el peso del apego y del malestar tras una ruptura. Un artículo publicado en Current Psychology señala que las separaciones románticas pueden afectar la salud mental y asociarse con síntomas psicológicos, incluidos síntomas depresivos.
En ese contexto, el contacto con una expareja no siempre es neutral, sobre todo cuando la relación dejó rechazo, ambivalencia o dependencia emocional.
La lógica del vínculo intermitente se apoya en una dinámica muy poderosa: la persona no recibe afecto de forma estable, sino por ráfagas. A veces hay cercanía, otras veces silencio. Esa alternancia puede volver más difícil soltar, porque cada gesto de atención parece una señal de cambio.
Por eso, Severino plantea una recomendación sencilla antes de responder o aceptar un encuentro: “Evalúa las consecuencias. Eso también es amor propio”. La frase apunta a una pausa concreta, no a una teoría abstracta. Antes de contestar, conviene preguntarse qué pasó la última vez, cómo terminó ese contacto y qué lugar emocional dejó después.
Qué hacer antes de responder un mensaje de una expareja
La primera medida es separar el impulso de decisión. Responder en caliente puede parecer una forma de recuperar calma, pero también puede abrir otra ronda de espera, interpretación y ansiedad. Si el vínculo fue inestable, cada mensaje puede convertirse en una prueba afectiva: si contesta, si tarda, si propone verse, si vuelve a desaparecer.
También conviene revisar si ese contacto respeta los propios límites. Severino menciona el riesgo de “ir contra tus valores” y de sentir que se pierde “el control” de la vida emocional. Esa pérdida suele aparecer cuando la persona sabe que algo le hace daño, pero aun así vuelve a exponerse a la misma dinámica.
La salud emocional no siempre exige cortar todo contacto para siempre, pero sí pide claridad. Hay separaciones que pueden transformarse en un vínculo cordial con el tiempo. Otras necesitan distancia, silencio y una reconstrucción más lenta. La diferencia está en el efecto que produce el contacto: si ordena o si desestabiliza.
En estos casos, el amor propio no consiste en mostrarse indiferente. Consiste en dejar de negociar con lo que ya mostró un patrón dañino. Cuando una relación funciona como una promesa que nunca se concreta, cada regreso puede sentirse como una oportunidad, pero también como una repetición. Ahí está la advertencia de Severino: antes de volver a ese lugar, mirar las consecuencias puede ser el primer acto real de cuidado.