En la madrugada del sábado al domingo, España adelantará sus relojes una hora para dar inicio al horario de verano. A las 02.00 serán las 03.00, en una práctica que continúa vigente en toda la Unión Europea pese a las críticas sostenidas en los últimos años.
La medida quedó automáticamente extendida hasta 2031 por decisión de la Comisión Europea.
El ajuste forma parte de un calendario comunitario que fija el último domingo de marzo como referencia para el inicio del horario estival. Aunque el debate político y científico permanece abierto, no existe aún un acuerdo entre los Estados miembros para eliminar este sistema de forma definitiva.
El origen de esta práctica se remonta a la crisis energética de los años 70, cuando se buscó optimizar el uso de la luz natural para reducir el consumo eléctrico.
En la actualidad, ese argumento pierde fuerza frente a nuevas evidencias que cuestionan su impacto real tanto en el ahorro energético como en la salud de la población.
¿Por qué sigue vigente el cambio de hora en Europa?
La continuidad del cambio horario responde, principalmente, a la falta de consenso dentro del bloque europeo. En 2019, el Parlamento Europeo votó a favor de eliminar esta práctica, pero la decisión requiere la aprobación conjunta de los países miembros, algo que aún no se ha alcanzado.
Desde organizaciones como Time Use Initiative y la Alianza Internacional por el Horario Natural impulsan campañas para terminar con este sistema. Argumentan que el cambio de hora afecta el descanso, altera los ritmos biológicos y repercute en la productividad laboral.
Aun así, la Comisión Europea mantiene abierta la posibilidad de revisar la medida. Un informe previsto para este año podría reactivar el debate político.
En ese contexto, la presidencia rotativa del Consejo de la UE, actualmente en manos de Chipre, ha señalado que retomará la discusión si se presentan nuevas evidencias concluyentes.
¿Cómo impacta en la vida cotidiana y la salud?
El principal efecto inmediato será una modificación en los ciclos de luz. A partir del domingo, amanecerá y anochecerá más tarde, lo que amplía la percepción de días más largos. Sin embargo, este ajuste implica dormir una hora menos durante la primera noche, con consecuencias en el descanso.
Expertos advierten que el cambio puede provocar fatiga, falta de concentración y alteraciones en el rendimiento diario. Los grupos más sensibles, como niños y personas mayores, pueden experimentar mayores dificultades de adaptación en los días posteriores.
Para reducir el impacto, se recomienda ajustar progresivamente los horarios de sueño y alimentación en los días previos. También se desaconseja recurrir a medicación sin indicación médica.
Mientras tanto, la tecnología facilita la transición: la mayoría de los dispositivos digitales actualizan la hora de forma automática, aunque los relojes tradicionales aún requieren ajuste manual.