

El Vaticano hizo oficial este jueves la excomunión automática de seis obispos vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La medida responde a la consagración de cuatro nuevos prelados el pasado 1 de julio en Écône, Suiza, sin el mandato pontificio requerido por el derecho canónico. El decreto, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, señala que los obispos incurrieron ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae* reservada a la Sede Apostólica por cometer un acto de naturaleza cismática.
La decisión afecta a los dos obispos consagrantes, el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay, y a los cuatro sacerdotes ordenados: Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier. Según el comunicado oficial, la Santa Sede había advertido reiteradamente que proceder con las ordenaciones sin autorización papal constituiría una ruptura de la comunión eclesial. El propio papa León XIV envió una carta al superior general de la fraternidad, Davide Pagliarani, el 30 de junio, instándole a desistir de lo que calificó como un "acto cismático“.
Por qué el Papa León XIV excomulgó a seis obispos lefebvrianos
La excomunión de seis obispos lefebvrianos se fundamenta en el canon 1387 del Código de Derecho Canónico. Este precepto establece que tanto el obispo que consagra como el que recibe la ordenación sin mandato pontificio incurren automáticamente en la pena canónica más grave. El Vaticano subraya que no se trata de una sanción discrecional, sino de la consecuencia jurídica inmediata de un acto que atenta contra la unidad de la Iglesia y la autoridad del Sumo Pontífice.
El decreto vaticano precisa que la consagración episcopal de cuatro presbíteros sin mandato papal y en contra de la voluntad expresa del Papa constituye un "acto de naturaleza cismática“. La excomunión latae sententiae* significa que la pena se aplica por el propio hecho, sin necesidad de proceso judicial previo, y está reservada a la Sede Apostólica, por lo que solo el Papa o quien él designe puede levantarla.
¿Qué implica la excomunión para los fieles y la Fraternidad San Pío X?
La excomunión conlleva la prohibición de recibir los sacramentos y de ejercer cualquier ministerio o cargo eclesiástico. Para los fieles, el decreto advierte que los ministros pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X “están en cisma y, por tanto, deben ser considerados cismáticos“. Esto implica que los católicos no deben acudir a sus celebraciones litúrgicas ni recibir sacramentos administrados por ellos, salvo en peligro de muerte.
La Fraternidad, fundada en 1970 por monseñor Marcel Lefebvre, mantiene una posición tradicionalista que rechaza aspectos del Concilio Vaticano II, especialmente la libertad religiosa, el ecumenismo y la nueva liturgia. Pese a los intentos de regularización bajo los pontificados de Benedicto XVI y Francisco, las tensiones persisten. En 2026, la decisión de ordenar obispos sin permiso rompe definitivamente el diálogo y reproduce el esquema de 1988, cuando Lefebvre consagró cuatro obispos y fue excomulgado junto a ellos.

Antecedentes: el cisma de 1988 y los intentos de reconciliación
El actual episodio recuerda directamente a la crisis de 1988, cuando monseñor Lefebvre consagró a cuatro obispos sin autorización de Juan Pablo II, provocando su excomunión y la de los consagrados. Entonces, la Santa Sede calificó el acto de "cisma formal“. Tres décadas después, Benedicto XVI levantó las excomuniones de los cuatro obispos supervivientes en 2009 como gesto de apertura, pero la regularización canónica de la Fraternidad nunca se concretó por diferencias doctrinales insalvables.
Bajo el pontificado de Francisco, las conversaciones continuaron sin llegar a un acuerdo. La elección de León XIV no modificó la postura vaticana: la comunión eclesial requiere la aceptación del Magisterio y la obediencia al Papa. La carta del 30 de junio, hecha pública tras las ordenaciones, refleja un último intento pastoral para evitar la ruptura. La respuesta de la Fraternidad, que justificó su decisión alegando “necesidad” y “fidelidad a la tradición”, cerró la puerta a la mediación y consumó el nuevo cisma.












