

En un descubrimiento que combina arqueología, biología y sorpresa absoluta, científicos españoles identificaron una nueva especie animal nunca antes registrada en las profundidades de un antiguo acueducto romano en Carmona, Sevilla.
Se trata del Baeticoniscus carmonaensis, un pequeño isópodo terrestre (conocido popularmente como cochinilla terrestre), que vive exclusivamente en la mina de agua de San Antón, una galería subterránea construida por los romanos hace dos milenios.

¿Dónde y cómo se descubrió esta nueva especie?
El equipo, conformado por científicos y miembros de la Asociación Andaluza de Exploraciones Subterráneas, encontró al inusual ser durante recorridos en 2021 y 2022 por la llamada mina de agua de San Antón, la cual perteneció a la Antigua Roma.
Se trata de una especie nunca antes vista, identificada en un estudio reciente publicado en Subterranean Biology. En el informe, detallaron que el equipo exploró los 880 metros de la mina de agua de San Antón, un laberinto húmedo, oscuro y sin luz natural.
Tras recorrer sus galerías, localizaron entre 150 y 200 ejemplares del isópodo en zonas elevadas, protegidas de posibles inundaciones, entre trozos de madera podrida que caen desde los antiguos pozos de acceso.
¿Cómo es esta nueva especie?
En el hallazgo analizaron 35 ejemplares (incluyendo holotipo y paratipos) para confirmar que se trataba de una especie nueva dentro del género Baeticoniscus. De esta manera, determinaron sus principales características:
- Tamaño: machos hasta 2,5 mm, hembras ligeramente mayores, hasta 2,7 mm.
- Color: incoloros (blancos), adaptados a la oscuridad total.
- Ojos: un único y gran ocelo oscuro (órgano de visión simple).
- Caparazón: presenta tubérculos y costillas distintivos en cefalón y pereión (cabeza y tórax), que lo diferencian claramente de su pariente más cercano, el B. bullonorum (descrito en 2020 en una cueva de Málaga).
Los detalles únicos del descubrimiento en Sevilla
Los expertos descubrieron una nueva especie de isópodo a la que bautizaron Baeticoniscus carmonaensis, conocida también como el isópodo de Carmona. El diminuto animal apareció entre restos de madera en descomposición dentro de un complejo sistema de galerías subterráneas romanas, construido hace aproximadamente 2.000 años y por donde todavía circula agua.

Este pequeño crustáceo mide apenas unos 2,5 milímetros (alrededor de 0,1 pulgadas), presenta un cuerpo completamente incoloro y segmentado, antenas bien definidas y, lo más llamativo, unos enormes ojos negros que destacan en su anatomía. Los investigadores lo encontraron en las partes más altas de la antigua mina, oculto en las grietas y rendijas de la madera podrida.
Su hallazgo en un entorno tan peculiar resalta la sorprendente capacidad de adaptación de estas criaturas a ambientes oscuros y aislados durante milenios.












