El analista político Sergio Berensztein cuestionó con dureza la estrategia del Gobierno para administrar narrativamente el proceso de desinflación y advirtió sobre los costos políticos y económicos de sostener supuestos que, a su juicio, nadie cree. Lo hizo durante su participación en “Nada Personal, el debate de la semana”, el programa que se emite por El Cronista Stream, conducido por Julián Yosovitch, con un panel integrado por Agustín D´attellis, Mariano Gorodisch, Florencia Barragan y Daniela Romero.

En ese marco, Berensztein sostuvo que el problema generado por la postergación del nuevo índice de inflación no se explica por una falla técnica del INDEC, sino por una decisión política asociada al armado del Presupuesto. “Acá el problema no tiene que ver con el INDEC, tiene que ver con el Presupuesto”, afirmó, y apuntó directamente contra la hipótesis inflacionaria incluida en la ley de leyes.

Según el analista, el Congreso avaló un cálculo de inflación anual “de un poquito más del diez por ciento” que nadie consideró realista desde el inicio. “Todos sabemos que eso no va a pasar. Los legisladores que levantaron la mano también lo sabían. El Presidente que mandó el proyecto también lo sabía”, señaló. En ese sentido, describió esa decisión como una “típica ficción argentina”, en la que se consagró un supuesto que no coincidió con ninguna proyección relevante.

Berensztein remarcó que ni siquiera el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) sostuvo ese escenario. “El REM está a dieciocho, diecinueve”, recordó, y vinculó esa diferencia con la utilización del impuesto inflacionario como herramienta de financiamiento. A su entender, el Gobierno subestimó deliberadamente la inflación para ampliar el margen de recursos discrecionales. “Hacés un cálculo erróneo de inflación para que te entre más guita, para el tema del impuesto inflacionario. Para eso se cobra”, explicó.

En esa línea, cuestionó el nivel de discrecionalidad del Poder Ejecutivo en el manejo del gasto público y señaló que el desfasaje quedó expuesto con los datos de inflación de comienzos de año. “Cuando te mandaste esa macana, si tenés una inflación en enero del 2,8%, ¿cómo justificás que en un mes tenés casi un tercio de la inflación que vos calculaste para todo el año?”, planteó.

Para Berensztein, ese error radica en no reconocer el carácter voluntarista del proceso de desinflación. “El Gobierno, para no admitir que la inflación va a ser más alta de lo que dice, se ató a sí mismo a un mástil que ahora no puede sostener”, sostuvo. Frente a una repregunta del panel, amplió la comparación internacional y relativizó los plazos que el oficialismo planteó para reducir la inflación.

El analista recordó que en países como Colombia, Israel o Chile el proceso de desinflación llevó décadas. “En Chile, después de la transición a la democracia, entró con una inflación del 25%. ¿Cuánto tardó en bajar a un dígito? Quince años”, subrayó, y se preguntó por qué la Argentina debería lograrlo en apenas tres. “¿Por qué la Argentina lo tiene que hacer en tres años?”, insistió.

En ese punto, Berensztein vinculó el apuro oficial con una promesa central de campaña que quedó inconclusa. “El Presidente había prometido dolarizar la economía. Fue una promesa importante”, recordó. Según su análisis, la necesidad de mostrar una baja rápida de la inflación respondió al intento de neutralizar el costo político de no haber cumplido con ese compromiso.

En el intercambio con el panel, Berensztein profundizó sobre el impacto político del episodio y volvió sobre el problema de la credibilidad estadística en la Argentina. Señaló que el Gobierno había anunciado reiteradamente que, a partir de enero, el índice de precios iba a reflejar “la realidad” y mostrar una mejora, pero advirtió que la demora en su publicación reavivó viejos fantasmas. “El drama es ese: el problema de credibilidad existe con la Argentina”, afirmó.

En ese punto, recordó los antecedentes de manipulación estadística y los costos que todavía arrastra el país por aquellas decisiones. Mencionó los conflictos judiciales vinculados a los bonos ajustados por crecimiento y alertó sobre el riesgo de abrir nuevos litigios. “Tenés juicios todavía por los bonos ajustados por el crecimiento. Ahora estás en riesgo de meter la pata y tener juicios por el SER”, advirtió, y se preguntó si el país podía darse el lujo de enfrentar más demandas de ese tipo.

No obstante, marcó una diferencia sustancial entre la intervención del INDEC durante los gobiernos kirchneristas y el error actual. Según explicó, en aquel momento se modificó de manera abrupta la tendencia de la inflación, mientras que ahora el eventual cambio impactó solo en décimas. “Acá es cambiar milésimas, que no cambian la tendencia de largo plazo de la inflación”, sostuvo. En ese sentido, afirmó que, aun con la nueva metodología, la trayectoria descendente del índice se habría mantenido.

Para respaldar ese argumento, citó cálculos realizados por el economista Martín González Rozada, a quien definió como un referente académico con trayectoria. Según detalló, al aplicar la nueva metodología al IPC del año anterior, la diferencia habría sido marginal. “Le daba 2,5% más para todo el año pasado. Es decir, la diferencia era absolutamente marginal”, señaló, y agregó que el problema político radica más en el impacto simbólico del número que en su efecto real. “El número maldito es el tres. Si empieza con dos está mal, pero no tanto”, resumió.

Daniela Romero

Berensztein pidió entonces retomar el eje electoral, al que definió como central para entender el contexto. Allí planteó una de sus definiciones más contundentes: la inexistencia de una amenaza opositora clara para el oficialismo. “En la Argentina hay algo muy importante, y es que el Gobierno no tiene oposición”, afirmó. Según su diagnóstico, la oposición apareció fragmentada, sin liderazgos y, sobre todo, sin una narrativa consistente.

En ese marco, sostuvo que el llamado “riesgo kuka” no operó como un condicionante real del escenario político. “El riesgo kuka no existe”, afirmó, y remarcó que los niveles de popularidad de los dirigentes kirchneristas se mantienen muy bajos. A su entender, resulta “altamente improbable” que un candidato identificado con esas ideas pudiera ser competitivo en el corto plazo.

Para ilustrar ese punto, citó declaraciones recientes de Miguel Ángel Pichetto, quien había señalado que Axel Kicillof solo podría aspirar a una candidatura nacional si modificaba de raíz su enfoque. “Dijo que si Axel quiere ser candidato, tiene que cambiar de visión. O sea, tiene que dejar de ser Axel”, recordó.

En ese contexto, Berensztein concluyó que la falta de una oposición articulada le otorga al Gobierno un margen amplio para cometer errores sin pagar costos inmediatos. “El Gobierno tiene margen para cometer errores no forzados sin que nadie lo capitalice”, sostuvo. Sin embargo, advirtió que ese escenario no resulta inocuo para el país. “Esto es malo para la Argentina, porque sube el riesgo país y lo pagamos todos”, alertó, y dejó abierta la pregunta sobre hasta cuándo podría extenderse ese margen.