Tras varios meses de fuerte expansión, las importaciones comenzaron 2026 con señales de enfriamiento lo que abren un nuevo interrogante sobre la dinámica del comercio exterior y su correlato en una economía con señales de recuperación “heterogéneas”.
En febrero las importaciones registraron una caída interanual del 11,8%, explicada principalmente por una fuerte contracción en las cantidades importadas, señaló un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (CIEN).
En el acumulado del primer bimestre, las compras externas sumaron u$s 10.231 millones, lo que implica un retroceso del 11,9% respecto al mismo período de 2025.
El dato marca un cambio respecto de la dinámica observada durante el último tiempo, cuando la normalización del acceso al mercado de cambios, la recomposición de stocks y las expectativas de recuperación económica habían impulsado el crecimiento de las importaciones.
Este fenómeno se combina con la caída de consumo que está generando el menor nivel de reposición en los últimos 30 años en los depósitos fiscales, lo que anticipa que las compras al exterior se mantendrán a la baja.
Esta tendencia es positiva para el Gobierno por la menor demanda de divisas, sin embargo, continúa ejerciendo presión sobre el sector pyme industrial.
Depósitos a tope
La desaceleración de las importaciones empieza a reflejarse en depósitos fiscales y zonas francas de todo el país, donde se acumula mercadería sin movimiento. Operadores del sector describen el escenario como “depósitos a tope sin rotación”.
El fenómeno convive con un creciente problema de sobrestock. En condiciones normales, la mercadería permanece entre 30 y 40 días en un depósito fiscal. Hoy ese plazo se volvió imprevisible y en algunos casos puede extenderse hasta un año, reflejo de compras anticipadas y de una demanda que perdió dinamismo.
“El depósito fiscal es un punto de paso, no un lugar para almacenar mercadería”, explican operadores logísticos. El sistema está diseñado para una rotación rápida: a partir de los 15 o 30 días los costos comienzan a escalar para incentivar la salida de la carga.
En este contexto, la saturación responde a una lógica simple: si la mercadería no sale, es porque no se vende.
Gran parte del fenómeno se explica por la fuerte recomposición de stocks que realizaron las empresas durante 2024 y 2025, cuando aprovecharon la mayor disponibilidad de divisas para adelantar importaciones.
La acumulación también genera presión sobre los costos. El almacenamiento en zona franca ronda los $450 por metro cúbico, mientras que en depósitos fiscales puede superar los $600. Además, los plazos son distintos: en un depósito fiscal la carga tiene 15 días hábiles de permanencia —prorrogables por otros 15—, mientras que en zona franca el almacenamiento es ilimitado.
Esto genera una paradoja para los importadores. Para retirar la mercadería del depósito fiscal deben nacionalizarla y pagar impuestos, trasladándola luego a depósitos privados donde los costos pueden ser aún mayores, además de asumir el riesgo de mantener un stock que podría tardar meses en venderse.
La situación genera además un problema de costos. Mientras el almacenamiento en zona franca ronda en promedio los $450 por metro cúbico, en depósitos fiscales puede superar los $600, lo que obliga a las empresas a evaluar con mayor cuidado dónde mantener la mercadería.
También existen diferencias clave en los plazos. En un depósito fiscal, la mercadería cuenta con 15 días hábiles de permanencia —con una prórroga de otros 15— antes de ingresar en situación de rezago, lo que refuerza su carácter de tránsito rápido. En cambio, en zona franca el almacenamiento puede extenderse hasta cinco años, lo que permite utilizar estos espacios para stockear mercadería, esperar mejores condiciones cambiarias o demorar la nacionalización.
En el contexto actual, muchos importadores enfrentan una paradoja. Para retirar la mercadería del depósito fiscal deben nacionalizarla, lo que implica pagar impuestos y trasladarla a un depósito nacional, donde los costos de almacenamiento resultan aún más altos. Además, este paso supone asumir el riesgo de mantener un stock que puede tardar meses en venderse.
Operadores logísticos señalan que la saturación no se limita al área metropolitana y se repite en depósitos de distintas regiones del país. En paralelo, el sector vuelve a poner sobre la mesa un reclamo histórico: la falta de infraestructura logística y la subutilización de las zonas francas, en contraste con el desarrollo que alcanzaron en países vecinos como Uruguay que “es la NASA”, contrastan.
Freno a la inversión y producción
El análisis de CIEN por rubros muestra que la caída de importaciones no fue homogénea y que los mayores retrocesos se registran en los bienes vinculados a la actividad productiva.
Además del sector Combustibles y lubricantes que lidera la caída (36,8%) por el desarrollo de Vaca Muerta, sobresale el retroceso en Piezas y accesorios para bienes de capital (24,9%); Bienes de capital (17,6%) y Bienes intermedios (4,1%).
En cambio, los bienes finales mostraron una retracción menor. En el caso de Vehículos automotores (5,7%) y Bienes de consumo (3%).
De acuerdo con el informe, este patrón sugiere que el ajuste responde más a un freno en la actividad económica que a un simple reacomodamiento comercial. Incluso los bienes intermedios —insumos clave para la industria— comienzan a mostrar retrocesos, lo que podría anticipar menor dinamismo productivo en los próximos meses.
Ajuste palpable: caen las cantidades
Uno de los puntos centrales del análisis es que la baja de las importaciones no está explicada por los precios, sino por el volumen de compras.
Mientras los precios de importación subieron 3,7%, las cantidades cayeron 14,9%, lo que confirma que la reducción responde a una menor demanda interna y no a un efecto nominal.
Al mismo tiempo, se detecta una desaceleración en las compras al exterior realizadas a través de courier y correo internacional. Luego de alcanzar un pico de u$s 105,4 millones en diciembre de 2025, el monto descendió a alrededor de u$s 90 millones en enero y febrero de este año.
Para Gustavo Scarpetta, especialista en comercio exterior y director del CIEN el cambio de tendencia responde a la combinación de varios factores.
Desde la caída de la demanda interna, que impacta en el consumo y la inversión al fin del efecto reposición de stocks, luego de las fuertes compras realizadas en 2024 y 2025.
Además, menciona las altas tasas de interés, que encarecen el financiamiento para importar y la postergación de inversiones, reflejada en la baja de bienes de capital.
En paralelo, el informe destaca que los bienes de consumo son los que menos retroceden, impulsados por un segmento de consumidores con mayor poder adquisitivo que mantiene la demanda por productos importados, desde alimentos hasta tecnología.
Tres escenarios hacia adelante
A partir de los datos del primer bimestre, el estudio concluye que el boom importador entró en una fase de agotamiento, aunque no necesariamente en una caída abrupta.
Hacia adelante, el escenario dependerá del comportamiento de la actividad económica y del crédito. En ese marco, el CIEN plantea tres posibles trayectorias: una estabilización en un nuevo nivel de importaciones, un escenario más contractivo si se profundiza la desaceleración económica o un rebote condicionado a la recuperación de la inversión y la demanda interna.
En síntesis, si bien no se proyecta un desplome de las importaciones, lo que muestran los datos es el paso desde una etapa expansiva —impulsada por la normalización del comercio— hacia una fase más selectiva, donde el nivel de compras al exterior dependerá de las condiciones reales de la economía.