La relación entre la izquierda argentina y los gobiernos populares de América Latina suele combinar el rechazo a la derecha con fuertes discusiones sobre los límites de los proyectos políticos que llegan al poder. Desde Evo Morales en Bolivia hasta Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, pasando por Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, estos liderazgos obligaron a las corrientes más radicalizadas a tomar posición frente a experiencias que, aun cuando enfrentan adversarios comunes, no representan necesariamente sus propios programas.
Esas discusiones tampoco se desarrollan a la distancia. Buena parte de las organizaciones de izquierda argentinas integra redes internacionales, mantiene vínculos con partidos hermanos de otros países y comparte espacios de militancia. Por eso, el resultado de una elección en Brasil puede convertirse también en un debate sobre las estrategias para enfrentar al gobierno de Javier Milei y sobre el papel que deben desempeñar los trabajadores y los movimientos sociales.
El domingo 25 de octubre, Lula derrotó en el balotaje al senador Flávio Bolsonaro, revirtió el resultado de la primera vuelta y obtuvo su cuarto mandato presidencial, con una diferencia de alrededor de 4,4 millones de votos. El presidente brasileño consiguió el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% de su rival, según los resultados electorales publicados en Brasil. La victoria fue celebrada por distintas organizaciones de la izquierda argentina, que coincidieron en señalar el retroceso de la ultraderecha, aunque con diferencias sobre las causas del resultado y las tareas que se abren a partir de ahora.
La izquierda argentina y el triunfo de Lula: el impacto sobre Milei y Trump
Gabriel Solano, dirigente del Partido Obrero (PO) e integrante del Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U), interpretó el resultado como una derrota que excede las fronteras brasileñas. “Las elecciones brasileñas arrojaron una fuerte derrota de la ultraderecha, obviamente de Bolsonaro, pero no solo de él, sino de todo un eje político que nace en Trump y que tiene a Milei como uno de sus principales exponentes”, planteó. A su juicio, la caída electoral de Flávio Bolsonaro también representa un revés para el alineamiento internacional del presidente argentino.
Para Solano, sin embargo, la principal lección está en la movilización social que acompañó la campaña hacia la segunda vuelta. El dirigente destacó el protagonismo de los jóvenes, las mujeres y los sectores sindicales, y sostuvo que las protestas no se limitaron al rechazo a Bolsonaro, sino que también impulsaron reclamos sociales. Entre ellos mencionó la reducción de la jornada laboral, el fortalecimiento de Bolsa Família y la oposición a las apuestas deportivas en línea. “A la derecha hay que enfrentarla en la calle con la movilización popular”, resumió, al trasladar esa lectura al escenario argentino.
Una posición similar sobre el impacto regional expresó Juan Carlos Giordano, dirigente de Izquierda Socialista, partido que integra el FIT-U y tiene entre sus referentes al ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero. Giordano celebró la derrota de Bolsonaro y remarcó que su resultado también afecta a Donald Trump y a Milei, quien había respaldado públicamente al candidato brasileño. La organización había llamado a un “voto crítico” a Lula: acompañar la opción electoral que permitiera frenar a la ultraderecha sin respaldar las políticas del Partido de los Trabajadores (PT).
En la misma línea, Nicolás del Caño y Myriam Bregman, diputados nacionales del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), otra de las fuerzas del FIT-U, reivindicaron el papel de la movilización popular. Del Caño sostuvo que “ni Trump ni Meta con sus extorsiones pudieron contra la movilización popular” y llamó a transformar la alegría por el resultado en una lucha independiente contra la ultraderecha, el imperialismo y la gran patronal. Bregman, por su parte, destacó el protagonismo juvenil y planteó que la victoria debe dar paso a nuevas movilizaciones contra las políticas de ajuste.
Las diferencias de la izquierda argentina sobre Lula y su gobierno
El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), también integrante del FIT-U y con referentes como Vilma Ripoll y Alejandro Bodart, puso el acento en la continuidad de la movilización. En un artículo firmado por Verónica O’Kelly y publicado en Periodismo de Izquierda, la organización definió el resultado como una “victoria antifascista” y advirtió que la derrota electoral no implica el final de la extrema derecha. Su planteo es sostener la organización en las calles y construir una alternativa política independiente, tanto frente al bolsonarismo como frente a los límites que atribuye al gobierno del PT.
La crítica al rumbo de Lula aparece con mayor énfasis en Política Obrera, el parido que timonean Marcelo Ramal y Jorge Altamira. En su lectura, el resultado no se explica solamente por la movilización popular, sino también por las divisiones dentro de la derecha brasileña. “La derrota de Bolsonaro es un golpe político a los Trump, Milei y toda la fracción del imperialismo que había apostado por el mentor de los ‘milicianos’ brasileños”, sostuvo. Al mismo tiempo, cuestionó la interpretación de las protestas como un respaldo directo a Lula y remarcó que la derecha conserva una fuerte presencia institucional.
El Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el Partido del Trabajo y del Pueblo (PTP), conocidos por el gran público por vinculo con el movimiento de desocupados a través de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), también saludaron el resultado.
En un documento difundido el domingo, destacaron la movilización popular y el impacto regional de la derrota de Flávio Bolsonaro, al que identificaron como un revés para Milei y para la estrategia de Donald Trump en América Latina. Pero advirtieron que la ultraderecha mantiene una importante fuerza política y social y que el nuevo mandato de Lula deberá responder a las desigualdades y a la concentración de la riqueza en Brasil.