Diego Coatz fue el histórico economista jefe y luego director ejecutivo de la Unión Industrial Argentina. Sigue en contacto con todos los sectores y se volcó al análisis de mediano y largo plazo. Desde su consultora I+D, analiza la coyuntura, perspectivas y oportunidades para uno de los sectores más golpeados en actividad.

—¿Cuál es el estado de situación de la industria?

—Hay un activo que la Argentina tiene que tener orden macro, orden económico. Para la empresa, y en particular para la industria, la previsibilidad económica, menor brecha cambiaria, poder normalizar el comercio exterior y tener sustentabilidad fiscal y externa es sumamente importante. A este orden económico hoy le está faltando crecimiento e inversión, así que es un orden económico a medias.

Hay que recalibrar el programa económico desde el punto de vista macro. La otra gran deuda pendiente tiene que ver con cómo generamos un consenso productivo, entendiendo que la micro es tan importante como la macro.

Estamos entrando a una etapa más complicada de un darwinismo económico inducido. Les estás dando anabólicos a los grandes ganadores de los recursos naturales, el petróleo, con precios y dotaciones muy fuertes y un gran régimen fiscal. Y a las pymes no les están llegando beneficios. Están bajo un efecto sándwich: costos sectoriales crecientes, demanda muy débil, competencia desleal, contrabando e informalidad.

—¿Recalibrar el programa es darle más aire al tipo de cambio?

—Yo creo que es urgente recalibrar, sobre todo porque tuvimos un año extraordinario desde las exportaciones. Está madurando Vaca Muerta, apareciendo la minería y hubo una buena cosecha, pero también hubo un fuerte efecto precio del maíz, el trigo, la soja, el litio y, en particular, el petróleo. Vamos a cerrar el año con u$s 28.000 millones de superávit comercial, u$s 15.000 millones más de los pronósticos que había el año pasado.

Argentina registró un superávit comercial de u$s 2.976 millones, más de tres veces el saldo de u$s 937 millones obtenido en septiembre de 2025.
Argentina registró un superávit comercial de u$s 2.976 millones, más de tres veces el saldo de u$s 937 millones obtenido en septiembre de 2025.NA

De esos 15.000 millones de dólares que nos trajeron orden financiero, una parte se tiene que poner a potenciar la actividad económica. En 2027 existe la posibilidad de que lo financiero se complique por la tasa de interés y el escenario electoral, que va a generar más demanda de dólares. Este es el año para tomar medidas urgentes para mover la actividad y entrar mejor a un año más tenso.

En julio se aceleró la pérdida de empleo formal: 12.000 en el mes, casi más de 300.000 puestos de trabajo formales perdidos en los últimos tres años y una informalidad laboral que llegó al 45%. Estamos más cerca de lo que nosotros llamamos la trampa o el karma latinoamericano: un país donde la informalidad supera a la formalidad. Esto es un problema para los ingresos, las empresas por la competencia desleal y el fisco porque deja de recaudar.

El monotributo creció 30% en los últimos cinco años y en los últimos tres años hubo casi 180.000 nuevos monotributistas. Y se necesitan 20 monotributistas para financiar una jubilación mínima. Desde el punto de vista fiscal, es un problema. El fisco deja de recaudar y hace política fiscal, que debería ser contracíclica, hacer inversión pública y ayudar con líneas de crédito, y termina ajustando.

—¿Hay un efecto del cierre de empresas en el empleo?

—Si uno piensa en un país desarrollado, nueve de cada diez empleos son privados en empresas, formales asalariados, y la informalidad es baja. Acá el empleo que se pierde en la industria, el comercio minorista o la construcción termina en changas, vendedores ambulantes o, en el mejor de los casos, Uber. Lo que hay es una transición regresiva. No hay destrucción creativa. Eso pasa cuando no tenés un enfoque micro y la actividad no crece. El problema es que el consumo y la actividad están débiles.

Nuestras estimaciones son que en el año se van a perder 3.000 industrias, casi unos 95.000 empleos industriales: 50 y pico mil directos y otros 40.000 indirectos. Y para 2027 la tendencia es que sigan cayendo industrias, empresas pymes y empleo.

—Con el aumento de costos en dólares, ¿qué chances tienen las empresas de exportar?

—Hay chances. La buena noticia es que cuando se agiliza el comercio exterior y aparece el orden económico, eso favorece las exportaciones. La mala noticia es que muchas empresas que tienen capacidad ociosa salen a exportar con margen muy negativo, casi sin margen, para poder sostenerse y amortizar los costos fijos. Uno de los temas clave es cómo movemos la inversión pública en infraestructura, que es muy dinámica desde el punto de vista de la actividad y mejora la competitividad.

—¿Cómo pueden las pymes y las firmas nacionales subirse al RIGI?

—En la industria tenés tres grandes segmentos: los sectores resilientes, que son menos dinámicos pero muy importantes para generar empleo; los sectores estratégicos que la Argentina construyó, como automotriz, farmacéutico, satelital y nuclear; y los dinámicos, como alimentos elaborados, bioeconomía, química y petroquímica, y metalmecánica e ingeniería.

Para esos sectores hay una parte que es coordinación: mesas nacionales con provinciales para que estén claros los planes de compra de estos proyectos de RIGI, buscar estandarización y que el INTI trabaje para certificar y crear mecanismos de calidad.

En la pyme que hoy está muy golpeada e intensiva en trabajo, hay que hacer un super RIGI, porque lo peor es que siga perdiendo empleo y ajustando. Eso termina siendo menos ingresos para el Estado y retroalimenta un círculo negativo.

—¿Le ves chances a una reforma tributaria en 2028?

—Yo creo que poselecciones tiene que haber un acuerdo entre Nación, provincias y municipios. Para la industria hay tres impuestos muy complicados: tasas, ingresos brutos e impuesto al cheque. Son tres impuestos muy distorsivos. No hay que pensar en una megarreforma. Si en ingresos brutos lográs al menos eliminar los saldos a favor e impulsar una coordinación interjurisdiccional, ya tenés un avance.

—¿Cuál sería el tipo de cambio de equilibrio para la industria?

—Es muy heterogéneo, no hay un tipo de cambio. Claramente este tipo de cambio está apreciado. Lo lograste mantener básicamente por el blanqueo, la ayuda del préstamo del Fondo y el apoyo de Estados Unidos. Este año apareció algo genuino por el aumento del precio del petróleo y los commodities. Es un tipo de cambio que se ha logrado mantener en forma artificial y con mucha ayuda, relativamente apreciado, y que no es sustentable en el mediano plazo.

Cómo opera el dólar CCL.
Cómo opera el dólar CCL.Shutterstock

Si empezás a depreciar el tipo de cambio para comprar reservas, tenés que hacer otras medidas para complementar esa política cambiaria. Hoy funciona como la principal ancla antiinflacionaria, así que tenés que recalibrar el programa económico y tocar varios botones.

—¿Cómo impacta el cambio global en el comercio y la apertura a importaciones?

—Costos en dólares que crecen, demanda débil, ausencia de política tributaria y financiera para mejorar la competitividad y apertura a las importaciones. Ese combo es muy dañino. Que venga Shein, Temu y puedas importar 400 dólares libres de pago de aranceles, encima de que no controles el contrabando, con un dólar a 1.500 y sin pagar impuestos, es un negocio ilegítimo, ilegal, pero superrentable.

Si la economía creciese al 5% o 4%, el mercado interno y el tipo de cambio no fueran el ancla y hubiese avanzado un esquema de política tributaria y financiera para el sector industrial, las importaciones las llevarías mucho mejor. El tema es que acá tenés una torta más chica con una mochila igual de pesada.

No obstante, con China hay oportunidades. Hoy, por los conflictos geopolíticos, uno diversifica proveedores. Es más costoso, pero Argentina tiene una oportunidad con Europa, Estados Unidos y otros proveedores del mundo. La Argentina, si hace las cosas bien, puede ser competitiva y tener capacidad productiva en muchas cadenas.

—¿Y cómo ves a la industria frente al Gobierno con este tipo de discusiones?

—Acá hablamos de recuperar las capacidades estatales. El sector privado y también el sector de los trabajadores tienen mucho por hacer porque la agenda es toda de coyuntura y corto plazo y falta mirada estratégica, planificación, calidad, qué tipo de instituciones necesitamos y cómo ganar mercados.

El año que viene vas a estar muy afectado por el calendario electoral y eso siempre genera más tensión financiera. Si el petróleo va a 60 o 70 dólares y la soja está por debajo de los 400 dólares, la Argentina todavía tiene una situación muy endeble desde el punto de vista de los dólares porque tiene reservas netas negativas y deuda externa que pagar en 2028.

Hay que aprovechar estas condiciones internacionales, que en precios son muy favorables, para poder acomodar la economía real. Creo que si el Gobierno eso no lo hace, se está pegando un tiro en el pie.

—Estuviste muchos años en la UIA para ahora ser analista y consultor, ¿qué disparó el cambio?

—Básicamente porque en entidades como la UIA estás muy sobre la coyuntura y trabajando sobre las cuestiones internas. Sigo vinculado a cámaras del sector industrial, pero ya desde el punto de vista estructural y estudiando los desafíos que tiene el país. Como economista, tengo la libertad de pensar estos temas desde la coyuntura pero, sobre todo, desde los temas estructurales y qué políticas de Estado tiene que tomar el país para avanzar a una agenda industrial y productiva, con valor agregado.

<div class="migrated-promo-image__description"><div class="migrated-promo-image__source">Fuente: Shutterstock</div></div>
Fuente: Shutterstock
Fuente: Shutterstock

Hoy el gran desafío de Argentina es que no prolifere la competencia desleal: la informalidad, el comercio ilegal y el contrabando. Hay una parte de la informalidad que es una economía precaria de subsistencia, pero hay un segmento medio grande de supermercados y comercios donde hay escala en el contrabando y donde también las plataformas tienen un flujo económico muy alto y pasa la informalidad y la evasión que genera competencia desleal. Eso es lo que hay que evitar.

—¿Cómo ves el futuro de la industria, con el avance de la Inteligencia Artificial (IA)?

—La IA es central. Tenerla puertas adentro de las fábricas es clave para mejorar la productividad, la diferenciación de producto, la eficiencia y todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías. Es una agenda que tiene que ir de la mano con la macro, porque si la economía no crece es muy difícil trabajar estos temas. Pero si no lo hacés, aumentan las desigualdades entre empresas y personas.

La Argentina tiene una gran oportunidad porque tiene un sector de industria del software y de economía del conocimiento muy importante, buenos recursos humanos y un complejo exportador de software y servicios profesionales. El desafío es articular tecnología, innovación, inteligencia artificial y datos con el ecosistema productivo local, para que lleguen más a las pymes.