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Hay pocos temas en economía sobre los que liberales y estructuralistas coinciden con tanta claridad. Ingresos Brutos es uno de ellos. El impuesto que financia a las provincias argentinas es, según casi cualquier especialista que se le consulte, una de las peores ideas tributarias vigentes en el país. Sin embargo, sigue ahí y se acumula en cada precio que paga el consumidor.

El tributo, que grava la totalidad de los ingresos de una empresa o persona, y sin importar si termina ganando o perdiendo plata, se aplica en cada transacción de la cadena productiva.

A diferencia del IVA, que tiene mecanismo de crédito fiscal y evita la acumulación, Ingresos Brutos (IIBB) se paga, se transfiere al precio, y en la siguiente venta vuelve a aplicarse sobre ese precio inflado. Y así hasta que llega al mostrador.

Cómo funciona el “efecto cascada” de Ingresos Brutos

En un ejemplo concreto, un productor agropecuario paga IIBB, la Industria procesadora luego vuelve a pagar IIBB sobre un precio ya inflado. A su vez, el distribuidor mayorista paga IIBB ya acumulado. Llegando al final de la cadena, el comercio minorista también paga IIBB y, por último, el consumidor final paga todo lo acumulado.

“Pensemos en una cadena de valor: Desde la extracción de la madera de un bosque, la industrialización y corte de la madera para hacer mesas y sillas, luego la distribución al mayorista, la venta del mayorista al minorista y por último la mesa y silla llega a la casa del Consumidor Final que la adquirió. 5 etapas. 5 veces se aplicó Impuesto sobre los ingresos Brutos con un efecto acumulación sin poder descontar -como el IVA- lo que se pagó en la etapa anterior. ¿Quién terminó pagado el impuesto de las 5 etapas? El consumidor final en el precio de compra y sin tener información o discriminación del costo fiscal implícito", explicó El Cronista Fernando López Chiesa, Socio Impuestos en Lisicki Litvin & Abelovich.

Así, con alícuotas de entre 1% y 7% por etapa, el costo fiscal efectivo que llega al precio final puede triplicar o cuadruplicar la tasa nominal.

Cn alícuotas de entre 1% y 7% por etapa, el costo fiscal efectivo que llega al precio final puede triplicar o cuadruplicar la tasa nominal

Este mecanismo tiene un nombre técnico y se llama efecto piramidación o cascada, pero su consecuencia práctica es más simple, ya que cada bien o servicio que tiene una cadena de producción larga lleva incrustado un impuesto invisible varias veces mayor al que figura en las resoluciones provinciales. Y ese costo lo termina pagando siempre el consumidor.

La opinión de los economistas sobre por qué habría que eliminar o cambiar Ingresos Brutos

Según dijo Ricardo Arriazu, economista y consultor macroeconómico en un análisis que expuso en una conferencia magistral organizada por la Fundación del Tucumán, se trata de “un impuesto a la producción, no a la ganancia”. “Se traslada íntegramente a los precios y contribuye a la inflación estructural de manera silenciosa”, consideró aquella vez en su discurso.

Lo “raro” del rechazo a Ingresos Brutos es su amplitud ideológica. La negativa a este impuesto va desde los más conservadores, hasta los economistas más liberales, quienes están a favor de bajar impuestos.

Daniel Artana, jefe de Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) explicó en varias oportunidades que IIBB eleva los costos de producción local frente a bienes importados que no soportan la carga acumulada. Esto puede derivar en una destrucción de la competitividad.

La mayoría de los ingresos provinciales (alrededor del 75%) proviene del impuesto a los ingresos brutos que es un impuesto a las ventas en cascada que tiene tasas crecientes a medida que el producto se acerca al consumidor final. A diferencia de lo que ocurre con el IVA, la mayoría de las provincias no tiene tasas reducidas para el consumo de alimentos”, sostuvo Artana en su informe “El sistema tributario argentino. Análisis y evaluación de propuestas para reformarlo”.

“Nuestro esquema impositivo se caracteriza por su concentración en los impuestos al consumo... dotando de mayor regresividad al sistema”, sostuvieron desde el CIPPEC.

Por otro lado, en un documento de política pública del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), los autores señalaron que “los sistemas tributarios provinciales en conjunto generan recursos que sólo alcanzan para financiar el 30% del gasto público provincial y se basan en el impuesto a los Ingresos Brutos, altamente distorsivo”. “Nuestro esquema impositivo se caracteriza por su concentración en los impuestos al consumo... dotando de mayor regresividad al sistema”, sostuvieron desde el CIPPEC.

En ese mismo documento indicaron que modificar Ingresos Brutos es “impostergable”. Sin embargo, afirmaron que las alternativas como el reemplazo por un IVA provincial o alícuota suplementaria del tributo nacional “son de difícil implementación por lo que requieren un alto grado de consenso y coordinación”.

Por qué no se eliminan el impuesto Ingresos Brutos

La pregunta obvia a todo esto es por qué el impuesto sigue existiendo. La respuesta radica en que Ingresos Brutos representa entre el 60% y el 80% de la recaudación propia de las provincias.

Es una forma encubierta de financiar la actividad estatal de las provincias sin crear impuestos, cuyo saldo a favor, se va derritiendo, en especial cuando hay procesos inflacionarios altos", argumentó López Chiesa a este medio.

Sin esta carga tributaria, la la mayoría de los gobernadores no podrían pagar sueldos, obra pública ni subsidios. Además, sin una reforma integral del régimen de coparticipación federal, que disputan entre Nación y provincias, no hay alternativa al parecer viable que reemplace estos ingresos.

En ese sentido, López Chiesa aseguró que “hay empresas que para evitar estas retenciones -que muchas veces resultan a una alícuota superior a la del propio impuesto – deciden no vender en determinadas jurisdicciones".

Por otro lado, Ingresos Brutos tiene la ventaja administrativa de que al gravar el ingreso bruto y no la utilidad neta, los fiscos provinciales no necesitan verificar costos ni auditar balances, por lo que es un impuesto fácil de cobrar.

¿Qué se puede hacer con IIBB?

Las propuestas más escuchadas entre economistas apuntan a crear un IVA provincial, como es el modelo canadiense, en donde cada provincia aplica su propio impuesto con crédito fiscal. De esta forma, se eliminaría el efecto cascada en los precios.

Otra alternativa es la de gravar solo la etapa minorista, como ocurre en varios estados de Estados Unidos. O bien, también se podría plantear un gradualismo sectorial que consiste en eximir primero a la industria y la construcción, que son las cadenas más largas de producción.