El Gobierno planea tomar préstamos internacionales por un total de 3.500 millones de dólares para adquirir tres submarinos y dos fragatas destinadas a su fuerza naval, según consta en el proyecto de Presupuesto 2027 remitido esta semana por el Ejecutivo al Congreso.
La iniciativa, que deberá ser aprobada por el Congreso, incluye en la previsión de crédito público un préstamo por 1.200 millones de dólares para la incorporación de “dos fragatas multimisión” y otro por 2.300 millones de dólares para comprar “tres submarinos convencionales”, con un plazo mínimo de amortización de tres años.
Los submarinos estarán destinados a la base naval de Mar del Plata y las fragatas a la de Puerto Belgrano, a 400 y 600 kilómetros respectivamente de Buenos Aires.
La flota de submarinos de Argentina mermó en las últimas décadas, algo que se agravó con el naufragio en noviembre de 2017 del ARA San Juan, que implosionó mientras operaba bajo la línea de superficie frente a las costas de la provincia de Chubut con sus 44 tripulantes a bordo.
Por su parte, la compra de dos fragatas dotaría a la Marina de mayor poderío para su flota de superficie, que a la fecha solo cuenta con tres destructores clase Meko 360, seis corbetas clase Meko 140 y tres patrulleros oceánicos clase Gowind 90.
Argentina recibió en diciembre de 2025 los primeros seis de 24 aviones caza F-16 de fabricación estadounidense adquiridos a Dinamarca, y el 10 de septiembre pasado el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó la venta al país suramericano de cuatro helicópteros militares polivalentes Blackhawk.
Además, en agosto de este año firmó un acuerdo con el Gobierno de Donald Trump para incorporar 235 vehículos blindados Stryker.
El presidente Javier Milei anunció el pasado 3 de septiembre la reactivación del proyecto para construir desde el próximo 2 de enero una base naval integrada en Ushuaia, en la sureña provincia de Tierra del Fuego, a unos 2.300 kilómetros de Buenos Aires y a 700 de las islas Malvinas, bajo administración británica desde su ocupación en 1833 y cuya soberanía reclama Argentina.
La base “incorporará funciones logísticas relevantes, será un punto estratégico para la proyección argentina al Atlántico sur, que permitirá vigilar y controlar recursos naturales y a nuestra soberanía”, dijo el martes el portavoz presidencial, Adrián Ravier, en una conferencia de prensa en Casa Rosada.
Por su parte, este miércoles el ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, dijo en una entrevista radial: “Nuestra alianza con Estados Unidos y ser referentes en América para ellos, obviamente, nos posiciona adecuadamente para buscar la integridad territorial de nuestro país”.
El ministro ratificó que el reclamo argentino se mantendrá por la vía diplomática y pacífica, y señaló que el Gobierno “tiene en cuenta” las recientes declaraciones de Trump sobre su disposición a mediar para evitar cualquier conflicto.
Cuáles serían los submarinos elegidos
Aunque la letra chica del proyecto oficial no especifica el proveedor, la balanza del Ministerio de Defensa se inclinaría a favor de la compañía francesa Naval Group, relegando la propuesta de la alemana ThyssenKrupp.
La elección recaería sobre los submarinos de la clase Scorpène, un modelo sobre el cual el país ya había mantenido conversaciones exploratorias en la administración anterior.
La viabilidad de esta alternativa radicaría fuertemente en el esquema de financiamiento, ya que la operación podría contar con garantías de crédito a la exportación emitidas por el propio Estado francés, un aval clave para viabilizar el pago de las unidades.
De avanzar por esta vía, la Armada Argentina incorporaría plataformas de propulsión convencional diésel-eléctrica enfocadas específicamente en tareas de vigilancia, inteligencia y protección de los espacios marítimos.
Se trataría de un diseño ya probado a nivel regional, dado que es el mismo buque que adquirió Brasil para modernizar su propia flota. La oferta en análisis no se limitaría únicamente a la entrega de los cascos, sino que contemplaría un paquete integral que incluiría el mantenimiento estructural, la provisión de los sistemas electrónicos y el entrenamiento intensivo de las tripulaciones locales.
A nivel táctico, las unidades podrían configurarse con un poder de fuego de última generación provisto por el mismo fabricante europeo. El arsenal en consideración incluiría el MU90, un torpedo ligero de alta letalidad diseñado para neutralizar amenazas bajo el agua, y el F21, una variante pesada e inteligente de largo alcance apta para operar en escenarios oceánicos complejos.
En el plano defensivo, los navíos tendrían la capacidad de integrar el sistema de contramedidas SINGER, una tecnología que proyecta cientos de señuelos acústicos de forma aleatoria para saturar el procesamiento de datos de los torpedos enemigos, agotando su energía antes de que logren impactar en el blanco.