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El economista Antonio Aracre sostuvo que los índices de inflación actuales no reflejan un problema monetario genuino, sino un proceso transitorio de recomposición de precios relativos que, según estimó, se extendería hasta abril.

“El 2,9 de este mes o del mes pasado no es inflación, es IPC”, afirmó Aracre en diálogo con El Cronista Stream, marcando una distinción que considera central para entender la coyuntura económica argentina. Para el economista, el Índice de Precios al Consumidor mide el impacto en el bolsillo de subas puntuales, mientras que la inflación implica un movimiento generalizado y simultáneo de todos los precios de la economía.

“La inflación es cuando todos los precios de la economía suben más o menos parejo porque tiene que ver con cuánta plata hay circulando y cuántos bienes y servicios hay”, explicó el exCEO de Syngenta. Bajo esa definición, lo que ocurre hoy sería cualitativamente distinto: tarifas, transporte y carne traccionan el índice, pero no expresarían un desorden monetario de fondo.

Aracre fue contundente respecto del horizonte temporal: “Una vez que eso se tranquilice, vos ahí vas a tener inflación monetaria pura y va a desplomarse”. El economista proyecta que, pasado abril, sin el efecto de la recomposición de precios regulados, la dinámica inflacionaria cambiaría radicalmente.

La “variable Talvi”

Sin embargo, introdujo una variable de incertidumbre centrada en la designación del uruguayo Ernesto Talvi como asesor externo del Ministerio de Economía.

“Es un tipo más heterodoxo que prioriza ablandar variables de tasa de interés y de incluso de inflación en pos de generar un crecimiento y una actividad económica más vigorosa”, señaló, sugiriendo que si esa línea prevalece dentro del gobierno, el proceso podría no comenzar con dígito cero.

También reconoció la dificultad estructural que enfrenta la actual administración. “Este gobierno tiene que pagar una tasa de interés positiva lo cual le cuesta un montón de plata”, dijo, y agregó que eso lo diferencia del esquema de la convertibilidad. El gobierno anterior, señaló, “dejó una bomba de tiempo con las Leliqs, tremendo lo que dejó ahí”.

Para Aracre, el desafío es doble: bajar la inflación y al mismo tiempo evitar que la masa de pesos existente “se vaya ni al dólar ni a comprar masivamente cosas”. “Eso es súper difícil”, reconoció.

Sobre el consumo, admitió sus propias dudas: “No veo en el corto plazo una recuperación del salario real”. Aunque reprodujo el argumento oficial de que el crecimiento y la caída de la inflación mejorarán el poder adquisitivo, no se mostró plenamente convencido de ese razonamiento para el corto plazo.