Más allá del dato de empleo dado a conocer hoy en EE.UU. (que abre expectativas, pero que vence en apenas algunas horas), ser menos ambicioso con la rentabilidad que se espera bien puede ser, en 2011, uno de los mejores negocios para los inversores. Se quedaron a mitad de camino aquellos que pronosticaron un año financiero sin sobresaltos para el inversor de a pie. Sin ceder terreno al alarmismo, parece que llega la hora de cerrar el libro de recetas utilizado en 2009 y 2010. El escenario cambió. Y nada ha sido escrito todavía.
Estados Unidos se demora en comunicar noticias sobre su esperada recuperación económica y sí, en cambio, reconoce que, incluso devaluación mediante, tiene serios problemas para reducir su tasa de desempleo y ni hablar su déficit. China, alias “el culpable”, se cansa de subir las tasas de interés, preocupada por el aumento de precios, mientras que Brasil anuncia que hará todo lo posible para darle incentivos a la industria, que es una manera dramática de reaccionar al planteo devaluatorio de los Estados Unidos. Europa no está mejor: la receta griega no ha servido para cortar los ataques especulativos a Italia y España. Tic-tac. Tic-tac.
Con todo, ayer hubo un quiebre psicológico en los mercados. No sólo se trató del hombro-cabeza-hombro que dibujaron las curvas y que decantó algunas ventas. Se trata de la expectativa, ese activo que cuando falta abre enormes agujeros negros en las cotizaciones.
Los mercados de América latina se reparten entre sus cotizantes activos considerados emergentes y de frontera por el resto del mundo, lo que en el actual contexto ha pasado de ser una mala palabra a estar bajo la lupa de las apuestas. Los bonos argentinos han entrado en esta dimensión, especialmente los bonos cortos en dólares como el Bonar, los Boden y los cupones.
Pero el que se lleva las palmas es el oro: finalmente parece haber triunfado por sobre aquellos que pronosticaban la recuperación del dólar como patrón. Si EE.UU. no puede, la única salida será el dólar (o lo que quede de él) y, por lo tanto, los metales podrían tener una vuelta de tuerca más.
Entre las materias primas, atención: el petróleo y los granos no tienen el cielo garantizado (tampoco el infierno tan temido) aunque algunas perlas tendrán su mercado de fieles, especialmente aquellas que no han tenido una revaluación tan importante en los últimos meses.
Busco refugio, pago más
Bonos del Tesoro de EE.UU., oro e incluso algunas monedas han sido revisitados en las últimas horas como recurso para afrontar la crisis financiera que ayer enhebró un nuevo y negro capítulo. Los mercados se desplomaron y preocupa (el verbo se queda corto) que el mundo económico gire más lento.
Ya en terreno de paradojas, uno de los refugios que ayer sirvió de freno a tanta caída fueron los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Los rendimientos de las notas del Tesoro a 2 y 10 años cayeron a un mínimo histórico, dado que los inversores buscaron refugio en la deuda de corto plazo y esto hizo subir su precio.
Sin embargo los ojos del mundo están puestos sobre el oro. La evolución del metal (18% en lo que va del año), que en épocas de alta incertidumbre es buscado bajo el argumento de protección del poder adquisitivo acumula una suba majestuosa.
Sorprende entonces que los analistas vean al metal aún en valores tentadores. Hacen una cuenta: allá por Bretton Woods, EE.UU. se comprometió a mantener la paridad u$s 35 por onza. Hoy, esa cuenta arroja u$s 10.000 por onza, ya que las reservas de oro en EE.UU. habilitan esa identidad. Una cotización por encima de los u$s 1.660 no muestra un techo en la fogosa actividad devaluatoria de EE.UU.
En el mercado de acciones, hay quienes señalan que es mejor resistir y buscar sectores económicos que protejan al inversor, ya que hay en el mercado buenos papeles a valores muy bajos y puede capitalizarse una recuperación en el mediano plazo”.
La gran variación de las monedas de referencia frente al dólar también da para soñar. De todas formas, hay pronóstico reservado, ya que no se las considera un refugio. En los últimos días, tanto el franco suizo como el yen se desmarcaron de su fama de monedas refugio. En rigor, se trata de las monedas que absorbieron parte de la devaluación del dólar pero cuyos bancos centrales han buscado cortar este flujo. Ayer, Japón vendió un billón de yenes o 12.500 millones de dólares para debilitar al yen frente al dólar y fortalecer al sector exportador. El miércoles, el Banco Nacional Suizo realizó un inesperado recorte de tasas de interés para frenar un alza del franco suizo.