Argentina enfrenta, sin dudas, un problema en el mercado laboral, que el Gobierno busca atender mediante una reforma. El núcleo de ese problema no es la falta de ocupación en general, sino la dificultad persistente para generar empleo privado asalariado registrado.
Es cierto —como señala la oposición— que desde noviembre de 2023 se perdieron aproximadamente 197 mil puestos de trabajo privados registrados, según los datos del SIPA.
Sin embargo, ese dato convive con otro no menor: el desempleo cayó. Y esto ocurrió porque la cantidad total de personas ocupadas creció. ¿Cómo pueden coexistir estos dos fenómenos? Analicémoslo por partes.
1. El empleo privado registrado no crece (y no es un fenómeno nuevo)
La debilidad del empleo asalariado formal no comenzó con el actual Gobierno. Desde enero de 2012 hasta hoy, mientras la cantidad de monotributistas aumentó 65% y el empleo público creció 33%, el empleo asalariado privado apenas subió 2%.
La explicación es, en gran medida, regulatoria. Cuando se imponen rigideces en un mercado —aun con la intención de proteger a una de las partes— se termina reduciendo su dinamismo y perjudicando a todos los participantes.
Ya se observaron efectos positivos en otros ámbitos tras la eliminación de regulaciones excesivas (derogación de la ley de alquileres, política de cielos abiertos).
El mercado laboral es muy rígido, por lo que empresas y trabajadores encontraron una vía de escape en el monotributo. El fuerte aumento de los monotributistas operó como una reforma laboral de facto.
Parte de la caída del empleo registrado durante la actual gestión (197.000 puestos) fue acompañada por un incremento de unos 137.400 trabajadores bajo esta modalidad. Es razonable suponer que una fracción migró desde relaciones de dependencia tradicionales hacia esquemas independientes. Pero surge entonces la pregunta clave: ¿qué pasó con el resto? ¿Se transformó en desempleo? El siguiente dato indica que no.
2. El desempleo está cayendo
Contrario a lo que muchos vaticinaban, el desempleo no se disparó con el ajuste inicial. Llegó a un máximo de 7.9% en el primer trimestre de 2025 y luego descendió hasta el 6.6%, una cifra baja comparada a períodos pasados.
Al mismo tiempo, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) muestra que aumentó la cantidad de personas ocupadas. En otras palabras, bajo el gobierno de Milei se crearon nuevos puestos de trabajo.
Desde el tercer trimestre de 2023 a mismo trimestre de 2025, se generaron nuevos puestos de trabajo según los datos de la EPH, aunque no bajo la forma tradicional de empleo asalariado registrado. La Población Económicamente Activa (que forma parte de la encuesta) aumentó en 354 mil personas, de las cuales 210 fueron absorbidas por el mercado laboral en nuevos puestos de trabajo.
3. Más ocupación, pero con cambio en la composición
Al unir las piezas, el diagnóstico se vuelve más claro: la economía está creando trabajo, pero lo hace mayormente en modalidades cuentapropistas —formales e informales— en lugar de empleo en relación de dependencia.
El mercado laboral argentino lleva más de una década mostrando esta misma señal. Se trata de un fenómeno estructural. Para revertirlo, el desafío no es únicamente crecer, sino también modificar los incentivos que hoy desalientan la contratación formal.
Para romper con este estancamiento, se necesita una reforma para dinamizar al mercado, eliminando trabas que perjudican a todos.
4. Crecimiento y reforma: una relación bidireccional
Suele argumentarse que el empleo registrado aumentará automáticamente cuando la economía crezca. Pero la relación es más compleja: crecimiento y reformas se retroalimentan. La teoría económica muestra que los planes de estabilización que no están acompañados por transformaciones estructurales difícilmente logren consolidar un sendero de expansión sostenida.
La desregulación y la modernización del mercado laboral no garantizan por sí solas el crecimiento, pero sí constituyen una condición necesaria para que ese crecimiento sea duradero y genere empleo formal.